El Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional y la Dirección de Inteligencia y Estrategias Preventivas del Zulia son los cuerpos que lideran las persecuciones en la ciudad. Los líderes comunitarios de oposición han dejado su rutina por resguardar su vida.

Maracaibo. La agenda de calle en Venezuela se agudizó hace 124 días. En Maracaibo protestar, hacer cacerolazo y organizar a la comunidad para participar en marchas y mostrar su descontento con el régimen es sinónimo de persecución, terror y amedrentamiento por parte del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin)​ o de la Dirección de Inteligencia y Estrategias Preventivas (DIEP) del Zulia.

Los blancos son los dirigentes o líderes comunitarios que en primera fase son ubicados con fotografías, dirección o dinámica diaria por “los patriotas cooperantes” o “colectivos”. Luego, los cuerpos de inteligencia entran en acción para que el opositor desista de su poder de convocatoria o resistencia.

En pleno centro de Maracaibo, un líder comunitario —quien decidió mantenerse en el anonimato— contó que su “lucha” viene desde el 2014, cuando infiltrados del Gobierno comenzaron a marcarle los pasos. Sin embargo, esta seguro de que estos últimos tres meses han sido “los peores” para él. Lo que quieren es que uno deje de mover gente para protestar en contra del Gobierno, por eso incrementó mi persecución.

La dinámica de vida del hombre debió cambiar por completo. Su manera de vestir y hasta su horario de trabajo. Han ido a mi casa y me dejan mensajes, me siguen a donde voy y rondan en el barrio. Él sabe quiénes son sus verdugos, por eso ha tenido que “brincar de casa en casa” estos últimos 124 días para evitar que “lo marquen”.

El patrón de seguimiento del Sebin es variado. Andan en camionetas negras, sin placa. Se estacionan muy cerca de la entrada de las casas, a veces se visten de civil y se integran a los grupos de protestas para ubicar caras. El dirigente confesó que la cacería actual es a través de fotografías. Los infiltrados o la gente de los consejos comunales toma fotos de uno y se las da a ellos, así terminan sabiendo toda tu vida hasta que no hallas manera de escapar.

Ellos juegan con la psicología de uno. Me siento mal, porque no puedo descansar en mi casa y uno vive con miedo pero con las mismas ganas de luchar. He tenido que cambiar de apariencia. Me visto diferente, uso lentes oscuros, me dejo la barba o el bigote y a la semana me los quito, y así voy camuflajeado para poder estar relativamente tranquilo y seguir vivo.

El aspecto personal de los líderes perseguidos también se ve afectado cuando se intensifica su búsqueda. En el caso de él, solo sale en taxis de alta confianza que lo esperan a que haga sus diligencias y trabaje, no puede tener novia, ni amigos y mucho menos participar en fiestas o reuniones familiares. “Uno prácticamente queda solo, no puedes tener contacto cercano y seguido con nadie, así vivo yo aquí en Maracaibo pero mis esperanzas están vivas. Creo que si hay un cambio significativo en este régimen creo que los líderes y los activistas que estamos siendo perseguidos podríamos tener un futuro próspero, sino lamentablemente tendremos que huir o vivir en la clandestinidad porque ellos no va a frenar hasta vernos presos o muertos”.

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No es seguro comunicarse con nadie

En el oeste de la ciudad se repite la situación. Roberto —como prefirió identicarse el líder parroquial para evitar más represalias— tiene más de dos meses sin poder hablar con algún miembro de su familia. El pasado mes de mayo, la empresa telefónica Movistar le informó vía SMS que su línea había sido suspendida por orden judicial, seguidamente, funcionarios del Sebin lo visitaron en su casa para advertirle que “se cuidara”.

Desde ese día, cualquier línea telefónica que tengo me la pinchan, por eso me fui de mi casa, a pesar de ser un hombre de edad, decidí apartarme de mi familia para que no les hagan daño, ni siquiera ellos saben dónde estoy.

Roberto sigue trabajando en su carro por puesto en una ruta de la parroquia Francisco Eugenio Bustamante, visita a sus hijos y a su mujer una vez al mes, un día al azar. Se dejó crecer el cabello, la barba y el bigote para que nadie lo identifique y también cambió de carro. Dice que aunque un grupo de colectivos vigila día y noche su edificio desde la azotea de otra estructura cercana, no teme por su vida.

Esta lucha debe continuar, casi todos los días me llaman para sembrarme psicoterror, dicen que van a matar a mis hijos, que van a violar a mi esposa, que aparezca, pero yo creo que debo ser fuerte, conmigo no va a poder un grupo de delincuentes con uniforme.

El sexo no importa

Irene Mendoza —nombre ficticio—, líder de un populoso sector de la parroquia San Isidro, más al oeste de Maracaibo, tuvo que enviar a su hijo de cuatro años con su madre para Colombia, mientras ella “sigue en la lucha por la mejor Venezuela”. Se jacta en decir que en la última convocatoria de la Mesa de la Unidad Democrática logró que todos los comercios de la zona se plegaran al paro de dos días y medio, mientras que 320 vecinos organizaron un sancocho para cerrar la actividad. Esa acción le costó su fichaje en la lista de perseguidos de los grupos de inteligencia militar.

La semana pasada se metieron dos hombres en la casa, me dijeron: ‘te manda a decir el Sebin que si no dejáis la vaina, vais a aparecer picoteada’. Obviamente me da miedo, ellos se quedaron un rato diciéndome cosas, me amarraron y me pegaron, hasta que se fueron. Esos son los mensajes que envían ellos.

Ser mujer no implica la compasión ni un grado menor en la dinámica de persecución de los grupos armados. Luego de cortarse el cabello como un hombre, mientras se medía ropa de caballero, Irene soltó el llanto. Yo amo a mi país, esto no es por política, esto es por hambre. Yo sueño ver crecer a mi hijo en el mismo país que yo y que disfrute de la libertad. Los niños en mi comunidad se mueren de desnutrición mientras este Gobierno se ríe de nosotros, pero si creen que me van a amedrentar, se equivocan, prefiero que mi hijo viva en una Venezuela libre sin madre, que en un país oprimido [y] con su madre presa.

“El demócrata no se le entrega a la dictadura”

Para Leonardo Fernández, presidente del Consejo Municipal de Maracaibo y militante del partido Un Nuevo Tiempo, “el demócrata no se entrega a la dictadura”. Confirmó que las persecuciones en la ciudad no son solo contra diputados y concejales, sino también contra los “Angeles de hierro”, es decir, los líderes comunitarios.

Denunció que además de la persecución administrativa por parte de la Contraloría General de la República con inhabilitaciones, la persecución va mucho más allá, nuestros guerreros civiles, que movilizan la gente en los sectores populares, que organizan los cuadros de los partidos, que tienen contacto directo con la comunidad y bajan la información, esos son los que están siendo acechados, dirigentes juveniles y líderes.

Fernández enfatizó que en los sectores populares los grupos de persecución se basan en “la figura del sapo y de los colectivos que están ahí para identificar y contener la protesta ciudadana” para perseguir e irrumpir sin ninguna base legal en la casa de las figuras comunitarias.

Estas acciones ha llevado a que tengamos previsiones todos, se mueven de casa, de parroquia e incluso dejan de trabajar. Aquí ha sido perseguida desde gente que trabaja en la economía informal, en el centro de la ciudad, hasta gente de la administración pública. Lamentó que “la maquinaria” de las comunidades sufra las arremetidas del partido de gobierno y “la vulneración de los Derechos Humanos”.

El mensaje que envían constantemente desde La Unidad es de prevención. “Yo creo que presos no hacemos nada, tenemos que seguir luchando para continuar en la calle diciéndole a la gente lo que está pasando y demostrarle al Gobierno que precisamente en los sectores populares son los más golpeados”.

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Fotos: Cortesía



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