Los Juegos Olímpicos de la Juventud significaron la primera experiencia internacional para buena parte del contingente venezolano, que cosechó tres medallas de oro.

Caracas. “Feel the future”, o “Siente el futuro” fue la frase que sirvió como lema de los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018, que concluyeron esta semana con una participación más destacada de lo esperado para la delegación venezolana.

Con tres medallas de oro, ese futuro parece más esperanzador para el deporte criollo y en cierta medida los títulos de Katherine Echandia (pesas), María Giménez (judo) y Carlos Páez (judo) son apenas algunas de las razones para pensar que con una adecuada preparación, la camada de jóvenes que estuvo en suelo argentino podría evolucionar hasta lograr ser altamente competitiva en los Olímpicos de Tokio 2020 y París 2024.

Desde lo estrictamente cuantitativo, Venezuela llevó 53 atletas a los Juegos y, en palabras del ministro del Deporte, Pedro Infante, la aspiración era foguear al contingente, que en su mayoría carecía de experiencia internacional. En ese contexto se esperaba sumar al menos cuatro metales, aunque no se habló de preseas doradas, sino de dos de plata y dos de bronce.

Los tres cetros sobrepasaron las expectativas y superaron la cosecha de Singapur 2010 y Nankín 2014, las otras dos ediciones de la justa de baja importancia para potencias como Estados Unidos, que prefiere reservar a sus atletas jóvenes para otro tipo de competiciones.

La mediana relevancia de los Juegos para los grandes seleccionados no resta méritos al combinado venezolano, pero sí sirve para contextualizar y no exagerar las conquistas. A fin de cuentas para un grupo sin mayor rodaje, Buenos Aires bien podría ser un buen punto de partida para muchos de los atletas, que, a partir de esta experiencia, irán por nuevos retos y afrontarán competencias cada día más exigentes en el escenario internacional.

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