Douglas García dirige Taller de Bicicletas, una plataforma creativa urbana que nació en España. La trajo en 2009 y, desde entonces, interviene espacios con arte. Una vez cubrió con plástico de burbujas el mobiliario urbano en un sector de Chacao. ¿La idea? Inspirar, aunque sea por unas horas, la idea de preservar quioscos, casetas telefónicas, sillas y materos.

Caracas. Muchos piensan que el arte debe exhibirse en una galería. Pero en realidad en las calles de un pueblo, de una isla, en un urbanismo, en todos lados hay arte. Los colores de una fachada, el mobiliario con el que se acompañe, el performance con el que está decorado un quiosco de chucherías… todo eso es parte de un arte público, de lo urbano.

Los grafitis son una expresión de ese activismo ciudadano, guste o no. Tal vez lo desordenado de la pintura, la irreverencia de los autores y el irrespeto a las normas establecidas por una comunidad son los factores que marcan la resistencia a aceptarlos.

Pero la diferencia en esta paleta de colores que marca Douglas García es que la ciudad necesita, está urgida, de expresiones visuales que la hagan agradable.

Douglas está ganado a la recuperación de los espacios con el arte

García, quien tiene un doctorado en Arte Público, trajo a Caracas una plataforma creativa urbana que nace en Valencia, España, en 2007.

Obviamente, no estaba descubriendo el agua tibia cuando planteó lo de intervenir espacios. Lo que hizo pauta en su activismo ciudadano, como lo llama, es que la base de la intervención era social y no partidista. De esa forma, pretendió causar un impacto en los espacios urbanos.

“Caracas es una ciudad dividida social y políticamente, pero, principalmente, es una urbe que desea buenas noticias y sorpresas agradables. Por eso es necesario que todos los implicados en las artes promuevan y/o promocionen su compromiso desde lo local, pues nuestras calles necesitan un activismo promovido por la propia ciudadanía”.

Esa plataforma la llama Taller de Bicicletas y es un espacio donde hay pluralidad de artistas para recuperar espacios públicos y hacerlos alternativos.

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Su primer proyecto fue Urbanitas, entre 2009 y 2010. Fue un homenaje a los que habitan esta urbe. “Porque eso es lo que somos, urbanitas”. Así, bajo el lema Arte público/hazte urbano (programa que ya cuenta con tres ediciones), se hizo una intervención con cartones reciclados y grafitis con tiza en el suelo de la plaza Miranda de Los Dos Caminos.

Cuando el proyecto llegó a su segunda edición, el taller que lidera García realizó una campaña con stickers con el lema “Yo amo a Caracas”.

La frase llevaba un corazón sangrante y abaleado: “Como una ironía y un llamado a la conciencia, porque en definitiva y muy a pesar de lo violenta que pueda a llegar a ser Caracas, no la dejamos de amar”.

Taller de Bicicletas se une con otros activistas para recuperar plazas

Según el artista, esta campaña fue una de las más controversiales que han hecho.

Si bien fue apoyada por muchas personas, porque reflejaba nuestra realidad como ciudad, siempre hubo quienes preferían mirar hacia otro lado”.

Taller de Bicicletas también llegó al Muro de Petare y al casco histórico. Eso fue en 2010 con la participación de más de 250 personas.

También recuerda su primera participación en el festival “Por el medio de la calle”, de 2011. Hicieron una intervención en Chacao, cubrieron o embalaron muebles urbanos con plástico de burbujas. Era una acción simbólica de resguardar un espacio afectivo de la cuidad, “verlo como frágil y sentir la necesidad de preservarlo por unas horas para el futuro”. Forraron quioscos, materos, casetas de teléfonos y muebles.

Así se pasearon por las calles de El Hatillo, regresaron a Petare, fueron a Chacao y a Bellas Artes (con la ruta nocturna). En este último punto de la ciudad colocaron maniquíes pintados, incluso, por algunos de los transeúntes.

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También, con el colectivo Una Sampablera, ilustraron los rayados. La idea era que el peatón hiciera suyas las calles.

Taller de Bicicletas también coloca pendones en el alumbrado público referentes a la conservación de la ciudad y a la paz.

Eso es lo que Douglas García anda haciendo por las calles de Caracas. Y aunque su largo dossier se haya, en parte, detenido por la escasez y el costo de los materiales, y porque la diáspora también afectó el arte, intenta mantener vivo el proyecto con los talleres en las comunidades para el rescate de lo urbano.

Cuando comenzó con esta plataforma creativa, en 2009, más de 80 personas estaban en el taller. Hoy, dos o tres lo acompañan, pero con solo esas manos andan pintando de colores la ciudad.

Si usted se encuentra una caseta telefónica con colores llamativos y con mensajes alusivos a la preservación de la ciudad, pues esa es la marca que está dejando Taller de Bicicletas, en su afán de convertir a Caracas en una muestra de arte urbano, asequible y económico.

La última campaña fue pintar casetas telefónicas en mal estado

Fotos: Sebastián García


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