Varias casetas de las diferentes líneas se observan cerradas. Los operadores brillan por su ausencia desde que se corrió el rumor de un paro en el subterráneo, el pasado domingo 7 de enero.

Caracas. El Metro que llegó hace 35 años para convertirse en “la gran solución para Caracas”, cada día se ve más empañado por las fallas técnicas: vagones sin aire acondicionado, torniquetes inservibles, las escaleras mecánicas fuera de uso, falta de mantenimiento, retrasos, inseguridad y, ahora, los problemas laborales: bajos sueldos y los trabajadores sin equipamiento y sin uniformes.

Solo con entrar a la Línea 1 del sistema —la primera que entró en funcionamiento— se cae en cuenta de la desidia que la arropa.

Los andenes huelen a orine, hay basura. En Plaza Venezuela hay roedores en el área de la transferencia. Hay muy poca seguridad y hoy [jueves] vi que ni siquiera operadores hay en las casetas, comentó Hilda Salas, usuaria.

Lo que contó Salas se repite en las estaciones Sabana Grande y Chacaíto. Este jueves, pasado el mediodía, las casetas estaban vacías. Las computadoras apagadas y no se veía un operador en los alrededores. Ni siquiera el pregonero que vende los boletos estaba en el pasillo.

Según estimaciones de representantes de la organización Familia Metro, esta semana el ausentismo laboral casi supera 75 %.

La gente se reporta enferma o simplemente no tiene pasaje para llegar, incluso hasta el Metro. “Y eso se está notando en el día a día. Las casetas están sin personal, hay muy pocos haciendo guardias”, destacó la fuente.

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Mientras el Metro se mueve a este ritmo, de nuevo se plantea la posibilidad de ajustar la tarifa. Actualmente, el boleto simple cuesta 4 bolívares. Sin embargo, la opción no es bien aceptada por el alto nivel de la compañía. Extraoficialmente se supo que están haciendo los estudios respectivos, pero no están de acuerdo. Además, después de un ajuste hay que reprogramar las dispensadoras y los torniquetes.

No quieren aumentar para no afectar la economía del pueblo, es una posición populista. Cuando el punto de quiebre está en lo técnico. El Metro necesita inversión. El dinero que entra se va en pago de nómina y de beneficios que llegan con retrasos, destacó la fuente.

Entretanto, el servicio empeora y el usuario pasa ronchas.

Ahora me siento más insegura. No hay ni operadores. Si pasa algo en los andenes ellos no saben. Las máquinas de las casetas están apagadas. Esto es como tierra de nadie, infirió Constanza Blanco, asidua al sistema.

No solo esa es la situación del subterráneo. También el alimentador, el Buscaracas, “echa varilla”. Son pocas unidades las que están funcionando. El día martes, en horas de la tarde solo rodaban dos. La gente se acumuló en las estaciones y los operadores decían que no podían solucionar. Los autobuses se sienten con menos fuerza durante la circulación y también se están quedando sin aire acondicionado.

Este es otro servicio que no se cobra y por eso la alta demanda de usuarios que ahora se incrementa debido al déficit de unidades del transporte público.

Foto: Luis Miguel Cáceres



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