120 niños de La Vega se quedaron sin poder almorzar por robo a comedor

En la Unidad Educativa Andy Aparicio, en La Vega, los hampones cargaron con 20 kilos de queso, 8 bultos de harina de maíz, 2 pacas de sal, leche y fororo el 1 de mayo y el 5 mayo terminaron de desmantelar la cocina. La embestida de los delincuentes dejó al comedor en cierre técnico. Hay seis detenidos en la sede de la PNB en Montalbán, informaron afectados.

Caracas. Quienes dependen del comedor comunitario instalado hace dos años en la Escuela Andy Aparicio de La Vega, saben que la iniciativa no está perdida, pero sus promotores advierten que tardará algunos días en recuperarse. Un robo ocurrido la madrugada del 1 de Mayo los dejó sin alimentos y  sin electrodomésticos para prepararlos. Y el pasado sábado hubo otra incursión del hampa para terminar de desmantelar la cocina.

Hace una semana, las despensas de alimentos fueron saqueadas. Los delincuentes cargaron con 20 kilos de queso, 8 bultos de harina precocida de maíz, 2 pacas de sal, la leche, el fororo y toda la comida que mantiene en pie a más de 120 niños de la zona.

Lo ocurrido esa madrugada en el sector Las Casitas de La Vega no es un hecho aislado. El sábado el comedor también sufrió una nueva incursión. El hecho terminó con el arresto de cinco jóvenes y un adulto, informó el sacerdote jesuita Alfredo Infante, quien está al frente de la parroquia San Alberto Hurtado, la bisagra que une en esa barriada el esfuerzo de la iglesia, la comunidad y las organizaciones sin fines de lucro, para atender a los más necesitados. Las seis personas están detenidas en la PNB de Montalbán.

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Los ladrones de comedor, como se refieren algunos miembros del barrio al grupo de delincuentes que perpetraron los hechos, también desmantelaron la cocina: se llevaron un termo industrial de café, una licuadora de 5 litros y una serie de enseres, según detallaron los afectados.

El comedor de Las Casitas, señalan voceros, no es una iniciativa fortuita. Es la respuesta articulada de los vecinos a los problemas de desnutrición y a la pobreza extrema que priva a los núcleos más vulnerables de los tres platos de comida. Según la Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi), en Venezuela nueve de cada 10 personas no pueden costear su alimentación. Solo en 2017, 64,3 % de la población perdió 11,4 kilogramos de peso, contra 8 kilos en 2016, señala el estudio.

La obra de La Vega, en la que colaboran madres de la zona, tiene dos años en curso y funciona de lunes a viernes en el seno de la Unidad Educativa Andy Aparicio. Allí, cada mediodía acuden 120 niños, entre 3 meses y 16 años, para ingerir lo que en la mayoría de los casos es su único plato de comida al día.

En una jornada cualquiera se sirven 8 kilos de arroz y 7,5 kilos de carne. Pero hace una semana que no se encienden las hornillas. Hoy algunos pequeños y sus madres merodean el lugar y se formulan la misma pregunta: cuándo servirán otra vez la comida.

Frente a lo ocurrido, la también encargada del comedor, Yasiris Paredes, quiere pensar que los responsables de los daños son personas ajenas a la comunidad. Sin embargo, señala que muchos beneficiarios conocen el destino de los electrodomésticos sustraídos, pero los asalta el temor del peligro tácito: las amenazas.

“El comedor nace de la voluntad de personas de gran corazón, que apuestan por el cambio y cuenta con el auspicio de Alimenta la solidaridad, un programa de la organización social Caracas Mi Convive”, explica Paredes.

El padre Alfredo Infante advierte que las actividades se mantendrán paralizadas hasta tanto no se repongan los instrumentos de trabajo indispensables, como la licuadora.

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Esa iniciativa no solo atiende a niños desescolarizados de la comunidad, también brinda alimentación a un porcentaje cada vez más notable de estudiantes de Fe y Alegría Andy Aparicio.

La crisis en La Vega es tal, advierten los vecinos, que algunas docentes del colegio adscrito a Fe y Alegría han tenido que canalizar comida a los estudiantes doblegados en las aulas por la desnutrición. Algunas familias ni siquiera tienen tienen ingresos fijos y dependen de actividades por cuenta propia. En Las Casitas, hay muchas madres solteras, que no tienen otra alternativa distinta a la del comedor.

“Creemos que esto, aunque ha sido muy doloroso, es una oportunidad de aprendizaje para la comunidad y también puede ser un momento importante para organizarnos para resguardar nuestros espacios comunes”, declaró el padre Alfredo Infante.

El sacerdote asegura que aunque la mayoría de los habitantes del barrio es gente de paz, están sometidos por los grupos delictivos que rondan la comunidad. Una situación que los obligó a manifestar los días martes y jueves de la semana pasada cuando se reunieron para rechazar la violencia contra la escuela.

Fotos: Cortesía


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