Robert Cadiz, de 26 años, residente de Los Magallanes de Catia, comparte su trabajo en el mercando de Quinta Crespo con la composición. Desde los 9 años está metido en el campo cultura, y aunque la estrella del éxito no lo ha tocado completamente, pretende dejar una huella en el barrio.

Caracas. Hay gente que le echa pichón desde sus espacios para dejar en alto el nombre del barrio. En esa onda anda Robert Cadiz, de 26 años, quien combina su trabajo como frutero en el mercado de Quinta Crespo con la música urbana, talento que desde los nueve años cultiva por motivación propia.

Hoy 22 de noviembre, Día del Músico, Robert no hace otra cosa sino vender sus frutas en un pasillo muy concurrido del mercado municipal. Parece entregado a lo que hace, no para de arreglar los frutos mientras atiende al público.

No obstante, ve el reloj de vez en cuando para cerrar turno e irse a su casa en Los Magallanes de Catia, a fin de seguir preparándose en lo que más le apasiona: la música urbana.

Robert, quien tiene cinco hermanos y una mamá a la que le quiere comprar una casa y un carro, ya ha tenido alguna incursión en el mundo comercial y televisivo, pero eso no le quita lo humilde.

Comencé en esto a los 9 años. Soy oriundo de Barinas y desde que llegué a Los Magallanes me estoy esforzando por sacar mi producto adelante. Lamentablemente, los ingresos no me dan para grabar un disco. Las frutas que comercializo —manzanas, peras y uvas— ya no salen como antes. La gente compra parchita y guayaba para hacer jugos, pero no una pera que cuesta Bs. 30.000. Por eso toco puertas por todos lados para llevar mi música.

Gente buena Roberth Cadis
Aunque las frutas no salen como antes, mantiene la esperanza

Mientras le toca la estrella de la suerte, Cadiz planea llevar sus composiciones al barrio. Me gustaría que los chamos de mi sector aprendan lo que yo sé. Tengo ganas de enseñarlos y de rescatarlos, lo malo es que no tengo el espacio ni las herramientas. Además la gente en mi barrio no se organiza, solo lo hace para recibir el Clap. Realmente me gustaría dejar un legado más cultural.

Andrés Rivero, líder vecinal, contó que ha involucrado a Robert en actividades sociales en El Guarataro, en la parroquia San Juan y lo definió como el “musiquito del barrio”. “Es un talento que está ahí y que hay que aprovechar, pues son el ejemplo para los más jóvenes de nuestras comunidades”.

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De martes a viernes, Robert llega a las 6:00 a. m. al mercado y está hasta las 2:00 p. m. Sábados y domingo sale un poco más tarde. De ahí se va directo a su casa a descargar todas esas ideas que le pasan por la cabeza.

Muchas de ellas son vivencias personales y sucesos de la vida diaria. Son las historias del día a día las que plasmo en mis canciones, aunque también me adapto a las nuevas tendencias musicales. Me gustaría tener dos bailarinas para complementar mi propuesta musical, porque soy un músico muy jocoso. Sucede que algunos de los muchachos que me acompañan en esto se han ido del país y eso frena algo este trabajo.

Este joven ve en la música un elemento de persuasión para la juventud. El mercado hay quienes lo llamaron el “músico del amor” y mientras él improvisaba algo desde el puesto de verdura de su primo, aseguró que del barrio sí se pueden hacer cosas buenas, con lo poco que se tenga. “Uno sí puede sobresalir y dejar huella”.

Fotos y video: Francisco Bruzco


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