Caracas sin reservas: urgen baños públicos para la ciudad

El concejal José Bracho, quien presidió la Comisión de Obras y Servicios Públicos del Concejo Municipal de Libertador, asegura que dejaron sobre la mesa una ordenanza para procurar, construir y normar el uso de baños públicos. La idea, explica el edil, quien está por entregar su cargo, es recuperar los baños que aún existen en la ciudad, como el que opera en la Plaza Andrés Eloy Blanco, frente a la Basílica Menor de Santa Capilla. El único en su categoría en Libertador.

Caracas. Desde que las trabajadoras sexuales colonizaron los urinarios del antiguo Cine Urdaneta, en cuyos feudos se comercializaban la desnudez para aplacar el ardor de la carne, los sanitarios públicos cobraron cierto sentido de perversión en El Silencio. Aquel aforo de recreo, a donde solía acudir el General Marcos Pérez Jimenez para deslumbrarse con el baile de las chicas can-can, dejó inaugurado cierto mito de desenfreno, alimentado por la concupiscencia de una población que se regodeaba en el almíbar del placer. Entonces comenzaron a desaparecer los baños en la ciudad, hubo cierto decoro citanido y se clausuró cuanto meadero desarreglado se instaló en Caracas.

En el siglo pasado hubo baños medicinales en Caño Amarillo. Allí la Villa Presidencial Santa Inés, que inicialmente funcionó como sede del Aserradero El Túnel, cuyas acciones fueron atribuidas al presidente Joaquín Crespo, tenía baños hidroterapéuticos.

Puede que parezca inverosímil y hasta legendario, pero Caracas, la ciudad de la convulsión y el despiporre, también puede ser examinada desde las entrañas de sus baños, en ocasiones lugares de sedición y de placer, como, a decir de algunos usuarios, ocurre en grandes centros comerciales que son la mayor echonería de la modernidad. Los primeros sanitarios que dejaron a la ciudad boquiabierta fueron los construidos en el Centro Simón Bolívar. Son historia.

El complejo, inaugurado en 1954, tenía un inmobiliario lujosísimo y moderno, que dictaba cátedra de civilidad. Luego hubo baños en la Plaza Miranda, en la Andrés Eloy Blanco, en Parque Carabobo y más recientemente en el mirador de La Cota Mil. La oferta era generosa, quizás oportuna. Era tal vez la época de mayor esplendor de una ciudad que se dejaba seducir por los aires de las grandes metrópolis europeas.

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Hoy, coinciden sus habitantes, Caracas es el baño público y los peatones sin reservas los usuarios. La urgencia y la obscenidad se exhiben desvergonzadas por las calles, incluso en las más transitadas como las avenidas Universidad, Urdaneta, Lecuna y Baralt donde los residentes se bajan los calzones con el primer aviso de la vejiga. El los predios de Los Caobos se hace pipí por 20 bolívares y pupú por 50. Y cerca de la plaza de Catia los lugareños se asean desnudos en la calle, para aprovechar un hilo perpetuo de agua que es el auxilio de más de una familia.

Sin recursos para construir baños

Aunque en tiempos de escasez algunos la consideran una petición superflua, inoportuna, hay quienes creen necesario reeditar un proyecto de ciudad compartido, en el que quepan baños públicos para orinar, evacuar de emergencia, cambiarse de ropa, asear a los bebés o bañarse tras un imprevisto. Hasta ahora no se tienen cifras de los requerimientos y la alcaldía parece estar incapacitada para hacerlo.

La urgencia de orinar ha convertido a la ciudad en un baño público

A propósito de ello, el concejal José Bracho, quien presidió la Comisión de Obras y Servicios Públicos del Concejo Municipal de Libertador, advierten que dejaron sobre la mesa una ordenanza para procurar, construir y normar el uso de baños públicos. La idea, explica el edil, quien está por entregar su cargo, es recuperar los baños que aún existen en la ciudad, como el que opera en la Plaza Andrés Eloy Blanco, frente a la Basílica Menor de Santa Capilla. El único en su categoría en Libertador.

El también dirigente del PPT asegura que urge recuperar los servicios en una ciudad donde los motorizados apuntan, desvergonzados, hacia los peatones para orinar. «Es una ordenanza pertinente, mucha gente se orina en los espacios públicos y los motorizado en los viaductos».

Pero a juzgar por las fallas estructurales y de servicios que privan a los estudiantes de El Valle, La Vega y Antímano de usar las pocetas de sus planteles, el proyecto luce precipitado, ambicioso. Irreal.

Las plazas de La Moneda, España, el puente de las Fuerzas Armadas y Candelaria son urinarios desbordados. Las calles viscosas del centro, manchadas de fluidos humanos, son la mayor prueba de un problema que podría ser considerado de salud pública.

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«También existe otro problema. La mayoría de los negocios se niega a prestar el baño, una decisión que tiene su lógica: a veces no hay agua, no hay detergente para limpiar y se corre el riesgo de ser robado», reconoce el edil José Bracho.

La ordenanza de baños, cree el concejal, también servirá para rescatar los servicios en las estaciones de gasolina y terminales. Solo resta que el Ejecutivo local, encabezado por Érika Farías, promulgue la norma, que fue aprobada en segunda discusión y se encuentra engavetada.  Sin embargo, habría que examinar con detenimiento el inicio de una pretensión que luce tardía.

Luis Terrero, un transeúnte de 81 años de edad, residenciado en El Silencio, dice que lleva inscrita en su memoria la Caracas más urbana, más amable.  «Cuando era pequeño y solía caminar el centro de la ciudad con mis padres, las plazas tenían baños, estaciones de seguridad, teléfonos y cualquier clase de servicios», recuerda.

Los baños se improvisan por dondequiera

La Plaza Miranda, cuyo mayor carácter era justamente el de ofrecer sanitarios a sus visitantes, no es la excepción. Sin embargo, la Miranda perdió el proyecto de baños incorporados en su última remodelación, realizada hace más de dos años.

Los baños que existen en algunos parques públicos se desdibujan y los urinarios de los terminales perdieron la caracterización. Vladimir González, un comerciante del mercado de San Jacinto, en la parroquia Catedral, cuenta que la realidad a la que se enfrentan los 960 propietarios que allí laboran es crítica. En octubre les trancaron la llave de paso que alimenta al recinto y se quedaron sin baños.

«Ni los compradores ni nosotros tenemos dónde orinar. Algunos propietarios hacen sus necesidades en tobos y las echan en las alcantarillas. Eso es perjudicial para la salud», admite el vendedor de ropa.

En la Caracas de a pie, las fuentes y espejos de agua del Parque Los Caobos también son urinarios y aliviaderos. Para las familias de zonas residenciales quizás sea más fácil pensar que el problema del hedor queda resuelto con más baños, pero Yoleida Espinoza, encargada de la comisión de salud de la calle Colombia de Catia, la solución es compleja y pasa por reeducar a la población.

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«Cada vez nos parecemos más a los países pobre de África, donde, supongo, la gente orina en la calle porque no tienen baños, ni agua, ni casa», comenta.

Los desperdicios que toman por asalto las aceras e interrumpen el tránsito se mezclan con la hediondez de la micción al pie de un árbol, una puerta trancada, una pared rayada o al aire libre. En Quinta Crespo bien saben de ello. Allí los transeúntes orinan los acceso a la estación de Metro Teatros.

La Plaza Caracas, un asiento de la modernidad de 2.600 metros cuadrados, que es la memoria de una urbe de grandes aspiraciones, es la mayor muestra de suciedad. Indigentes y peatones improvisan baños en sus extremos y escaleras. La corroe el orine.

Gloria Herrera, una vendedora informal que se instaló hace cinco años en los alrededores de Capitolio, dice que usa el baño del C.C. Metrocenter. Pero cuenta que en una ocasión en la que estaban cerrados por falta de agua, se orinó la ropa. «Aquí uno resuelve, pero es verdad, nadie piensa en las mujeres ni en los niños», comenta

Aún cuando en Venezuela no hay estadísticas nacionales acerca de la incontinencia urinaria, se habla de una prevalencia de 1 por cada 4 mujeres mayores de 35 años.

Este año ciudades de la región como Bogotá se han propuesto ponerse al día con una de las deudas más importantes que tienen con el espacio público: la falta de baños, un grave problema que se resume en la cifra de baños públicos por habitantes: uno por cada 70.619 capitalinos. El déficit llevó a que se interpusieran varias acciones populares para obligar al Distrito a suplir esta carencia. Por lo que las autoridades adelantaron la instalación de tres servicios sanitarios para el lavado de mano.

Fotos: Luis Morillo


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