La máxima justa del beisbol internacional requiere un mayor apoyo en Estados Unidos para mantenerse y consolidarse, según expertos.

Caracas. La cuarta edición del Clásico Mundial de Beisbol arrancó hoy en Corea del Sur con las acostumbradas dudas sobre su viabilidad en el futuro, las críticas de siempre por lo atravesado de su calendario, el lamento habitual por las numerosas deserciones y el ya consabido rechazo a las limitaciones a las que el reglamento somete sobre todo a los lanzadores de las 16 novenas participantes. Nada nuevo con respecto a los tres torneos anteriores.

El origen de los prejuicios con los que el Clásico ha tenido que lidiar desde su génesis en 2006 quizá parta de la equivocada y absurda comparación que suele colocar a un evento principalmente creado para expandir la difusión, práctica y conocimiento de las reglas del beisbol lejos de su escenario por excelencia a la par de un certamen global, con las dinámicas propias de una disciplina diferente y con una inigualable estructura organizacional como la que respalda cada cuatro años la celebración de los Mundiales de fútbol.

No obstante, el certamen ideado por la Major League Baseball (MLB), la Confederación Mundial de Beisbol y Softbol y la Asociación de Peloteros de las Grandes Ligas ha sido exitoso en varios aspectos. El más visible es el privilegio de darle la oportunidad a un buen número de estrellas profesionales del diamante de representar a sus países, algo que ni los campeonatos mundiales de beisbol ni los Juegos Olímpicos, en su momento, han sido capaces de lograr.

Precisamente, la vuelta de la pelota al escenario olímpico en Tokio 2020 también es atribuible en cierta medida al interés y al fervor que despierta el enfrentamiento de selecciones en Latinoamérica y el continente asiático, las dos regiones que a través de República Dominicana (2013) y Japón (2006 y 2009) han conquistado los tres cetros de la justa que este año se jugará hasta el 22 de este mes.

La pasión que desata el Clásico en algunas latitudes contrasta con la apatía con la que es percibido en la nación donde siempre el beisbol fue más popular: Estados Unidos. Y esa falta de entusiasmo del Tío Sam repercute en las asistencias en las rondas finales —instancia dos veces vedada para el combinado de las barras y las estrellas— así como también en la ausencia de grandes figuras. En términos de tribuna, ese ha sido hasta ahora el “rollingcito entre las piernas” que se le ha escapado a esta gran competición.

La tarea pendiente

“En general, creo que la MLB debe aumentar el interés de los fans y los peloteros estadounidenses para sobrevivir y tener éxito en el futuro. La falta de participación de algunas estrellas de Estados Unidos es una mala señal”, apunta al respecto vía correo electrónico el reportero de MLive, Evan Woodbery, quien cubre el día a día de los Tigres de Detroit en el Spring Training.

Woodbery intuye que para que el roster del país donde nació el Clásico sea un verdadero Dream Team capaz de mejorar el discreto récord de 10-10, conquistar seguidores y cosechar títulos, es necesario un cambio de fecha, pues, como le manifestó recientemente el criollo Víctor Martínez “nadie puede estar listo para el CMB con cinco innings o cinco turnos en los juegos de exhibición”, y esa poca preparación hace temer por lesiones y propicia inasistencias.

“Los jugadores y fans latinoamericanos están apoyando el Clásico. Para prosperar, el Clásico necesita el mismo apoyo de los estadounidenses”, puntualiza el cronista. Al menos el vicepresidente de Comunicaciones de la MLB John Blundell es optimista con respecto a la asistencia este año.

“Esperamos igualar o superar todos los números y venta de entradas del Clásico anterior”, escribió también vía e-mail el ejecutivo. Esos guarismos arrojaron que el promedio de espectadores por partido en 2013 fue de 20.037. El letrerito de “Sold Out” (agotado) en las taquillas del Marlins Park de Miami para el juego de este sábado entre Dominicana y Estados Unidos es un indicio alentador para las estimaciones del principal organizador.

Foto: Jorge Mejía Peralta / Flickr.


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