Con la basura por recoger seis concejales oficialistas aspiran a la reelección en Libertador

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Con un año de rezago en la contienda municipal, Caracas heredará del concejo anterior los mismos retos urbanos por conquistar: el manejo eficiente de la basura, la unificación del transporte público y la gestión de mejores servicios. Quienes resulten electos para el próximo período tienen la tarea de retomar las ordenanzas a medio camino, una tarea que pesa, desde ya, sobre los ediles que aspiran a la reelección, como los psuvistas Yuset Brito, Carmen Zerpa, Nahum Fernández, Armando Graterol y Roque García. Al igual que José Bracho, por Patria Para Todos.

Caracas. Es mediodía, el sol arde sin reservas y el aire espeso arrastra un olor pestilente que impregna a toda la comunidad de San Miguel en la parroquia La Vega. Una mujer acicalada arroja apresurada una bolsa de basura y de inmediato se suspende una nube densa de moscas. Es el botadero a cielo abierto de cientos de familias que reclaman un óptimo servicio de aseo en Libertador, un municipio que produce más de 2500 toneladas diarias de desperdicios que yacen por dondequiera: en las barriadas, a boca de Metro, en las avenidas y en pleno centro administrativo; casi ningún lugar escapa de las bolsas desmembradas.

María González vive en San Miguel y dice que el camión del aseo tiene más de tres semanas sin pasar. Lo reitera mientras señala una montaña de basura desparramada que, a su juicio, es la consecuencia de un problema de vieja data que arrecia en toda la ciudad. “Hay que meterle el ojo a este inconveniente”, dice.

Con las elecciones de concejales en puertas, las fallas del servicio de aseo son, sin vacilar, una tarea por resolver y se perfilan como el mayor desafío para los próximos ediles. El problema compite con la falta de servicios esenciales en Distrito Capital.

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A propósito de la contienda electoral, que se llevará a cabo el 9 de diciembre, hay quienes ponen en tela de juicio el rendimiento del órgano legislativo más importante de la ciudad: la Cámara de Libertador. Con 13 curules, el cuerpo legislativo local concluye una gestión llena de tropiezos y un saldo humano negativo.

Desde diciembre de 2013, cuando fueron electos los concejales en todo el país, dos de los miembros de la Cámara de Libertador perdieron la vida en diferentes circunstancias. Uno de ellos fue Eliécer Otaiza, quien fungió como presidente de la cámara y fue asesinado, en abril de 2014, en el interior de su camioneta en el este de Caracas. Su cadáver fue localizado en Turgua, municipio El Hatillo.

Otro integrante de la cámara, que murió este año en condiciones aún por aclarar, fue Fernando Albán. Aun cuando el Gobierno sostiene la hipótesis del suicidio, los familiares y allegados aseguran que fue lanzado del décimo piso de la sede del Sebin, ubicada en Plaza Venezuela. Fernando Albán era secretario nacional del área gremial de Primero Justicia. Igualmente, era participante del programa Olla Solidaria de la organización Caritas. Católico practicante, casado y con dos hijos mayores de edad residenciados en el exterior.

José Bracho, presidente de la Comisión Permanente de Obras y Servicios Públicos, hace su propio balance sobre la gestión del cuerpo legislativo de Caracas. Es crítico y admite la falta de voluntad política de parte del Ejecutivo local. Señala que solo su comisión produjo siete ordenanzas, todas pensadas para ordenar y planificar la ciudad. Pero los instrumentos legales no fueron promulgados. Aún aguardan por la firma de la actual alcaldesa Érika Farías. Hubo una interrupción importante con el cambio de gobierno municipal, de Jorge Rodríguez a Érika Farías, dice. Se trata de una maniobra política que los obligó a cambiar la nomenclatura de las ordenanzas y que, a su juicio, ralentizó el trabajo.

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Entre los proyectos elaborados por los ediles, existen ordenanzas dirigidas al manejo de transporte, de desecho sólidos, para rescatar la bicicleta como medio de transporte y para la construcción de baños en la ciudad. Bracho asegura que entre todas las ordenanzas descuella un proyecto importante, que en la práctica no ha sido materializado. Son los Consejos de Locales Planificación, una instancia que quedó a medio camino y que sirve para reglamentar y generar el presupuesto de cada parroquia. “Fue una gestión con nula participación. Hubo baja participación del sector popular”, reitera Bracho.

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Niños de zonas cercanas a Plaza Venezuela empezaron a utilizar el agua de la fuente en Plaza Venezuela para lavar ropa y bañarse, lo han tomado como una práctica normal.

Quienes resulten electos para el próximo período legislativo, cuya duración es de cuatro años, tienen la tarea retomar las ordenanzas y conseguir la firma de la alcaldesa, una tarea que pesa, desde ya, sobre los ediles que aspiran la reelección, como los psuvistas Yuset Brito, Carmen Zerpa, Nahum Fernández, Armando Graterol y Roque García. Al igual que José Bracho, por Patria Para Todos.

Con un año de rezago en la contienda municipal, que debió celebrarse en 2017, Caracas, la eterna sultana del Ávila, heredará del concejo anterior los mismos retos urbanos por conquistar: el manejo eficiente de los desechos, la unificación del transporte público, la seguridad y la gestión de mejores servicios.

El deterioro corroe además los espacios más emblemáticos de la ciudad. La abulia y la indiferencia municipal se instalan en el patrimonio más simbólico de la ciudad, como la plaza Caracas, un asiento de la modernidad, de 2600 metros cuadrados, que es estampa, memoria y reminiscencia de una urbe de grandes aspiraciones, cuyos trazos arquitectónicos más gruesos dejaron de reproducirse hace más de 30 años, con la llegada del Metro y sus servicios.

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Enmarcada por las torres de 32 pisos del Centro Simón Bolívar y diseñada por el arquitecto Germán Castro, hoy la plaza Caracas es un remedo de la crisis institucional y económica que desarticula la ciudad y ensombrece sus áreas comunes. El monumento se ha convertido en una cantera urbana para la extracción del granito rojo Brasil, la roca que reviste toda su llanura y que es extraída por personas en situación de calle para su comercialización en el mercado negro, denuncian comerciantes aledaños.

En medio de un contexto de desempleo y pobreza, que abarca a 87 % de las familias de país, según las universidades, los informales ganan terreno en las galerías del Centro Simón Bolívar y los manteleros se extienden por los extremos de la plaza. Es el déjà vu de lo que ocurría hace más de una década cuando más de 500 informales atiborraban el espacio con toldos de ropa.

Y la práctica de quemar los desechos se hace costumbre en la ciudad. A pocos metros de la alcaldía de Caracas, el organismo ubicado en la esquina de Glorieta de la parroquia Santa Teresa, los vecinos se deshacen de bolsas desbaratadas, enseres desgastados y todo lo que sobra en casa. El lugar es un mercado a cielo abierto para quienes viven de hurgar entre la basura. Con todos esos problemas de telón, Caracas elegirá el 9 de diciembre a sus políticos más cercanos, muchos de los cuales hacen oídos sordos a los problemas cotidianos que arrinconan a las comunidades más vulnerables.

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Transporte publico de Caracas durante el paro convocado por el Frente Amplio

Fotos: Luis Morillo @luizmorillo15


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