En un estudio preliminar que realizó la Universidad Simón Bolívar se constató que de los 1196 estudiantes que ingresaron por asignación del ente ministerial, solo quedan 470.

Caracas. Luego de dos años que la Oficina de Planificación del Sector Universitario (Opsu) decidió adjudicar entre 70 y 100 % de los cupos en las universidades del país, se conoce como datos preliminares que más de la mitad de los estudiantes admitidos ya no están en las aulas a las que fueron asignados.

En la Universidad Simón Bolívar (USB) los admitidos en 2015 lograron sentarse en sus pupitres en marzo de 2016 debido a las interrupciones que por paros, fallas de transporte y servicios se produjeron durante el año lectivo. Después de un año estudiando, de los 1196 estudiantes que ingresaron a través de la Opsu, solo quedan 470 (39,3 %) inscritos. En ese período, la USB decidió no excluir a quienes también presentaron la prueba interna y quedaron por sus méritos académicos, pese a la sobrepoblación que podía acarrearles. De los 1219 estudiantes que ingresaron por el sistema tradicional, quedan 760 (65,35 %).

“Estas cifras están un poco distorsionadas por el hecho mencionado antes, que su ingreso tardó hasta marzo 2016 y muchos estudiantes que se inscribieron en la universidad se retiraron antes de comenzar clase”, dijo como salvedad el rector de la USB, Enrique Planchart.

Sin embargo, acota que la Simón Bolívar tiene en sus primeros trimestres como materias fuertes la Matemática, Lengua e Inglés y los jóvenes presentan deficiencias.

Si vienen de un bachillerato sin materias regulares porque se las daban por aprobadas sin tener profesor, no tiene posibilidad de aprobar el primer año de la universidad, explicó Planchart.

En la Universidad Central de Venezuela (UCV) quedaron por Opsu 6743 bachilleres pero solo se inscribieron 3674. Para septiembre de 2016, permanecían en las aulas 3220 estudiantes.

En 2015, el gremio de estudiantes y profesores denominó “el dakaso académico”. Desde 2008, en la resolución 450 del Consejo Nacional de Universidades, las autoridades universitarias acordaron otorgarles por esta vía de admisión 30 % de las plazas a la Opsu y el otro 70 % sería por prueba interna, convenios académicos, culturales, deportivos y gremiales de cada universidad. El 15 de mayo de 2015, las autoridades universitarias, sin previo aviso, amanecieron sin plazas para poder otorgar. Pese a que se alegó que la Ley de Universidades da autonomía a las casas de estudio para establecer los mecanismos de ingreso, la medida se repitió el año siguiente.

Método cuestionado

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Ese año, la UCV constató que los estudiantes con calificaciones de 20 puntos egresados de la Misión Ribas, que gradúa a sus alumnos en apenas 2 años, fueron privilegiados en el reparto de cupos frente a bachilleres que se graduaron en la educación convencional con notas similares.

Un informe de la Comisión para el Estudio de Asignados 2015 de la Central, que evaluó la data de los aspirantes de las carreras Computación, Ingeniería Agronómica, Medicina y Derecho, indicó que 93 % de los bachilleres que egresaron con 20 puntos de la Misión Ribas pudieron entrar a las carreras a las que aspiraban, mientras que solo 7 % de las plazas fueron otorgadas a estudiantes sobresalientes de planteles públicos o privados.

Desde 2015 también se cuestionó que el modelo multivariable que instauró el ente para asignar los cupos no respondía a la meritocracia del estudiante. El método reduce a 50 % del valor el peso del índice académico obtenido en bachillerato y el resto se distribuye entre las variables socioeconómicas, con 30 %; territorialización, con 15 %, y en participación en actividades extracurriculares, con 5 %. Hasta 2007, para la asignación por la Opsu el promedio de las notas del bachillerato tenía un peso de 60 % y la Prueba de Aptitud Académica tenía una ponderación de 40 %.

En 2008, el Ministerio de Educación Universitaria solicitó un porcentaje mayor de plazas a las universidades y los rectores cedieron 30 % de las vacantes. Ese año se eliminó la Prueba de Aptitud Académica que medía compresión lectora y habilidad numérica, y las pruebas internas en universidades continuaron.

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