2018 fue el año de la precariedad alimentaria según el Observatorio Venezolano de la Salud

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63% de las familias depende de una ración de alimentos a precios subsidiados. Es el resultado de una extrema privación económica que ha derivado en la pérdida del poder adquisitivo. El país destaca en la escena global por tener la inflación más alta del mundo. En 2019 la hiperinflación podría cerrar en 10.000.000 %, de acuerdo con estimaciones de Fondo Monetario Internacional. Solo el año pasado hubo una caída del Producto Interno Bruto de 18 % y una caída de la producción nacional de, al menos, 60 %.

Caracas. Con una caída de la producción nacional mayor a 60 % y de las importaciones en más de 70 %, la disponibilidad de alimentos es cada vez más precaria en el país. El panorama es desalentador para una nación cuya pobreza general alcanzó 94 % de la población en 2018, según recoge el “Reporte nacional de la emergencia humanitaria compleja” divulgado este miércoles por el Observatorio Venezolano de la Salud (OVS).

En el informe, que hilvana las cifras más gruesa de la crisis, se asegura que 63 % de las familias depende de una ración de alimentos a precios subsidiados, distribuida a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) controlados por el chavismo. Se trata de un mecanismo de control social para el que, en muchos casos, se exige el carnet de la Patria. A propósito de ello, el Observatorio Venezolano de la Salud denuncia que el suministro de alimentos es irregular y no cumple los estándares nutricionales.

“La forma de distribución se presta para prácticas discriminatorias, coercitivas y de corrupción que violan el derecho a la alimentación”, alerta el Observatorio. En 2017, los alimentos distribuidos por el Gobierno apenas alcanzaban para ocho días promedio y la intermitencia en la entrega no permite a las familias subsistir. 

A juicio del OVS, es el resultado de una extrema privación económica en la cual la moneda nacional ya no tiene valor adquisitivo, en gran medida, por la hiperinflación. El país destaca en la escena global por tener la inflación más alta del mundo. En 2019 la hiperinflación podría cerrar en 10.000.000 %, de acuerdo con estimaciones de Fondo Monetario Internacional. Solo el año pasado hubo una caída del Producto Interno Bruto de 18 % y una contracción económica acumulada de 45 % desde 2013. Según la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, en noviembre la inflación anual era de 1.299.724 % y la mensual de 144,2 %.

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Entre agosto y septiembre de 2018, la Encuesta sobre la Seguridad Alimentaria, realizada por la Comisión para los Derechos Humanos del Estado Zulia en Maracaibo, arrojó que 75,8 % de los hogares se habían quedado sin alimentos en los últimos tres meses por falta de recursos y 54 % de los adultos comían una vez al día.

La combinación de sendas emergencias en alimentación y salud, dice el Observatorio, resta expectativa de vida a los niños y embarazadas que sufren de desnutrición severa. El aumento de la mortalidad materna, que ronda 66 %, y de la infantil, que alcanzó 30 % entre 2015 y 2016, según el Ministerio de Salud, se suman a la crisis.

De acuerdo con la Encuesta sobre la Seguridad Alimentaria realizada en 2017 por la Comisión para los Derechos Humanos del Estado Zulia, la Fundación Milagro de Amor reportó 17 muertes de niños por desnutrición; mientras que la Fundación Ángeles Chiquinquireños registró el mismo año 3 fallecimientos y 6 más en 2018. En el estado Mérida también se reportaron mayores casos de muerte: 20 % de niños de entre 1 y 4 años con desnutrición, atendidos en centros de salud del estado.

Un estudio de la emergencia social elaborado el año pasado por la Fundación Bengoa advierte que 33 % de los niños de bajos recursos, entre 0 y 2 años, presentan retardo en el crecimiento en talla, que no es más que el reflejo del trastorno nutricional en la etapa prenatal. La mayor consecuencia de ello es el retardo del desarrollo cognitivo y psicomotor de los infantes.

El panorama se agudiza en un contexto en el que unas 25.000 embarazadas no reciben control prenatal y 7500 se controlan tardíamente en el octavo y noveno mes de embarazo, lo cual pone en riesgo sus vidas y las de sus hijos.

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Foto: Crónica Uno / Mariana Mendoza

Existe suficiente evidencia acerca de la importancia de buenas condiciones nutricionales desde el comienzo de la vida y su influencia determinante en la salud de las personas. Los daños del déficit nutricional en etapas cruciales del crecimiento tales como el embarazo y los primeros 36 meses de vida están asociados al incremento de riesgo para el desarrollo de enfermedades crónicas, retardo cognitivo, daños en el sistema nervioso, trastornos gastrointestinales e incluso la muerte temprana, destaca el Observatorio de Salud en el informe divulgado este miércoles.

Un aspecto que roba la atención de los defensores de Derechos Humanos es la precaria vigilancia de la salud nutricional y el déficit en la distribución de suplementos nutricionales como fórmulas infantiles que complementan la alimentación, después de los seis meses. No se trata de un hecho aislado. Entre los años 2013 y 2014, 6 de cada 10 embarazadas que asistían a control de la red ambulatoria del municipio Sucre, en Caracas, tenían malnutrición asociada a inseguridad alimentaria en los hogares.


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