Los vecinos de la parroquia La Candelaria denuncian que la GNB dañó puertas, cámaras de seguridad, violó la propiedad privada y hasta robó enseres, como microondas, de las casetas de los vigilantes.

Se contabilizan cerca de ocho torres residenciales con daños a la estructura debido a la fuerte represión policial.

Caracas. En La Candelaria el ambiente no es el mismo de hace una semana. Y aunque los comercios estaban abiertos y los buhoneros trabajando a sus anchas, el aire estaba cargado —todavía a media mañana de este viernes 9 de junio— de gases lacrimógenos.

Los rostros de los transeúntes se veían cansados y alterados. “Esto no es normal”, “Estamos asediados por la GNB y los colectivos armados”, Esta noche nos atacan de nuevo”, era lo primero que contestaban los vecinos cuando se les consultaba sobre lo ocurrido tras las protestas.

En esta parroquia llevan tres días tragando gases lacrimógenos y expuestos a los disparos.

Miguelacho, Tracabaordo, Esmeralda, San Tomás, Ferrenquín, Avilanes, Chimborazo y Teñideros, son las esquinas donde la candela se avivó la noche del jueves 8 de junio.

Entre 5:00 y 7:00 p. m., los vecinos se concentraron un poco más abajo de la esquina Tracabordo, hacia la esquina de Platanal, frente a la escuela de Derechos Humanos de la Defensoría del Pueblo. Hicieron una vigilia en honor a los caídos por las protestas recientes.

A las 7:15 p. m. cuando se retiraban llegó un contingente de la Policía Nacional Bolivariana con equipo antimotín y con las escopetas dispuestas para lanzar bombas, situación que molestó a los vecinos, que comenzaron a sonar las cacerolas y de los edificios lanzaron botellas.

La arremetida de los funcionarios no se hizo esperar. Dispararon y reprimieron. Sin embargo, la protesta corrió como pólvora y a los pocos minutos la gente se aglomeró en otras calles hacia la parte norte de La Candelaria.

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Volvieron a prender las barricadas —las marcas están fijas sobre el asfalto— y a eso de las 9:00 p. m. la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), escoltada por más de 30 unidades motorizadas, hacía presencia en el sitio lanzando a discreción las lacrimógenas.

“Tuve que meter a la niña debajo de la cama. Ya lleva dos noches durmiendo así. Es horrible estar dentro y sentir que la GNB está tumbando las puertas”, dijo una vecina del edificio El Doral.

Carlos Julio Rojas, de la Asamblea de Ciudadanos de La Candelaria, señaló que en los dos últimos días se contabilizan cerca de ocho edificios residenciales que presentan daños por la acción de los organismos represores.

“Vimos cómo los apuntaban con armas con láser”, dijo uno de los residentes de las torres El Mirador, una de las más afectadas la noche de este jueves.

Pasadas las 9:00 p. m., contó Luis Fuentes, irrumpieron los oficiales. Rompieron la reja principal y trataron de abrir la puerta trasera de uno de los comercios que están al frente. Todo el  piso se estremeció. “No pude grabarlos porque mi esposa estaba aterrada por las niñas, traté de ver por el ojo mágico pero todo era muy fuerte”.

Los guardias se metieron al edificio, desbarataron toda la caseta de vigilancia y se llevaron un celular y el microondas del señor de seguridad.

Reventaron las cámaras dispuestas en el pasillo. En la torre B de las mismas residencias destrozaron el tablero de las cámaras de seguridad y se montaron en los techos de los apartamentos que están en un lateral de la planta baja. De los pisos altos les lanzaron botellas a los efectivos y tuvieron que retroceder.

Aquí se metieron varios muchachos, trataban de resguardarse, pero cuando iban saliendo algunos tenían luces verdes en sus cuerpos y tuvieron que regresar. Les iban a disparar. Fue una batalla campal, un ensañamiento en contra del edifico, aquí hay gente de la tercera edad y muchos niños, decían los vecinos que se concentraron en la entrada para evaluar los daños.

Luego de que los uniformados reventaron la reja y los vidrios del portón principal fueron piso por piso golpeando las puertas.

Tocaban muy duro pero no les abrí, le pasé cerrojo dos veces a la puerta, pero a mi vecina —una viejita— le pedían que abriera la puerta y le preguntaban que con quién estaba ella. La señora estaba muy asustada. Les respondía que sola. Nosotros tenemos mucho temor, aquí nadie ha dormido, pensamos que se van a meter a los apartamentos, contaban.

En la entrada, en un costado, tenían toda una muestra de bombas lacrimógenas y restos de los cartuchos de los perdigones.

Una cuadra más arriba en el edificio Darijak también se metieron. Nosotros el jueves en la mañana reparamos la cerradura que la misma GNB reventó el miércoles. Se pagaron más de 400.000 bolívares en la reparación y esa misma noche dañaron todo. Vi cuando sacaban guindados como chinchorros a dos muchachos. También se metieron en el edificio que está al frente. Pero no solo fueron los de las residencias los que salieron, también los del barrio Anauco cerraron la avenida Panteón. Hasta ese lugar fue la tanqueta. Lo que me duele es que nuestras protestas no están siendo escuchadas y se instala la Constituyente se termina de perder este país y mi hijo que está afuera no va a regresar más, dijo Tania Ortega, con los ojos anegados en lágrimas y la voz quebrada.

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Por La Candelaria este viernes no se vio presencia policial. Solo en los alrededores del Ministerio de Interior, Justicia y Paz estaban los funcionarios de la GNB.

Están ahí para proteger al ministro Néstor Reverol y para atacar a los vecinos. Lo otro es que actúan en conjunto con los colectivos armados. Esa gente anoche disparaba en contra de los edificios. Incluso salieron unos invasores, intentaron tomar una torre y ellos no llegaron. Una de las cosas por las cuales la gente hace las barricadas es para protegerse del paso de los colectivos, denunció Carlos Julio Rojas.

De la cifra de heridos y detenidos lo que hay son rumores en las aceras. Para este viernes en la noche los vecinos, las juntas de condominio, están organizando una reunión para establecer las acciones a tomar en defensa de la propiedad privada y la vida de las personas.

Aseguraron que las protestas seguirán y que temen una mayor represión.

Fotos: Mabel Sarmiento


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