Las profanaciones a las urnas y los asaltos a los familiares de los difuntos se han vuelto el pan de cada día en el camposanto. Los cráneos y fémures son los más buscados por quienes se dedican a la brujería.

Caracas. Armando Regalado lleva más de una década defendiendo a las víctimas de las profanaciones del Cementerio General del Sur. A finales de enero de este año comentó que a Dios gracias no le había tocado a él, pero a los días, cuando se dispuso a visitar el pequeño panteón en donde enterró los restos de varios de sus familiares, los recuerdos y la impotencia se juntaron en unos minutos: no encontró el cráneo de su mamá sepultado en 2011.

Desde la entrada del camposanto el señor Regalado caminó más de 10 minutos, hasta llegar al sector denominado “El Artista”, donde se suponían descansaban en paz sus hijos, su mamá y su suegra. Pasó por encima de incontables tumbas, pisó epitafios y observó cómo la mayoría de las urnas estaban profanadas.

Profanaciones Cementerio Sur
Es común que los ataúdes estén tirados en medio de las calles.

Cuando Armando Regalado vio que estaba mancillado el panteón de sus familiares, lo rodeó para observar cuáles cadáveres se habían llevado y notó que el ataúd completo de su madre estaba tirado a unos metros del lugar.

“Son muy pocas las que se salvan de este delito, pero por la manera en las que las violan, denota que hay distintas formas de hacerlo. Desde que enterré a mi hijo, en 2006, empecé a ver todos los delitos aquí. Por eso creé la Asociación pro Defensa de Familiares Víctimas de las Profanaciones (Aprofamiliares). Creo que esto que me hicieron es una advertencia”, dijo Regalado con las lágrimas a punto de caer.

La ropa con la que fue enterrada su madre estaba al lado del pequeño panteón y cuando se acercó a la urna, no estaba el cráneo. Desesperado comenzó a buscar en las cercanías a ver si lo encontraba y notó que algunos de los huesos estaban esparcidos entre la vestimenta de su mamá.

Sin dudar se dirigió a hablar con la gerente del camposanto, funcionaria que solo le ofreció mover todos los restos hacia un espacio más cercano a la entrada, donde pueden estar más pendientes para los delincuentes roben las lápidas.

Un lugar común

Este camposanto tiene una extensión 246 hectáreas. Fue inaugurado en 1876 durante el gobierno del presidente Antonio Guzmán Blanco. En 2006, el presidente fallecido Hugo Chávez lo mandó a clausurar por todas las denuncias que se tejían a su alrededor y porque ya no quedaba un huequito más para inhumar cadáveres. Por esa fecha la municipalidad le quitó la concesión a la administradora Jarchina.

Luego de eso cayó en manos de la Alcaldía de Caracas, órgano que según los visitantes arregla solo por donde pasa la novia. Hoy en día la exhumación de muertos, robos durante los sepelios, violaciones, consumo de drogas y la más común: las profanación de tumbas son los delitos que se cometen en este cementerio urbano.

Cráneos, fémures y otros restos de humanos están expuestos a la vista de cualquiera que transite por las calles, en donde también hay decenas de tumbas arrojadas.

Claro que los robos de huesos no son nuevos, pero en los últimos meses no hay urna que se respete, ya que hasta la de Joaquín Crespo, presidente de Venezuela en dos oportunidades, fue ultrajada junto a la de su esposa. Se desconoce el paradero del cráneo de Crespo y objetos valiosos con los que fue enterrado.

“Las tumbas de nosotros los chavistas están en buen estado”, dijo Norman Rodríguez, mientras barría las hojas secas que había alrededor del féretro de Lina Ron. En la misma cuadra pero al frente están las tumbas de Jorge Rodríguez (padre), Eliécer Otaiza, Robert Serra y María Herrera, todos personalidades que en vida pertenecieron a las filas del Gobierno y que ahora descansan en paz, ya que hay gente que a diario asea y mantiene sus panteones.

Fotos: Cheché Díaz.


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