Son incontables los problemas que enfrentan las madres con sus chamos en este servicio de uno de los hospitales más antiguos de la capital. Las mamás se organizan para limpiar el lugar cuando llega el agua.

Caracas. Las últimas dos semanas del 2016 fueron un martirio para las madres y los niños internados en la emergencia pediátrica del Hospital Dr. José María Vargas, ubicado en la parroquia Altagracia. Allí hay casi 20 menores de edad que padecieron y padecen neumonía, aunque en principio ingresaron a ese servicio con otra patología.

Diana Herrera —nombre ficticio para resguardar su identidad— es la mamá de uno de los infantes que estuvo recluido en ese centro de salud. Su hijo llegó al hospital con una celulitis —inflamación del tejido celular que está bajo de la piel— pero con el pasar de los días, se contagió de neumonía, lo que extendió su estancia en la emergencia.

“A mi bebé [de dos años] le dio neumonía porque el aire acondicionado de la pediatría no funciona, y cuando echa aire sale caliente, eso hace que las bacterias se multipliquen”, aseguró.

La madre del niño relató que, la semana antes del 24 de diciembre, varias representantes sostuvieron una reunión con el director del nosocomio pero este no les dio la respuesta que ellas esperaban. Una de las peticiones desoídas fue que no permitiera el ingreso de más niños porque cualquier otro infante que llegara podría infectar a los ya hospitalizados con otra bacteria y empeorar su estado.

Para cuidar la salud de sus hijos, las madres se organizaban para limpiar el área, pues aseguran que las camareras solo se encargaban de sacar la basura. “No barrían, ni pasaban un coleto. Después de las 7:00 p. m. limpiábamos el lugar porque esa es una de las horas en las que llega el agua. Dejábamos todo pulcro para el siguiente día”, explicó.

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Algunas de las camas donde están los infantes hospitalizados.

No obstante, además de tener que lidiar con las fallas en el aire acondicionado y la incompetencia de las camareras, las mamás también tenían que interrumpir sus escasas horas de sueño para asearse ellas y sus hijos, ya que el suministro de agua se recibe en el bloque de 5:00 a. m. a 8:00 a. m., y luego volvía después de las 7:00 p. m. por un par de horas más.

“De paso nosotras [las madres] compramos los utensilios y lo que usábamos para limpiar porque si no todo aquí se llena de moscas, porque no tener aire acondicionado también perjudica”, prosiguió Herrera.

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A todos estos problemas, se le suma otro que quizá sea el más importante: escasez de medicinas. El hijo de Diana llegó al centro asistencial con celulitis, para cuyo tratamiento requería una larga lista de medicinas, la cual aumentó con varios nombres de antibióticos cuando, en días siguientes, se sumó la neumonía.

“Sí hay capacidad para más niños, pero corre el riesgo de que en vez de mejorar, empeore con otra enfermedad que se contagie en la emergencia. Yo vi cómo una mamá llegó con su hija, que tenía celulitis igual que me hijo, pero prefirió irse antes de que su bebé se contagiara de otra cosa”, insistió.

El costo de las medicinas también fue otro problema que tuvieron que sortear Herrera y las casi 20 madres que velaban día y noche por sus hijos.

Diana y su bebé ya están en su hogar. Comentó que su hijo mejoró mucho desde que salió del hospital, ya que cuando le dieron de alta el 27 aún estaba convaleciente. Espera que al menos arreglen el aire acondicionado porque con ello “se podrían solventar algunos problemas”, indicó.

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