La salida y entrada de habitantes que viven en la zona fronteriza se ha desviado a pasos no autorizados que son controlados por grupos irregulares. Las personas deben pagar aproximadamente 10.000 pesos —unos 10.000 bolívares— para cruzar. Hoy en día, 3000 niños venezolanos que estudian en Cúcuta no han podido recibir clases tras el cierre fronterizo.

Cúcuta. La movilidad humana en la frontera colombo venezolana está obstaculizada por camiones y contenedores que bloquean el paso en los puentes internacionales Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander y La Unidad. Son obstáculos dispuestos por el Gobierno de Venezuela tras el intento de ingreso de camiones con ayuda humanitaria. No solo ha sido la represión de cuerpos de seguridad de Venezuela lo que ha bloqueado el camino desde el 23 de febrero, también se ordenó reforzar los camiones con arena.

Sobre los puentes pesan dos anuncios de Nicolás Maduro e Iván Duque, realizados los días 22 y 24 de febrero, respectivamente, que marcan el cierre del paso fronterizo por Táchira y Norte de Santander. A la fecha se desconoce cuándo serán habilitados. Migración Colombia ha dicho que se restringirá el paso sobre estos tres puentes “hasta que no haya garantías para los transeúntes”, pues han detectado “personas armadas”.

La salida y entrada de habitantes que viven en la zona fronteriza se ha desviado a pasos no autorizados que son controlados por grupos paramilitares: las trochas.

A siete días del cierre de la frontera, las trochas ponen en jaque a los habitantes de la zona fronteriza. Junior Romero vive en San Antonio del Táchira y trabaja como mesero en un restaurante del centro de Cúcuta en Colombia. Aunque le pagan menos de salario mínimo, con eso puede pagar deudas, comprar alimentos para su familia y ahorrar. Tras el cierre de la frontera, asegura que consiguió una “vuelta” para pasar: Pago 15.000 diarios ida y vuelta. Saben que uno vive aquí y trabaja allá, pues uno negocia con ellos, dijo.

En La Parada, primer barrio de Villa del Rosario que se localiza al llegar a Colombia por el Puente Internacional Simón Bolívar, se escucha a trocheros que gritan “cinco minutos a San Antonio”. A un costado del puente se encuentra una trocha que a cada segundo, en medio de matorrales y tierra, pareciera tragar y escupir gente. Desde allí parten las personas para ir a Cúcuta o regresar a Venezuela.

Un informe de Migración Colombia publicado en febrero, señala que al cierre del año pasado, 292.319 venezolanos ingresaron a territorio colombiano sin autorización al país por estos pasos.

Aunque los trocheros dicen que son cinco minutos, pasar por la trocha puede demorar media hora. Se cruza por el río Táchira y se camina por matorrales angostos. En ese tiempo, personas van y vienen. Están cargadas de grandes cantidades de equipaje, muebles y hasta neveras. El camino es vigilado por grupos irregulares que tienen radios, a quienes se les paga aproximadamente 10.000 pesos por pasar. En la vía están quienes venden agua, chucherías y ofrecen café.

La última vez que Venezuela cerró sus fronteras con Colombia fue el 19 de agosto de 2015, pasó un año para que el paso fronterizo fuese abierto nuevamente. Un supuesto ataque a militares de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) fue lo que llevó a Nicolás Maduro a restringir el paso en esa oportunidad.

Sin poder ir a clases

Francisca Torres, de San Antonio del Táchira, tiene dos hijas: Slendy y Yarimari. A diario cruzaban los más 315 metros de puente y aduanas de los dos países para llevarlas al colegio.

La educación es muy pésima aquí [Venezuela], por lo que decidí inscribirlas en el Colegio La Salle en Cúcuta. Ahora no sé qué voy a hacer. Está la frontera cerrada y los trocheros no dejan pasar gratis, yo no tengo 60.000 pesos diarios para ir y venir con ellas, dijo, mientras las veía repasar las tareas que quedaron pendientes del viernes 22 de febrero.

Son 3000 los niños venezolanos que viven en Venezuela y estudian en Cúcuta, dijo a Crónica.Uno, Jonathan Mejía, del Área de Cobertura de la Secretaría de Educación de la Alcaldía Municipal de Cúcuta. Desde que se anunció el cierre de la frontera no han podido recibir a los estudiantes.

Es una gran problemática, ya que los menores son los más afectados. Es muy triste que la comunidad educativa no tenga la posibilidad de acceder al sistema educativo y a todo su entorno como comedor escolar y seguridad escolar, expresó Mejía.

Este viernes se reunieron con el Gobierno, el Ministerio de Educación y la Cancillería de Colombia para exponer la situación y tratar de «hacer algún tipo de diálogo con vecino país».

Los que se van

Quienes deciden migrar hacia Colombia, Ecuador, Perú, Chile o Argentina, y lo hacen a través de los pasos binacionales, también están afectados.

Si antes era un sacrificio pasar con las maletas por el puente Simón Bolívar, un trayecto asfaltado, hacerlo cargando peso por caminos irregulares es toda una odisea. El calor típico del lugar, más la humedad y el polvo de las trochas, complica el tránsito.

Quienes solo necesitan acompañamiento pueden pagar hasta 10.000 pesos, si llevan maletas, la cuota aumenta desde 30.000 pesos a 50.000 pesos por persona dijo Omar, un trochero que aguarda por pasajeros en la redoma de El Cementerio de San Antonio del Táchira.

Todos coinciden en que nadie se beneficia con este cierre, ni el mismo Gobierno, pues saben que muchos de losgrupos de choque que le apoyan en San Antonio y en Ureña hacen vida económica en estos pasos fronterizos.

Todos reciben plata de la frontera, no solo el gasolinero. Que no crea el Gobierno que cerrando la frontera la gente se va a calmar. La presión de este lado, aunque no se vea, es grande y debe abrirla. De lo contrario, sus mismos malandros se la hacen abrir, dijo el joven trochero antes de irse con un cliente por la trocha.

Fotos: Luis Morillo


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