En los últimos 20 años el consumo de carne de bovino en Venezuela disminuyó -82,60 %. En el año 1999, durante el primer mandato de Hugo Chávez, los venezolanos consumían 1,91 kilogramos al mes de esa proteína animal. De acuerdo con cálculos de Fedenaga en 2014 la ingesta era de 14 kilos por persona (1,16 kilogramos al mes).

Caracas. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) indica que en los países en desarrollo el consumo per cápita de carne inferior a 10 kilogramos debe considerarse insuficiente. «Con frecuencia causa subnutrición y malnutrición», advierte. Venezuela atravesó el umbral de los 4 kilos al año por persona en 2018, según cifras de ese organismo internacional.

La casa de Maritza no sabe de normas FAO. En su despensa queda algo de caraotas y arroz. Cuatro niños la acompañan. Uno de ellos tiene la barriga abultada, otro el cabello amarillito. La mujer de 43 años hace un esfuerzo para recordar cuándo fue la última vez que comió un trozo de carne. «Ufff, yo tengo tiempo que no como eso, ya hace como cuatro años», dice.

Maritza y su familia no forman parte de los venezolanos que comieron 4 kilos de carne en 2018.

En los últimos 20 años el consumo de carne de bovino en Venezuela disminuyó -82,60 %. En el año 1999, durante el primer mandato de Hugo Chávez, los venezolanos consumían 1,91 kilogramos al mes de esa proteína animal. De acuerdo con cálculos de la Federación Nacional de Ganaderos de Venezuela (Fedenaga) en 2014 la ingesta era de 14 kilos por persona (1,16 kilogramos al mes).

En 2018 el consumo anual per cápita fue de 4 kilogramos, lo que equivale a 0,33 kg al mes. En los cuatro años de gestión de Nicolás Maduro (2014-2018) el consumo de este rubro disminuyó -71,42 %, impactado por una economía en recesión, pérdida del poder adquisitivo y el salario más bajo de la región ($6), lo que ha llevado a la población a aumentar la ingesta de tubérculos y otros paliativos. En 2017 Venezuela registraba 3,7 millones de personas desnutridas, según un informe de la FAO.

Fotos: Luis Morillo/Crónica.Uno

En una loma queda la casa de Maritza. Desde allí puede observarse todo el barrio. Los innumerables cables que se pelean los postes de luz. El piso que se hunde con la lluvia. Un ratón que camina sobre las hornillas de la cocina y el pequeño patio donde juegan sus hijos y sus nietos. Ella está convencida de que una de las niñas está baja de peso. «Desde hace como tres años no puedo darle una buena alimentación a mis hijos», cuenta en entrevista a Crónica.Uno.

Los pequeños fueron evaluados para recibir «una bolsa de desnutrición», que organizan los consejos comunales en alianza con los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (Clap), un sistema de alimentos subsidiados que creó el gobierno de Nicolás Maduro. «No salimos porque no tenemos suerte pa’ eso, los pesaban y me decían que estaban bien. Aquella que tiene 12 años pesa 7 kilos, y eso es bajo peso, pero los de la nutrición me dicen que ellos están bien y que por eso no nos salía».

Según la FAO para combatir «de manera eficaz» la malnutrición y la subnutrición, deben suministrarse 20 gramos de proteína animal per cápita al día o 7,3 kg al año. «Esto puede lograrse mediante un consumo anual de 33 kg de carne magra o 45 kg de pescado o 60 kg de huevos o 230 kg de leche», explican en el informe Perspectivas Alimentarias – Julio 2018.

Las cifras que prevé Fedenaga para 2019 son todavía más dramáticas. El consumo de carne de bovino en Venezuela rondaría los 2 kg por persona, un indicador que se aleja de las perspectivas mundiales que mantiene la FAO. En 2018 el consumo de carne se situaba en promedio en 43,9 kilogramos per cápita, 0,6 % más que en 2017.

Fotos: Luis Morillo/Crónica.Uno

El presidente de Fedenaga, Armando Chacín, recuerda que en los noventa el país producía 97 % de la demanda local. El territorio contaba con 30 millones de hectáreas fértiles para producir alimentos, solo 7 estaban sembradas. Entre 2010 y 2015 Venezuela solo abastecía 30 % de la carne que se consumía, mientras que el otro 70 % era importado desde Uruguay, Brasil y otros países de la región, donde todavía no figuraba Rusia como aliado.

El 23 de mayo de este año productores rusos de pollo y carne recibieron una autorización del Servicio Federal de Vigilancia Veterinaria y Fitosanitaria de Rusia, que les permite exportar productos a Venezuela, desde regiones libres de peste porcina, gripe aviar y fiebre aftosa. Algunas empresas procesadoras de carne habrían mostrado interés en traer sus productos a Venezuela, reseñó el diario Global Meat News.

“En teoría, el mercado avícola venezolano podría ser de interés para los exportadores rusos, pero solo bajo la condición de un pago completo y precios atractivos”, dijo el presidente de la Unión Nacional de Productores Avícolas de Rusia, Sergey Lahtyukhov.

Este año Maduro ha reforzado lazos con Rusia al enfrentar las sanciones de Estados Unidos, que el 28 de enero se elevaron con el embargo de la estatal Pdvsa. El ministro de Agricultura y Tierras, Wilmar Castro, indicó el mes pasado que Moscú suministra 60 % del trigo que consume Venezuela.

En 2018 Rusia incrementó las exportaciones al país, principalmente de alimentos, en un 24 % en comparación con el año anterior. Por ejemplo, Venezuela importó 257.000 toneladas de trigo el año pasado por un valor de $56 millones, según el Servicio Federal de Aduanas de Rusia.

Al presidente del Instituto Venezolano de la Leche y la Carne (Invelecar), Carlos Albornoz, le sorprende que Venezuela busque a Rusia como proveedor, cuando 63 % de la carne que exporta Colombia va dirigida a ese país. «Rusia no es un gran competidor en carne bovina, no entendemos cómo se busca un país que no es productor para que nos exporte a nosotros», subrayó.

Fotos: Luis Morillo

“Ya no pasan las lentejitas”

Las lentejas son uno de los productos que más trae el Clap. Un artículo que se ha vuelto emblema en las manifestaciones antigubernamentales. Ya nadie las pasa, como le sucede a los hijos de Maritza. Para la mujer la alimentación que le da a los niños es deficiente. Relata que ellos ya se acostumbraron al hambre, sin embargo, no deja de sentir remordimiento. «Les doy lo que se consiga, lentejitas, un arrocito, a veces no tengo». Hace tres años la botaron del restaurante donde limpiaba. Le dijeron que ya no podían pagar los aumentos de sueldo.

«Ella me dice: ‘Ay, mami, esa comida no me provoca’. Las lentejitas no las pasan ya, pero se las tienen que comer». Maritza se desespera, mientras enumera las carencias que atraviesan, algo que asegura no había vivido antes. Hace poco escuchó que un niño de la zona murió deshidratado. «Creo que estaba desnutrido», dice en un murmullo.

Los días en los que consigue algún trabajo compra queso y plátano, «porque la plata no alcanza para nada», suelta la mujer. Una frase que se repite entre los venezolanos. En la cola para cobrar la pensión, en la parada del autobús o dentro de los atestados vagones del Metro.

Así como Fedenaga recuerda la época en que Venezuela no dependía de importaciones, Maritza habla de la avena y la leche que antes podía darle a sus hijos. «Ahora no», dice sin titubear.

En diciembre de 2018 el kilo de bistec costaba 2400 bolívares en el mercado de Quinta Crespo. Seis meses después, el rubro registra un aumento de 1050 % al ubicarse en Bs. 27.600 el kilo, de acuerdo con un índice de precios que elabora Crónica.Uno.

La lista de lo que la mujer ha dejado atrás es tan larga como las escaleras que hay que subir para llegar hasta su casa. Hace cuatro años no come carne, hace tres la botaron del trabajo, hace año y medio no compra artículos de higiene. «Lavo la ropa con pura agüita, cuando tengo la oportunidad llevo una bolsita de jabón. Dejé de comprar porque están muy caro, (…) a los niños los lavo con agua». En una encuesta elaborada por el equipo de Crónica.Uno la mayoría expresó que ya no compraba la misma cantidad de carne que en años anteriores. El 7 de junio un kilo de bistec costaba 27.600 bolívares, lo que representa 75 % del sueldo de un venezolano al mes.

Infografía Lesslie Cadavias

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