Las bombonas de gas escasean en Venezuela debido a que su producción está afectada por la importación del gas propano. Desde 2008 se dejó de extraer este material en las plantas de LGN del Tablazo. También perjudica el contrabando hacia Colombia de las bombonas de 10 kilos, que cuestan 50 bolívares y son vendidas en ese país en 15 dólares.

Caracas. Recorrer todo el barrio, subir un sin número de escaleras con una bombona al hombro y, si se tiene suerte, como parrillero de una moto, es el día a día de los caraqueños que no cuentan con la fortuna de tener gas directo.

Los tiempos en los que un camión pasaba por la calle principal del barrio o de la urbanización un día y hora específicas para abastecer de gas de uso doméstico a los vecinos, quedó en el pasado. Hoy, para comprar un cilindro, los caraqueños —y el resto de habitantes del país— deben madrugar, hacer colar bajo el sol inclemente, exponerse a ser robados y a la inseguridad de manipular directamente las bombonas de gas.

El padecimiento se debe a la crisis que enfrenta la industria petrolera. La merma de la producción, los bajos precios y el control estatal incide en la  distribución de gas.

Antero Alvarado, socio principal de Gas Energy Latin America,  explicó en portal Petroguía que hasta el 2008 se extraía el propano en las plantas de LGN del Tablazo, ubicado en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo del estado Zulia. Esas plantas se apagaron al no haber suficiente gas y hoy en día ese hidrocarburo se debe importar para la petroquímica y para las bombonas. Se paga en dólares y se vende la bombona de 10 kilógramos a 50 bolívares. Mientras más se agudice la crisis no se podrá importar propano subsidiado. Cosa que ya está ocurriendo.

Alvarado agrega que el problema de escasez de las bombonas viene por declinación de producción en el occidente del país, pérdida de riqueza del gas en oriente, monopolio del Estado en los hidrocarburos líquidos, bajísimos precios aun siendo importado. También mencionó que se expropiaron empresas de Gas Licuado de Petróleo (GLP) y que hay un déficit de 2 millones de bombonas.

A propósito de este artículo, Antero Alvarado dijo el 3 de agosto del 2017 en el programa Portales que Pdvsa pierde dinero en la producción y abastecimiento de bombonas.

Una vez hicimos una estimación en el tema de gas tanto en bombonas como en la red de gas residencial… lo mismo aplica para los eléctricos, estamos hablando de casi unos 4 billones de pérdidas que le cuesta al Gobierno que haya gas tanto metano o propano en los consumidores finales. Al final, una cosa que pudiera ser un negocio rentable es una carga. (…) Entonces, la gente sigue pagando nada, muy poco, Pdvsa sí está sufriendo esa situación, tiene que traer propano importado.

En torno al contrabando de las bombonas criollas hacia Colombia, el experto en gas natural afirmó que esa no es la causa, sino que existe una escasez de esos cilindros de GLP “de más de dos millones de litros”.

Vecinos con las tablas en la cabeza

En recorrido por algunas barriadas populares de los municipios Libertador y Sucre, el equipo de Crónica.Uno recibió quejas vecinales referidas a las dificultades para comprar el gas doméstico, entre ellas se cuentan: escasez de las bombonas, falta de repuestos en los camiones distribuidores, pérdidas de los cilindros y sobreprecio. Los consultados dijeron que consiguen el producto a un precio mayor que el regulado por Pdvsa.

Desde hace más de 20 años la familia Mendoza vende gas en la Calle Ferro con Carpintero, Petare.

Hasta hace algunos años, la distribución de gas la hacían empresas privadas que llegaban a las distintas comunidades, en una compra directa entre el consumidor y el distribuidor (camiones). Adicionalmente, era común que algunos negocios vendieran sin ningún tipo de problemas o restricciones las llamadas “bombonas de autogas”. Algunos recuerdan, incluso, que cuando se les terminaba una bombona, llamaban a la oficina del distribuidor —Tropigas, Domingas, Vengas, Digas, Taurogas, entre otros— y se la enviaban.

Ahora en algunas comunidades se organizan para adquirirlo, con ciertas restricciones, a través de los consejos comunales, llevando las bombonas a los llenaderos u otras modalidades. El consejo comunal de cada sector recibe los cilindros y el respectivo pago, los entregan a los distribuidores y esperan algunos días por el camión repartidor. Al momento de la entrega, las familias deben estar pendientes para evitar que se pierda su recipiente.

Donde no se ha logrado el convenio con la gente de la estatal petrolera para la obtención del servicio, los vecinos deben permanecer alertas y trasladarse a otras zonas del barrio —con los peligros que eso conlleva— a buscar las bombonas.

Liris Díaz, vecina del sector Las Clavellinas, en Carapita, subió a las 5 de la mañana al sector El Manguito. Cuando estaba con unas vecinas formando la cola, llegaron unos sujetos con armas en las manos, les dieron los “buenos días” y les preguntaron qué hacían allí. Cuenta que, asustada, atinó a decir “esperando el gas”. Afortunadamente, los sujetos siguieron su camino. Para ella este es un riesgo que no puede evitar, solo así puede obtener las bombonas y preparar los alimentos a sus parientes.

El peligro de la falta de mantenimiento

Además de tener que trasladarse a lugares peligrosos o hacer esfuerzos para hallar un contacto que lleve el suministro, a la hora de comprar la bombona los vecinos también deben verificar que el estado del cilindro para no recibirlo en mal estado. En noviembre de 2016, el diario El Nacional reseñó el caso de habitantes de la carretera vieja Caracas-La Guaira quienes informaron que los cilindros recibidos presentaban fugas de gas.

En esa misma nota hicieron mención a fuentes anónimas del sector petrolero que alertaban sobre el peligro de distribuir bombonas deterioradas que no cumplen con las normas de calidad. Las fuentes afirmaron que es urgente reponer las bombonas deterioradas para evitar que se produzca un desabastecimiento del combustible por carencia de los cilindros.

El Ministerio de Petróleo y Minería no ordena las inspecciones y pruebas técnicas, como la hidrostática, desde hace 14 años. Estamos hablando de que en Venezuela hay 15 millones de bombonas circulando, pues 87 % de la población utiliza el GLP.

“Propina” que pierde Pdvsa

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Mientras el Estado percibe 50 bolívares por cada bombona, el que la distribuye obtiene una “propina” de manos de los consumidores 10 veces mayor al precio, lo que representa pérdida para Pdvsa porque ese dinero no entra a sus cuentas y, por lo tanto, no se invierte en la producción de ese servicio.

Sin embargo, hay excepciones. Por ejemplo, Coromoto González, residente de Los Mecedores, en La Pastora, no pasa trabajo para comprar una bombona de gas de 10 kilos que cuesta 50 bolívares, pues el camión pasa constantemente por su comunidad.

Le damos 500 bolívares porque a uno no le cuesta nada darle un poquito más por ese precio tan barato, nos la llevan prácticamente hasta la casa sin hacer cola. La otra vez duramos un tiempo sin recibir el servicio porque unas personas se quejaron por la propina que damos. A mí me da pena pagar 50 bolívares, eso no le alcanza para nada al señor del camión. Mi familia que vive en los barrios de Antímano pasa trabajo para comprar el gas.

En Catia, Irina Rivas compra la bombona con el consejo comunal al precio estipulado por el Gobierno, pero nosotros damos 500 bolívares  para que a los trabajadores les quede ‘algo’ porque aquí una bombona llegó a costar hasta 50.000 bolívares.

Ricardina Linares afirma que por su residencia, en La Vega, la bombona cuesta entre 500 y 1000 bolívares, para eso es mejor que la aumenten, porque uno les está pagando de más y ellos tienen una ganancia que no sabemos a dónde va a parar porque legalmente el costo es de 50 bolívares y a los distribuidores se la venden a 10 bolívares y ellos deberían tener una ganancia de 40 bolívares

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En la calle Ferro con Carpintero, Petare, municipio Sucre, la familia Mendoza vende gas doméstico desde hace más de 20 años. Cuando comenzó la escasez de gas, la gente no tenía tiempo para estar buscando al camión o un lugar para comprar, por lo que el jefe de la familia salía en su propio carro a buscar el gas para los suyos y como un favor traía el de los vecinos. De eta manera comenzó este negocio y ahora que la situación de la escasez de gas se perpetúo, el señor Martínez vende el gas entre sus vecinos.

Judith Mendoza afirma que venden las bombonas bajo la supervisión de los cuatro consejos comunales de la zona, que el precio lo han fijado dependiendo del costo en que las consigan. En teoría, debe venderse a 50 bolívares la de 10 kilos, pero en la práctica el precio supera los 2000 bolívares porque debe sumarse el pago de transporte para ir a los llenaderos. Les ha tocado ir a varios sitios, lo más lejos ha sido Caucagua.

Así, no tienen un precio fijo para las bombonas porque wste depende del costo en que la consigan. Por ejemplo, en diciembre las vendieron en 30.000 bolívares porque las consiguieron caras. En enero las ofertaron en 10000 bolívares y pudieron cumplir con lo establecido de donar tres a los Centros de Diagnóstico Integral de las comunidades aledañas. El negocio les permite ganarse la vida. También se rebuscan con la venta de helados chupi.

Pdvsa pierde 

Según investigadores del Centro de Energía y Ambiente del IESA, María Alejandra De Francesco y Diego Guerrero, participantes del estudio “La reducción del subsidio gas licuado de petróleo en Venezuela políticas equitativas para un consumo eficiente”, la venta de bombonas genera pérdidas al Estado, ya que al ofrecerse en el mercado a costos desfasados del contexto actual, los consumidores brindan en calidad de “propina” al que la vende en el camión hasta 10 veces más de su costo regulado.

En el estudio —realizado en octubre de 2016 en 420 hogares de Petare y patrocinado por la embajada británica— se señala el contrabando de los tanques como otra situación que genera pérdidas a la petrolera. Esto ocurre porque su precio internacional es mayor, oscila entre 10 a 15 dólares. El gas metano cuesta 5 dólares por kilo.

En torno al subsidio y la pérdida que este genera a Pdvsa, Guerrero aseveró que el primer costo equivale a 600 millones de dólares anuales, eso fue en 2015, que fue comparando el precio internacional del GLP con el precio que estamos vendiendo domésticamente y  la cantidad de consumo  doméstico que existe.

El investigador del IESA destacó que la escasez de las bombonas también causa pérdida para las familias, ya que deben invertir tiempo en las colas para comprarlas. 70 % de las personas que compran el gas son mujeres, se transportan a pie y hacen cola hasta de media hora.

En en el programa Portales transmitido el 10 de agosto del 2017, Diego Guerrero informó que Datanálisis fue la compañía contratada para realizar las encuestas. Dijo que para el momento del estudio las personas pagaban 200 a 300 bolívares por bombona de 10 kilos; ahora debe ser un precio más alto, puede estar entre los 5000 a 15.000. Las familias solían tener bombonas de reemplazo, 65 % de los hogares usaba bombonas de 10 kilos, un 30 % usaba de 17 kilos.

María Alejandra De Francesco comentó en ese mismo programa radial que aparentemente, sí pagan el precio regulado de la bombona, sin embargo, en la distribución asociada a los camiones y a los conductores está implícita una propina que debe pagar el consumidor al distribuidor.

Los investigadores asumen que como las bombonas son distribuidas por Pdvsa Gas algún trabajador de esa institución relacionado con la repartición se queda con la diferencia, dinero que no está establecido en ninguna parte.

Fotos: Francisco Bruzco



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