Miguel Urbina, de 53 años, conductor de la compañía Taxitour, regresaba a su casa en Los Magallanes de Catia cuando fue abordado por delincuentes, que le dispararon en el cuello.

Caracas. “¡Hasta cuándo vamos a seguir en esto Dios mío, hasta cuándo nos van a seguir matando!”, decía llorando Gladys Manuit. No podía calmarse, llevó una mano a su boca para tratar de hacerlo pero no lo logró.

Junto a ella varios familiares se abrazaban. Una joven, que recién se incorporaba al grupo que estaba en la morgue de Bello Monte, lloraba desconsoladamente. Recibió una llamada por celular y aunque atendió no podía mantener una conversación entre los sollozos. Sus ojos estaban hinchados y su rostro pálido. Caminaba de un lado a otro, con nerviosismo, sin parar de lagrimear.

Así estaba la familia de Miguel Antonio Urbina Díaz, de 53 años, quien fue asesinado alrededor de las 8:30 p. m. de este martes 21 de febrero a pocas cuadras de su casa, en la calle El Lago con Guaicaipuro de Los Magallanes de Catia.

Trataron de robarle su camioneta marca Ford modelo Explorer, color negro, con la que trabajaba como taxista en la compañía Taxitour. Pero, al parecer, intentó acelerar en el caminito de tierra empinado y los delincuentes le dispararon en el cuello.

Luego de que los vecinos le insistieran a funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) para que los ayudara porque no querían trasladarlo a un centro asistencial, un sobrino que se encontraba cerca lo auxilió y a bordo de la patrulla lo llevaron hasta el hospital de Los Magallanes de Catia, donde murió.

Normalmente, trabajaba hasta las 5:00 p. m. o 6:00 p. m. pero decidió laborar dos horas más, ya que había gastado 120.000 bolívares en la compra de una batería y quería tener un poco de efectivo. A las 7:40 p. m. realizó la última llamada a su esposa para avisarle que había terminado e iba en camino para la casa.

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Pero a su pareja le extrañó que se demorara en llegar, porque no estaba tan lejos. Su hijo, Jackson Urbina, dijo que en el vehículo quedaron regadas las tarjetas de crédito y no estaban ni el celular ni el efectivo que había hecho en las últimas carreras.

“Mi padre era ejemplar, era excelente persona, trabajador, siempre estaba para quienes lo necesitaban”, soltó el hijo de la víctima. 

Agregó que la zona de los Magallanes de Catia es sumamente insegura, pues roban día y noche a cualquier persona: estudiantes o trabajadores. Miguel tenía cinco años laborando en Taxitour, siempre de día, por la inseguridad. Genaro Rangel Rengifo, presidente del tribunal disciplinario de la compañía, sostuvo que estaban destrozados por el asesinato de su compañero.

Destacó que en 10 años han asesinado a cuatro conductores y en seis los han robado igual cantidad de veces. “Nos han secuestrado a compañeros y nos han robado unidades que por GPS conseguimos”.

El servicio de taxis es de 24 horas y en Caracas hay 220 socios. El año pasado, la víctima se desempeñó como directivo. Dejó a tres hijos huérfanos de padre, dos adultos con su primer matrimonio y un bebé de dos años con su actual pareja.

Foto referencial: Angeliana Escalona


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