Aguas residuales ahogan a más de 600 familias en el sector La Encantada de Nueva Barcelona

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Con la llegada de las primeras lluvias, los vecinos que habitan las calles 7, 8, 9 y 34 de esta comunidad avizoran que empeorarán los problemas de vialidad y de servicios. Temen brotes de paludismo y dengue debido a la formación de pozos.

Barcelona. El estado de la vialidad y de los servicios del sector conocido como La Encantada, en Nueva Barcelona, convierte la palabra progreso en una utopía para los vecinos que habitan en los conjuntos residenciales Yaguarey, Las Trinitarias, Bahía Mar, Pichigüey, Samuel Robinson y Eva Luna, y también para quienes residen en casas particulares del área.

La comunidad está llena de contrastes. Enclavada en la zona de mayor crecimiento urbanístico de la capital anzoatiguense –prueba de ello es la proliferación de villas y conjuntos de apartamentos que se erigen o están construidos a su alrededor–, no está exenta de sufrir las mismas calamidades que agobian a las zonas populares: suministro de agua deficiente, inseguridad, vías como en estado de zona de guerra, ausencia de alumbrado público e inexistente recolección de basura.

El desarrollo urbanístico sin planificación, indican sus habitantes, ha agravado los problemas de la comunidad desde hace 5 años, pues las construcciones han tapado los drenajes naturales y las calles viven anegadas de aguas residuales.

El pasado sábado cayeron las primeras gotas de la temporada de lluvia en el norte del estado y para quienes residen entre las calles 7, 8, 9 y 34 del sector, más que un motivo de alegría fue sinónimo de colapso, al registrarse una nueva inundación en la zona.

Cuando se desbordan las cloacas de la calle 34 es un calvario porque llenan de punta a punta la calle 9 imposibilitándonos la salida de las residencias, es prácticamente una laguna donde el agua nos llega a las rodillas», dice la profesora Margarita Maurera, habitante de las residencias Yaguarey.

Con el aguacero del sábado, el problema empeoró porque el agua no solo penetró por las entradas de las residencias, sino que también lo hizo por las tanquillas (bocas de visita) e inundó los estacionamientos.

Un sistema de drenajes para las aguas de lluvia no existe y por eso se quedan estancadas. En la calle 8, que está entre el liceo Cajigal y el conjunto residencial Las Trinitarias, se produce otra laguna cuando llueve. En la comunidad ya han proliferado cuadros diarreicos y enfermedades de la piel por hongos, los niños viven encerrados en los apartamentos para evitar una posible picada que les transmita dengue, indicó la vecina Livia García.

Doble toque de queda

Ibeddy Medina, otra residente del lugar, afirma que al llegar las 4:00 p. m. comienza a cumplirse una especie de toque de queda en toda la comunidad. A esa hora, una nube de mosquitos da los primeros avisos. Los vecinos temen que, por la formación de pozos, haya un brote de paludismo. Luego, al aproximarse las 6:00 p. m., la oscuridad del sector obliga a los residentes a encerrarse en sus casas.

Pagamos nuestros impuestos y sin embargo no tenemos luz en la calles, esto es una boca de lobo, asaltan a las personas después de las seis de la tarde, unos sujetos en moto rondan las residencias. Exigimos a los cuerpos de seguridad que hagan una ronda porque da la impresión de que esto es un sector olvidado, refirió.

En el recorrido realizado por el equipo de Crónica.Uno además del fuerte olor que expiden los drenajes colapsados, se hizo evidente el característico hedor de la basura en descomposición.

No hay servicio de aseo, tenemos que pagarle a alguien para que se lleve la basura cada 15 días. Hay personas que vienen a revisar los depósitos en busca de alimentos o cualquier objeto del que puedan sacar provecho, lo que acarrea que dejen los desperdicios regados y sea un doble gasto de bolsas para recoger la basura, refiere Medina.

Los vecinos sostienen que es una pena que un desarrollo urbanístico de estas características no sea atendido por las autoridades. Aseguran que las vicisitudes que padecen les impiden planificar mejoras e inclusive dificulta la venta de los inmuebles, porque los compradores se alejan al ver la situación.

Como la gobernación de Anzoátegui, según les indicaron, se encuentra de manos atadas, sin recursos y con todas sus competencias transferidas a la alcaldía de Barcelona, emplazaron al alcalde Luis José Marcano a que busque una solución inmediata a estos problemas. “Que nos echen una mano porque ya esto es inaguantable”.

Fotos: José Camacho


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