El politólogo explicó no solo lo que está haciendo la oposición sino también lo que significa serlo ante un Gobierno que califica como “una dictadura”.

Caracas. Ángel Oropeza es uno de los asesores políticos de la oposición que ha visto desde primera fila la evolución de la lucha política contra el chavismo en los últimos años. A su juicio, y contrario a lo que muchos puedan creer, Venezuela no se encuentra en un letargo ante la crisis social, política y económica que atraviesa.

Sobre el Frente Amplio afirma que es un trabajo que se realiza diariamente con un solo objetivo: crear las condiciones para que se logre dar un cambio de gobierno en el país, pero reitera que no es una lucha que esté dándose contra un gobierno democrático. No tiene problemas ni pena en señalarlo: es una lucha en contra de una dictadura.

Rescata la labor que desde la oposición se hace y asegura que mucho del trabajo no puede ser publicitado ni mostrado en medios, precisamente, por el rival que tienen en frente y en esa línea destaca que son muchos los esfuerzos por lograr las condiciones necesarias para una “salida”.

¿Cómo está en estos momentos el Frente Amplio?

-El Frente Amplio tiene ya cinco o seis meses fundado. Es un experimento inédito, nunca había pasado en Venezuela. La Coordinadora Democrática había sido una cosa más política, más electoral. Esta es una instancia muy visible: hay partidos de la Mesa de la Unidad Democrática, partidos políticos de oposición que no son de la MUD, sectores del chavismo, sindicales, estudiantiles, ONG, la Iglesia.

Es una plataforma que tiene un objetivo común que es salir de la crisis, pero convencidos de que nunca saldrás de la crisis si no salimos del Gobierno.

Precisamente sobre el rol de coordinación es que se enfocará el evento del lunes, donde van a presentar la Plataforma de Conflicto, ¿Cierto?

– Sí. El Frente Amplio está conformado por frentes en el ámbito regional y municipal. Estos desarrollan actividades de organización ciudadana, de articular protesta, pero hay tres líneas de acción macro y una es lo que llamamos la Plataforma de Conflicto, que surgió de gente que hacía huelga, protestas, paros.  El Frente, en lugar de ponerse pedante y decir que había que hacer esto o aquello, lo que hizo fue ponerse al servicio de todos y decir que teníamos una posición de consulta.

Las otras dos líneas de acción son un Congreso Nacional del Frente, que se hará en noviembre, y la propuesta de país que se publicó el jueves.

¿La propuesta de ustedes es cómo las del padre Ugalde y de Benigno Alarcón?

– No, son cosas distintas. La del padre Ugalde, que forma parte del Frente Amplio, y la de Benigno Alarcón son propuestas de cómo llegar al cambio de Gobierno. Lo que se publicó fue el tipo de políticas que debemos tomar una vez logrado el cambio.

El documento en sí es un mecanismo de presión para el Gobierno porque desmiente que no exista un plan y, además, revela que la gente está trabajando en qué hacer una vez logrado el cambio. Mucha gente repite el cliché del Gobierno de que aquí no hay plan. No. Hay muchos planes, pero no son conocidos.

Lo que no puede pasar es que tú llegues al Gobierno porque Maduro se fue, y te encuentres que entonces hay que empezar a negociar qué hacer porque la gente no lo sabe.

Claro, pero usted habla de algo que todavía no ha pasado: el cambio de Gobierno. ¿Cómo se llega hasta ese punto?

– Tienes que caminar y mascar chicle. Aquí no funciona hacer una cosa y después la otra. No podemos dedicarnos exclusivamente al cambio de Gobierno y lograrlo sin tener idea de qué hacer, porque entonces se sacó a Maduro, pero tú en el poder vas a durar una semana. Hay que hacer las dos cosas: el trabajo que hace el Frente de ver cómo se presiona la salida del Gobierno y el de ver qué se hace si tienes éxito.

El Frente ha dicho que, ante la convicción de que la salida electoral y la negociación están trabadas por el Gobierno, entonces lo que nos queda es generar las condiciones de presión social legítimas, democráticas, cívicas y no violentas, para que el Gobierno sea insostenible.

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¿Cuál es nuestro sueño? Que el Gobierno, sabiendo que es insostenible, trate de negociar la salida pensando en su propio interés.

¿Uno de esos mecanismos para generar las condiciones es la huelga general que están planeando?

– La huelga general, el acuerdo nacional, la presión de la unidad, todo. Hay personas que piden que se nombre un logro del Frente y la verdad es que el primer logro del Frente es la unidad. El Gobierno le tiene pavor a la unión de todos los que se le oponen. Cuando uno se sentaba en la mesa había sectores que no se hablaban: Fedecámaras y los chavistas, por ejemplo, pero cuando tú sientas a esa gente y empiezan a hablar, ya eso solo es una presión. La idea es generar todos los tipos de presión democrática.

El Frente tiene una especie de trazado de cancha, acá están todos los que quieren salir de Maduro de forma democrática. Acá no caben los que lo quieren matar, los que quieren que nos invadan los gringos ni los que quieren un golpe militar.

¿Cómo se hace un cambio democrático? Con elecciones limpias, pero eso no va a ocurrir por si solo, hay que obligar a que eso ocurra, no es un juego comeflor, es una política seria, es generar las condiciones para que el Gobierno sea insostenible.

¿Esto que usted plantea se puede hacer sin que los partidos y los dirigentes políticos tomen cierto protagonismo?

– Ojo, los partidos políticos están en el Frente; tanto, que el Gobierno, cuando fundamos el movimiento, salió con una campaña que mucha gente la copió y empezó a repetirla: el Frente es la MUD.

Claro, la MUD estaba de capa caída, en un nivel muy bajo de popularidad. Los laboratorios comunicacionales del Gobierno dijeron que ambos eran lo mismo y hubo gente que lo repitió. No era verdad y nunca fue verdad.

La MUD está integrada al Frente; de hecho, en algunas ruedas de prensa hay voceros de los partidos políticos como hay voceros de sectores sociales, estudiantiles o gremiales. Quizás parte del secreto es que nadie puede decir hoy que es el líder del Frente o que es el que manda en el Frente.

¿Y no hace falta esa figura? ¿No sería más fácil, por ejemplo, para la plataforma internacional tratar con un único líder?

-Recuerda que estamos en dictadura. En dictadura hay que saber hacer oposición para que se mantenga la fuerza opositora. En un país que sufre, en dictadura, con tanta desconfianza, hoy ha funcionado que no haya una sola cabeza visible. Si tú revisas las ruedas de prensa del Frente, no ves un solo vocero repetido.

El Frente no es anárquico ni está acéfalo. Hay una organización que funciona, pero se ha cuidado que se sienta que es de todos. Hasta ahora ha funcionado. Si mañana cambiamos, cambiamos, pero hasta ahora ha servido.

Vamos a retomar el tema de conseguir las condiciones y la presión para que el Gobierno quiera salir. ¿Aparte de la huelga general que se está planeando, hay otros mecanismos?

-La huelga es un punto de inflexión, pero estamos hablando de que se tiene una materia prima que no hay que generarla, que está allí, que es el descontento social. Acaba de salir el número de protestas del mes de agosto, tenemos 800 y pico, lo que es 20 % más que el año pasado. Tenemos un país en ebullición, muy lejos de lo que se habla en el exterior de que el país está dormido y no pasa nada; es decir, si pasa más, uno termina vomitando del vértigo. Acá pasa algo todos los días y lo sabemos los que estamos aquí.

Las protestas tienen algo bueno, que son la expresión de un país que no se la cala, de un país que se moviliza. Lo malo es que están dispersas. Hasta ayer se decía que el problema es que cuando se alzan los médicos no se enteran las enfermeras ni los pacientes, y cuando se alzan los profesores no se enteran los estudiantes.

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La idea es articular las protestas para darle eficacia política. No sirve la protesta catártica de pegar cuatro gritos y ya. El verdadero trabajo es cómo organizar ese descontento de forma pacífica y cívica. La huelga general es un punto de inflexión, pero lo que hacemos no se limita solo a la huelga.

¿Para ustedes el escenario ideal es el de unas elecciones con condiciones que garanticen que sean limpias?

-Si me preguntas a mí, el escenario ideal es cualquiera que lleve a una salida constitucional, puede ser una elección, pero que sea limpia, y si es limpia, ellos van a salir. También puede ser una negociación, pero de verdad una que permita que se vayan sin sangre.

Mientras tanto el Gobierno avanza en lo suyo y tiene un arma política que no ha ejecutado, que es la nueva Constitución que está haciendo la ANC. ¿Qué plan tiene el Frente para lidiar con eso?

-Lo de la Constitución para ellos es una papa caliente porque tienen conflictos internos. Ya no es solo es el que existe entre Maduro y Cabello, que todo el mundo lo conoce. Cabello se hizo del nicho del suprapoder de la ANC. Él sabe que si lanza el proyecto de la Constitución, la gente va a asumir que ya se acabó la ANC y, por ende, su carguito. Él no está muy claro en lo que hay que hacer.

Además, es una especie de bomba. Si la sacan, puede provocar una respuesta de la gente en defensa de la Constitución. En este país hay muy pocos consensos; uno de ellos, que involucra a casi todo el pueblo chavista, es la defensa de la Constitución de 1999. Entonces, lanzar esto en medio de una tragedia es muy arriesgado.

La ANC también tiene conflictos internos. Se convirtió en una especie de circo, son 500 personas, pero a la mayoría la tienen como en Sábado Sensacional, para que se paren y aplaudan. Hay quienes se la calan y quienes no. Otros se sienten humillados porque han hablado con nosotros y nos lo han dicho. Pensaron que la ANC sería para discutir y nunca discuten.

No es tan fácil. El Gobierno va a lanzar la Constitución nueva cuando sienta que están dadas las condiciones en beneficio de ellos.

¿Y si siente que la oposición no tiene forma de hacerle resistencia?

-El año pasado hicieron eso con la AN, pensaron que no pasaría nada y que no había oposición y el país se alzó. El Gobierno tiene miedo que eso pase de nuevo. Hay quienes se preguntan dónde está la oposición. La oposición está haciendo muchas cosas, pero no de forma tan pública ni mediática porque se está en una dictadura, pero sí se están haciendo cosas y se está organizando a la gente.

Si en este momento el Gobierno dice: “yo voy a lanzar esto porque no veo a nadie”, puede terminar encontrándose con que el campo estaba minado. Eso lo saben ellos. Tienen esa arma (la nueva Constitución) ahí, pero es un arma que, si yo fuera asesor de Maduro, le diría que se la tiene que pensar 10 veces antes de usarla.

Acaba de mencionar que hay una percepción de que la oposición no está haciendo nada. ¿Siente que es una consecuencia de lo que fue la agenda de de 2017, cuando la protesta de calle abarcó la mayoría de la lucha política?

-Creo que desde el punto de vista psicológico eso generó una gran frustración, porque la represión fue muy dura. Hay gente que sigue repitiendo clichés y dicen que las protestas se pararon porque alguien de la oposición lo ordenó, ¿quién de la oposición tiene tanto poder? Y si existe, que salga a decir que sigamos otra vez. Lo que paró las protestas fue el desgaste de la represión, fue un Gobierno al que no le importó disparar para matar; de hecho, se mató a más de 150 personas sin ningún tipo de pudor.

Todo eso generó una frustración en la gente, por supuesto, y recuperarse de eso no es fácil. Este año no se tiene la protesta del año pasado, con autopistas llenas de gente, pero tienes 20 % más de protestas que el año pasado. Son distintas, buscan escapar de la represión, son más focalizadas, porque hay gente que dice: “Aprendí que el tipo es un asesino, que va a disparar a matar, entonces déjame protestar de otra forma”.

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Otra vez te hablo del cliché falso de que este es un país dormido y entregado, y no, es todo lo contrario.

¿Sienten desde el Frente que hay presión por obtener resultados rápidos?

-Sí. En el Frente hay un sentido de urgencia por dos motivos: el primero es que no es justo que la gente siga sufriendo. No se trata de cálculos políticos. Cada día que pasa hay gente que muere, literalmente, entonces hay que apurarse porque la gente muere y el que no muere se va. La otra razón es que si tardas mucho en hacer el trabajo, los que quedan se van a acostumbrar.

Parte de lo que uno llama la labor de docencia política no se puede hacer por televisión ni por radio, tiene que hacerse casa por casa, es el trabajo de no dejar que la gente se acostumbre, decirles: “no es normal que no tengas luz, no es normal que los malandros vivan detrás de ti, no es normal que no consigas comida, no es normal tener que sacarse un carnet para poder echar gasolina, no es normal”.

El día que la gente se acostumbre, el Gobierno puede ser el peor de la historia, pero se queda.

Es imposible que el Frente dé una fecha para un cambio de gobierno. ¿Qué se le dice a la gente que espera eso?

-No puedes engañar a la gente. Parte de la poca credibilidad en algunos dirigentes políticos quizás sea que la gente siente que no fueron serios. ¿Cómo tú en dictadura vas a pronosticar el día y la hora de la salida? Que lo haga un brujo está bien, pero un político serio no puede hacerlo. Acá hay que hacer como hizo (Winston) Churchill, hablar con la gente y decirle que acá lo que viene es sangre, sudor y lágrimas, lo que viene es el camino de la organización. Mientras más rápido hagamos presión social, mientras más rápido todos hagamos lo mismo, más rápido estará la salida.

Pronosticar una fecha es una falta de seriedad, de hecho hay sectores dentro del Frente que no lo van a permitir. Tú nunca vas a ver a la Iglesia o a las universidades prestándose al juego demagógico de decir que, por ejemplo, el 15 de noviembre Maduro está fuera. No se trata de eso, se trata de que ya entraste en dictadura y de dictadura se sale con presión social.

¿Cuál es la diferencia de luchar contra el chavismo en democracia y luchar contra el chavismo en dictadura?

-Cuando el chavismo jugaba a la mayoría electoral se permitía lo que los politólogos llaman autoritarismo competitivo. Es decir, era autoritario, pero se daba el lujo porque tenía mucha plata para crear cierta mayoría electoral, que podía ser ventilada electoralmente, lo que había que hacer ahí era tratar de convencer a la gente de que aquello era un fracaso, que aquello era una especie de orgía, que se iban a despertar y darse cuenta de que metieron la pata.

La lucha en dictadura es una en la que la vía electoral ya no existe, ya no basta con convencer a la gente, ya la gente está convencida, pero no puede hacer nada porque la vía de la expresión electoral de su descontento no existe, se trata de ir a otras vías de la Constitución, como la presión social de todo tipo y generar las condiciones para que esto sea insostenible. Es la única forma.

¿Qué se le puede decir a aquellos que creen que Maduro ganó y que se quedará en el poder sin importar lo que pase?

-Siendo serios, ¿pudiera quedarse? Sí, pero sería contra todo pronóstico, porque tiene la mayoría del país en contra, tiene a toda la comunidad internacional en contra, tiene quiebres internos muy severos. La labor ahora es cómo se unifican esas tres cosas. Una vez unificadas Maduro no tiene vida. Ahora, si no se unifican, puede durar para siempre, pero sería contra todo pronóstico.


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