Afantasmados y sin curadores se quedan museos del país

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El déficit de presupuesto, la ausencia de planes para el mantenimiento de infraestructura y para la capacitación de personal pone a prueba el funcionamiento de los 16 museos más importantes del país, incluida la Galería de Arte Nacional. La lista de instituciones afectadas la encabezan los museos de Bellas Artes, de Ciencias, de la Estampa y de Arte Contemporáneo. También descuellan el Alejandro Otero, Arturo Michelena, de Arte Popular, de Arquitectura y el de Ciencia y Tecnología.

Caracas. Solo las zancadas de quien parece ser un universitario deseoso de contemplar Buste de femme (Dora Maar) desgarran el silencio intimidante de la sala 9 del Museo de Arte Contemporáneo, en Parque Central. Su encuentro, extendido, con la pintura de Pablo Picasso luce reconciliador, escrupuloso, esmerado. A excepción del joven de tronco grueso y mirada despabilada, no hay visitante que parezca dispuesto a desentrañar los detalles espesos, siempre torcidos y enmarañados de la obra del padre del cubismo.

El piso blanco es el espejismo del techo todo erizado de lámparas brillantes. La claridad es total, pero falta el aire. Todo huele a encierro. Es pleno sótano. En esa sala, desprovista de guías, un vigilante se esfuerza por responder a los visitantes sus inquietudes. A juzgar por sus 14 años en el oficio de resguardar el museo, no queda duda de que a Alcides Mayora le sobran facultades para peregrinar cada rincón del museo y no vacila en hacerlo. Su voz, solapada ahora por la risa burlona de un grupo de jóvenes que irrumpe la sala, es pausada, pero despide cierta autoridad. Alcides yergue su postura, se cruza las manos, frunce el ceño y adopta la parsimonia de quien pretende hacer de chaperón.

—Bienvenidos a la sala número 10. Aquí tenemos La Suite Vollard, una serie de 100 grabados, en estilo neoclásico, del artista español Pablo Picasso, producida entre 1930 y 1937. Se escribe S-u-i-t-e Vo-l-l-a-r-d—, enfatiza con cierto tono de altivez el oficial de vestimenta negra.

Colección de Picasso en el Museo de Arte Contemporáneo

Para quienes añoran el rigor de la museografía, el conjunto de prácticas inherentes al correcto funcionamiento de las salas de exhibición, es fácil pensar que la leyenda memorizada por Alcides no es más que una echonería, quizá la mayor arbitrariedad de un vigilante que se esmerar en ser empático con quienes se internan en el mayor templo de arte contemporáneo.

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Sus pómulos pronunciados, su mirada hundida y sus rostro extremadamente delgado lo hacen un venezolano promedio. De esos que han perdido varios kilos por cuenta de la crisis. Su situación, al igual que la del resto de los empleados de la Fundación Museos Nacionales, es dramática. Sus ingresos quedaron embargados por la inflación anualizada que supera los 833.999 %, según cálculos de la Asamblea Nacional. Hace rato que dejó de mirar a los turistas, extranjeros y visitantes de rasgos finos que le preguntaban afanosos, en inglés, por La Suite Vollard:

—Where is the Vollard Suite located?— me decían los turistas.

El déficit de presupuesto, la ausencia de planes para el mantenimiento de infraestructura y para la capacitación de personal pone a prueba el funcionamiento de los museos más importantes del país, incluida la Galería de Arte Nacional, que es considerada la vitrina de las obras clásicas, una promesa ambiciosa aún por concluir y que tiene más de 13 años de rezago. El proyecto original quedó inconcluso desde 2009, cuando Chávez la inauguró parcialmente.

En 2015, año sobre el cual se conocen las últimas inversiones del Gobierno en materia cultural, se restauraron 6 instituciones “museísticas”, según la Memoria y cuenta correspondiente a ese período. En esa ocasión se invirtieron 447,13 millones bolívares en 9 estados.

Con la diáspora de personal calificado de telón y la falta de mantenimiento, hay quienes aseguran que los espacios culturales pierden terreno.

La función de los museos es registrar, conservar e investigar para construir múltiples narrativas de la historia y de los procesos culturales del país y de la humanidad. Los museos existen, en cierta medida, para incrementar el valor de lo público, para construir una identidad y eso no lo podemos perder, argumenta José Antonio Bonilla, docente de la Universidad Central de Venezuela y especialista en historia de la cultura.

En el año 2016, la Fundación Museos Nacionales, que abarca 16 instituciones prominentes, funcionó con 5,46 % del presupuesto asignado al despacho nacional de Cultura, una cifra que, a juicio de algunos funcionarios, resulta exigua. La lista de instituciones afectadas la encabezan los museos de Bellas Artes, de Ciencias, de la Estampa y el Diseño Carlos Cruz Diez y de Arte Contemporáneo. También descuellan el Alejandro Otero, Arturo Michelena, de Arte Popular, de Arquitectura, el Nacional de Fotografía y el de Ciencia y Tecnología. En total, según cifras extraoficiales, más de 500 empleados están amenazados por la precaria situación económica.

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Sala 10 del Museo de Arte Contemporáneo

El fotógrafo Félix Gerardi, quien ha estado vinculado por más de 25 años con las artes es optimista, menos severo. Cree que los museos del país salieron del oscurantismos. Sin embargo, admite que hace falta personal de relevo. Sostiene que es necesario entusiasmar a los más jóvenes para que se adentren al mundo de las artes. Y se lo plantea como un modo de recreo. “Venezuela es el único país del mundo que cuenta con una obra completa de Picasso, como lo es La Suite Vollard, con 100 piezas. En el mundo solo hay dos colecciones como esas y la otra está repartida entre varios países. Además tenemos el boceto del Guernica que alude al bombardeo de Guernica, ocurrido el 26 de abril de dicho año (1937), durante la guerra civil española“.

En el Museo de Bellas Artes, considerado la catedral de las artes, la situación no es distinta al resto de los espacios culturales. La oscuridad predomina la estructura, ubicada en Los Caobos y diseñada por Carlos Raúl Villanueva. En el lugar falla el agua, el personal de limpieza es escaso y no hay detergentes. Las grietas y filtraciones se multiplican en los techos. De las seis salas que tiene el recinto, cinco están operativas. Actualmente, la sala 10 exhibe Los libros sagrados, una exposición  transitoria a propósito de la Feria Internacional del Libro de Venezuela que agrupa títulos como La Biblia, Don Quijote, La Divina comedia, el Manifiesto Comunista, Sor Juana Inés de La CruzHumor y amor, de Aquiles Nazoa, y otros textos no tan sagrados como el Libro azul de Hugo Chávez. Se trata de una exposición de la que el custodio de sala es incapaz, si quiera, de explicar su propósito.

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En la Sala 12 del Bellas Artes, que alberga expresiones europeas, otro custodio intenta salir ileso de las dudas de los visitantes. La mujer de ojos café, dice sin soltar el radio de comunicaciones internas, que allí reposan muestras del XV hasta el XIX.

—Sé que hay piezas cubiertas de oro. En esa época —el siglo XV— se usaba la clara de huevo para barnizar las obras. Todo lo que ves aquí es original— remata la mujer atenta.

Para la docente Nannet Daviu, profesora de la Universidad Católica Santa Rosa y del colegio Leopoldo Aguerrevere, la atención en los museos es vaga. No existe la figura del curador de arte y muchas de las piezas carecen de fichas técnicas que describan la obra. De acuerdo con Daviu, quien tiene una maestría en artes plásticas, el Museo de Arte Contemporáneo carece de un contexto “geohistórico”, que permita delimitar una línea cronológica de los movimientos artísticos: barroco, impresionismo, realismo y estructuralismo, por mencionar algunos. 

Es un desorden, yo, que conozco de la materia, me siento perdida. El arte contemporáneo es muy complejo y debe existir un guía, un curador de arte, que explique las ideas del artista.

La Sala 0 del Museo de Arte Contemporáneo, que tiene una colección sobre ecología, está clausurada. Los baños no tienen agua y hay poca receptividad del personal. Se lamenta. Y el horario de atención es limitado, casi en horario de oficina.

Museo de Bellas Artes

Gregoria Morales, una visitante asidua de esos espacios, lamenta que solo pueda visitar el eje de Bellas artes hasta las 5:00 de la tarde. “No hay idea de ciudad, de lo público”, se cuestiona.

En el Museo Jacobo Borges, ubicado en el Parque del Oeste, se exhiben retratos de Cilia Flores, Nicolás Maduro y los supuestos héroes chavistas de la patria. Lo cual es la muestra más diáfana de la politización de los espacios culturales.

Fotos: Sebastián García Inojosa @elsebasiendophoto


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