En esta celebración que el Ministerio de Educación llamó “Carnaval Caribes Caracas 2018” y que se festejó en la Plaza Bolívar, no hubo princesas, ni superhéroes, tampoco escarcha. Los trajes de Misión Vivienda, los libros de la Colección Bicentenario y las computadoras Canaima se apoderaron de los cuerpos de los niños y reemplazaron a sus personajes favoritos de televisión.

Caracas. Isabel solo sabía que cargaba entre sus manos una caja con envases vacíos del Clap. No presumía la caja al sujetarla, a pesar de que la maestra insistía en acomodársela para que posara ante la cámara: “Ponte aquí y sonríe”. Así, la pasta, la leche, el arroz, el aceite hicieron gala de ser productos importados frente al lente, aunque el lineamiento del Ministerio de Educación fue destacar las manifestaciones culturales del país.

En este “Carnaval Caribes Caracas 2018” festejado en la Plaza Bolívar no hubo princesas, ni superhéroes, tampoco escarcha. Los trajes de Misión Vivienda, los libros de la Colección Bicentenario y las computadoras Canaima, se apoderaron de los cuerpos de los niños y reemplazaron a personajes como Spiderman o los Cuatro Fantásticos.

En una circular del Ministerio de Educación dieron la orientación a las instituciones del Distrito Capital que participarían en la Comparsa de Carnavales Caribes Caracas 2018 de seguir seis temáticas en sus vestuarios o alegorías: Indigenismo, afrovenezolanidad, héroes y heroínas, manifestaciones culturales, logros de la revolución en educación, estudiantes uniformados.

Los trajes de Misión Vivienda, los libros de la Colección Bicentenario y las computadoras Canaima se apoderaron de los cuerpos de los niños.

“Son las sugerencias del objetivo 5 del plan de la Patria. Impulsar el reciclaje. Los disfraces de los niños plasman la Colección Bicentenario, la Misión Vivienda, bolsas Clap, las Canaimas”, dice una maestra. Duda al responder si los niños estuvieron de acuerdo: “Hubo uno que quería disfrazarse de Spiderman y le recordamos lo que pasó con Superman cuando varios niños se suicidaron porque creían que podían volar. También tenemos que desterrar los patrones que imponen los medios de comunicación social”.

Lo que estaba allí era una loa propagandística a la revolución. Por eso la foto donde hay un niño con una Canaima, con la Colección Bicentenario y las cajas del Clap. Los ‘logros de la revolución en educación’ es un bloque de propaganda que no tiene sentido en la lógica de carnaval, considera Olga Ramos, miembro de la Asociación Civil Asamblea de Educación. Señala que existe un empeño permanente de utilizar los espacios del sistema educativo para hacer propaganda del Gobierno.

Esto es violatorio del derecho a la educación, no se puede aprovechar una fiesta como los carnavales para cambiar la tradición y convertirla ahora en disfraces de canaimitas, Clap. Es como si los estudiantes le agradecieran el favor al Gobierno de distribuir las computadoras y los libros. Es su obligación que la educación sea gratuita.

Los compañeros de Isabel por encima del uniforme de la escuela se colocaron cartones con dibujos de edificios construidos por el Gobierno o las computadoras entregadas en las escuelas. De esa institución, ubicada en el 23 de Enero, no asistieron muchos estudiantes a la comparsa. La maestra dijo: “Los padres no entienden que estas actividades culturales forman parte de la educación”.

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Utilizamos materiales reusables, telas de saco, cartón y la pancarta de la alcaldesa del municipio Libertador, Erika Farías, para el vestido de la niña indígena, narra una docente. Esta niña durmió durante el acto.

A un lado, otra niña lucía un vestido de dama antañona, la tela fue reemplazada por bolsas negras y papel periódico. El lazo sujetado a su cintura y que colgaba en la falda tenía un titular de periódico que decía: “Con mayoría simple en la Asamblea Nacional podemos ejercer facultades”.

Mientras las escuelas iban incorporándose a plaza Bolívar en una comparsa que salió del Panteón Nacional, en el aire destacaban pancartas hechas con cartones del Clap que los estudiantes agitaban.

Otros llegaron como pudieron. “La convocatoria fue pequeña. Trajimos a los pocos niños que pudimos movilizar. Pues hoy nos tocó bajar en camión hasta la redoma de La Vega. Luego en camioneta hasta el Panteón. Nos aceptaron pagar solo cinco pasajes estudiantiles. Los otros se cancelaron a 1000 bolívares”, cuenta la maestra. Una de las niñas dice que está disfraza de negrita y que su compañera “es la patria”, lleva puesto un uniforme militar. “¿Soldado qué haces ahí?”, le pregunta la docente y sonríen.

Farías, Villegas y Cestari

En la tarima estaban niños disfrazados de indígenas, damas antañonas y otras que llevaban una falda para bailar joropo. A un niño que tenía puesto un traje de los Cuatro Fantásticos lo bajaron del proscenio. Ellos acompañaban a Erika Farías, alcaldesa del municipio Libertador, Carolina Cestari, jefa del gobierno de Distrito Capital, y al ministro de la Cultura, Ernesto Villegas. “Pese a las circunstancias difíciles, el pueblo heroico ha resistido. Están los dioses de la guerra y de la cultura de muerte como Trump, Rex Tillerson, ante ellos, el rostro de Chávez y de Bolívar”, dijo Villegas. Al ritmo de “el que no brinque parece un yanqui”, todos comenzaron a saltar y a repetir la frase.

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Solo dos niños danzaban por la plaza Bolívar. Imaginaban que podían volar con sus capas rojas: Eran dos Superman que sobrevivieron a los logros de la revolución en educación.

Fueron los únicos niños disfrazados de personajes de televisión.

Fotos: Carmen Victoria Inojosa



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