Una investigación realizada por el Laboratorio de Análisis de Violencia de la Universidad Río de Janeiro, arrojó que Venezuela figura entre los países más violentos de la región, junto con México, Colombia y Brasil.

Caracas. Venezuela, Brasil, Colombia y México se encuentran entre los países más violentos del mundo, de acuerdo con una investigación realizada por el Laboratorio de Análisis de Violencia de la Universidad Río de Janeiro, en Brasil.

La presentación del estudio se realizó este jueves en las instalaciones del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), donde expusieron varios programas de prevención de homicidios llevados a cabo en diferentes zonas violentas de América Latina y el Caribe.

Doriam Borges, investigador participante en el estudio, indicó que 1 de cada 3 homicidios en el mundo suceden en el continente latinoamericano, lo que lo convierte en la región más violenta del mundo.

Otro aspecto que destacó el también profesor de la Universidad Estatal de Río de Janeiro, es que, de acuerdo con el estudio, aquellos países con una mayor militarización implicaban un mayor número de muertes en sus calles.

Y aunque hay muchos planes de seguridad en general, son muy pocos los que van orientados a la prevención de homicidios. Es por ello que el Laboratorio identificó 93 programas que buscan promover la focalización de este delito para prevenirlo.

De los 93 casos, se seleccionaron 10 proyectos específicos en países latinoamericanos que se realizaron, de manera exitosa o no, en los últimos 25 años, elaborados por entidades públicas o privadas.

Entre ellos, destacan dos programas venezolanos: “Campaña de Sensibilización para la valoración de la Vida” (realizada en 2012) y “Alcatraz”, un programa que busca la reinserción social de presos apoyado en el rugby, iniciativa que estuvo a cargo de la Fundación Santa Teresa.

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Entre otros planes se encuentran “Pacto Pela Vida”, realizada en Brasil y “Tregua de las Maras”, en Honduras.

“A grandes rasgos, para que estos programas se lleven a cabo, dependen en su mayoría de la voluntad del gobernante, un fuerte deseo para terminar con la problemática y a partir de lo que los medios defienden como una prioridad”, destacó el investigador.

Estos programas son ejecutados, en su mayoría por los gobiernos nacionales, seguidos por los regionales y la sociedad civil.

Asimismo, principalmente van dirigidas a una prevención primaria (a la población en general), le sigue la secundaria (para víctimas y victimarios) y por última la prevención terciaria, que se efectúan en zonas o comunidades donde la violencia es cotidiana.

Participación de niños en la violencia

En el caso específico de Brasil, Borges sostuvo que en los últimos años los adolescentes (entre 12 a 18 años) han aumentado su participación en el mundo criminal.

Expuso que los niños comienzan su vida delictiva a los 8 años, cuando son reclutados por las bandas para la entrega de mensajes en las “favelas”, de allí pasan a colaborar en el tráfico de drogas.

“La esperanza de vida de muchos de ellos no sobrepasa los 18 años”, resaltó.

Desafío en los programas de prevención

A pesar de que el motor principal de estos programas es la prevención de los homicidios y la violencia en la región, solo una quinta parte de ellos fueron sometidos a evaluaciones, es decir, no hay manera de saber cuán efectivos son.

A esto se le suma la falta de datos confiables para cumplirlos, y en ocasiones la evaluación está dirigida por instituciones de acuerdo con sus propios datos, por lo que la validez y confiabilidad queda en tela de juicio.

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Es por ello que, según la investigación, cuando la sociedad civil se encarga de este tipo de proyectos, al tomar los deberes del Estado, actúa con más agilidad y recibe mayor confianza de la población:

Para que los proyectos se puedan desarrollar debe haber una planificación, ejecución, monitoreo, evaluación y revisión. Este ciclo debe ser continuo y repetitivo, para así observar si los resultados permanecen a largo plazo.

Foto referencial: Noel Foglia



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