La migración forzada ha dejado a cientos de niños al cuidado de abuelos y otros familiares. Cecodap busca ofrecer herramientas que permitan hacer más llevaderos los sentimientos de frustración, desesperanza y angustia ante el duelo migratorio y que estos no afecten la crianza del niño.

Caracas. Cientos de niños han visto partir a sus padres hacia otros países con la promesa de volver a encontrarse. Un adiós que no se olvida con el paso de los días, sino que se hace eco y se inmortaliza. Quedan al cuidado de abuelos y otros familiares, quienes también han sucumbido ante la frustración, desesperanza y angustia que causó el duelo migratorio.

La ONG defensora de los derechos de la niñez, Cecodap, inició esta semana un programa de acompañamiento para fortalecer y ayudar a los abuelos y familiares que son cuidadores de niños cuyos padres han emigrado.

Se trata de brindar herramientas prácticas que permitan que estas personas se hagan cargo de la crianza de los niños, que sea un proceso no violento. En la medida en que abuelos y familiares se fortalezcan, los niños estarán protegidos, dijo Abel Saraiba, coordinador del Programa Creciendo sin Violencia de Cecodap.

El ciclo de sesiones comenzó en la escuela Paulo VI, ubicada en la Cota 905. Allí reciben a 51 cuidadores. Los sentimientos de frustración, desesperanza y angustia no han doblegado a estas personas, dice Saraiba, pues se han visto muy comprometidos con los niños. Más de 87 % de las familias que tienen niños dejados atrás, según Cecodap, no reciben atención psicológica.

Solo en 2018 Cecodap atendió más de 500 casos de niños dejados atrás, no solo de los padres que se fueron, sino los que están planificando irse. Esto se ha vuelto el tercer motivo de consulta en el servicio de atención psicológica.

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Hoy la salud mental no debe ser vista como un lujo, sino como una propiedad. No hay programas específicos del Estado en esta materia. Por eso venimos desarrollando un espacio de acompañamiento y escucha para dar respuestas a las dificultades que puedan estar teniendo los familiares, abuelos o cuidadores a quienes les ha tocado hacerse cargo de eso que hemos dejado atrás, explica Saraiba.

Desde 2015, según datos de la ONU, cerca de 3,3 millones de venezolanos han abandonado el territorio, convirtiéndose en migrantes y refugiados. Para Saraiba, la economía del país es uno de los puntos por lo que los padres deciden irse. Solo en 2018 la inflación sobrepasó 1.600.000 %.

Esto es una situación que tampoco los familiares terminan de solucionar estando afuera. Las remesas que envían rondan los 50 dólares, eso no garantiza que los problemas se subsanen. En 2018 pareciera que más familiares se fueron del país, hoy nada indica que el panorama inmediato se va a detener. La emergencia que empuja a irse. El llamado es que las familias busquen apoyo, sostiene.

Seis recomendaciones

1. Reconocer las emociones, el sentimiento e identificarlo.

2. Buscar ayuda, acompañamiento que permita procesar la experiencia.

3. Mantener regularmente el contacto con los familiares que están afuera.

4. Las promesas y acuerdos deben ser respetados. En la migración el elemento más amenazado es la confianza.

5. Es vital acompañar a la familia, articular las redes de apoyo de que se disponga y proteger al cuidador.

6. Antes del proceso migratorio, tomar algunas consideraciones: organizar el viaje, que el cuidador obtenga la documentación necesaria para que pueda representar al niño y que, a su vez, pueda despedirse del papá o la mamá.


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