Debajo de algunos puentes se vieron niños de meses y en edad escolar durmiendo sobre cartones. Su aspecto es en extremo descuidado: sucios, desnudos y, cuando mucho, con ropa interior o en bermudas. Comen lo que consiguen sus padres en las bolsas de basura y se bañan cuando logran llenar tobos de agua en alguna estación de servicios.

Caracas. No hay estadísticas actuales que hablen de esta realidad. El conteo más próximo es el que se hace cuando se transita por las calles de la capital: cada vez hay más familias que viven a la intemperie.

Los callejones, vías transversales, plazas y debajo de los puentes en Chacaíto, Bellas Artes, Quinta Crespo, Chuao, Sabana Grande, Parque Carabobo, la avenida Lecuna y los alrededores de La Hoyada, son sitios en los que se refugian muchas familias que no tienen techo debido a que no pueden sostener ni siquiera los costos de los alquileres. Según dijeron, un día en una pensión —con el único beneficio de la habitación— no baja de los 10.000 bolívares diarios.

“Así no puedo. Yo trabajo en el área de seguridad y no me da la talla. Por eso tomé la decisión de vivir debajo de este puente con mi esposa y mi hijo. Es un riesgo enorme, pero afortunadamente no nos ha pasado nada”.

Así lo consideró Ignacio Estremol, quien desde hace aproximadamente siete meses vive debajo del distribuidor que comunica la autopista Francisco Fajardo con Prados del Este. Su casa improvisada de cartón y plástico no mide más de dos metros por dos metros. En el medio tienen un corral donde duerme su bebé de meses de nacido. En los alrededores hay peroles donde almacenan el agua y unas cajas donde se encuentran restos de comida.

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“No es fácil vivir en la calle. Pero si uno pudiera pagar, o si nos llevaran a un refugio nosotros nos iríamos”, dijo Yorbely María, una joven que no pasa de los 25 años de edad y que lidia con su niño que exhibe lesiones severas —similares a la escabiosis— en la piel, genitales y en una oreja.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
En la vivienda improvisa de Ignacio hay un corral donde duerme su bebé de meses de nacido

Ellos reciclan cartón y cuando tienen suficiente van y lo venden a 25 bolívares el kilo. Pero eso no les da para comer. Por eso buscan alimento en las afueras de los restaurantes por Las Mercedes.

“El agua también la buscamos por esa zona. Nos prestan una conexión y la usamos para bañarnos y lavar la ropa”, dijo Ignacio. Con los tobos sobre los hombros cruzan la autopista que va hacia el puente Veracruz de Las Mercedes.

Aunque no solo para conseguir agua potable se lanzan a la vía rápida. Para todo lo que necesitan hacen esa odisea. Incluso cuando llevan al bebé al médico atraviesan la autopista.

El sitio donde están estuvo ocupado por otras siete familias: “Sucede que hace poco vino la Policía Nacional Bolivariana con la Guardia Nacional y nos querían sacar a golpes. Destruyeron todo y se llevaron nuestras ropas. Nos dejaron sin nada. Por eso se fueron a otro lado”.

Quedaron ellos dos, el lactante y un par de hombres que dormitaban sobre unos cartones.

El lugar desprende un olor nauseabundo, por los restos de comida y heces fecales, y carece de iluminación. Cuando cae la noche solo cuentan con las luces de los faros de los carros y con el resplandor de los postes de la autopista.

La Encuesta de Condiciones de Vida 2015 (Encovi) elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Universidad Simón Bolívar (USB), determinó que 76 % de los venezolanos están en pobreza de ingresos.

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Luis Pedro España, sociólogo responsable del área de pobreza del estudio, precisó —cuando presentaron los datos en 2015— que la proporción anterior significa que 3,5 millones hogares son pobres. Y de ese grupo, 1,7 millones están en condición de pobreza extrema. En ese grupo están Ignacio Estremol y su pareja.

Y según datos publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) el índice de indigencia registró un ascenso, porque pasó de 7,1 % en el segundo semestre de 2012, a 9,8 % en el mismo período de 2013.

Para la fecha, no hay mediciones precisas ni actualizadas. Pero la situación se ha visto agravada por la presencia de niños pernoctando en la vía pública.

Fernando Pereira, coordinador general del Centro Comunitario de Aprendizaje (Cecodap), indicó que esta problemática es la consecuencia lógica de la crisis actual: “Ahora hay más niños y adolescentes deambulando y vendiendo en las calles y bulevares. Se ve en distintas zonas de Caracas. Y eso responde perfectamente a una dinámica de sobrevivencia que está impactando a las familias, que las obliga a convertirse en nómadas y a vivir de los desechos”.

Las avenidas Solano y Casanova, en Chacaíto y en Sabana Grande, respectivamente, se ven grupos buscando comida en la basura. Estos casos son consecuencia de los altos indicadores que arroja la crisis económica y, en palabras de Pereira, se incrementarán puesto que no hay una respuesta por parte del Estado para superar el impacto de la escasez de alimentos y el alto costo de la vida.

Un sondeo de Ratio Ucab correspondiente a octubre reveló que 8% de los venezolanos dice que ha recogido de la basura para poder comer y un 68% ha tenido que pedir prestado a un amigo o familiar para poder hacer el mercado.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
Hay adolescentes que se están convirtiendo en nómadas y viven de los desechos, dicen los expertos

Misión Negra Hipólita

El 14 de enero de 2006 fue creada la Misión Negra Hipólita, “para tender la mano a las personas en situación de calle; brindarles atención integral y reinsertarlas en la sociedad”.

Según estadísticas publicadas en la página web de la misión, en 2007 se captaron 1.808 personas y en 2008 llegaron a 2.109; mientras que en 2009 atendieron a 2.542 ciudadanos, y en 2010, a alrededor de 3.390. En 2011 recibieron a 6.112 y en 2012, a 6.616. Hace poco, en la prensa oficial se reseñó que esta misión ha atendido 11.542 personas y logrado la inclusión social de 2.380 ciudadanos.

En el país existe un total de 39 centros para asistir a este sector de la población venezolana, de los cuales nueve fueron inaugurados en 2012. También hay un espacio especializado para las personas de sexodiversidad en San Bernardino, Caracas.

Pero para la familia como tal, que está en situación de calle, explicó Pereira, no hay un programa de atención ni un reconocimiento —por parte del Estado— de ese problema: “Vemos que no hay una perspectiva de abordaje y, en especial, para esos niños y adolescentes a los cuales hay que tratar en las primeras horas de calle, pues eso es determinante para reorientarles el camino y evitar que caigan en adicciones y sean abusados. Pareciera que es una población que no le interesa a nadie y las instituciones que trabajan en el tema están abarrotadas”.

“Los niños están dejando de ir a la escuela, a esta fecha hay muchos que no están matriculados y no hay respuesta o un plan de acción urgente que se encargue de esta área social, ni siquiera en las políticas gubernamentales hay la posibilidad de levantar albergues temporales para llevar a estas familias, ni un programa de ayuda que mejore sus críticas condiciones”, sostuvo el coordinador.

A mayor crisis mayor demanda  

Mary Ron es otra de las mujeres que vive en la calle con sus dos hijos menores de seis años y con su pareja. Se vino de Barlovento huyéndole a la pobreza pero la capital no le supuso mayores luces en el camino. Actualmente, reside bajo un puente desde donde se aprecia la parte trasera de un hotel transnacional en Chuao.

“Yo estoy censada por la Misión Vivienda desde que se quemó mi casa allá en Barlovento. Pensé que iba a recibir ayuda, pero como no llega y no tengo apoyo de la familia ahora vivo en la calle”, contó.

Un encuesta de Datanálisis de julio de este año mostró que apenas 6,4% de los ciudadanos ha sido beneficiado de los planes de vivienda del Gobierno ejecutados en 17 años.

Ron lleva 10 años esperando por una solución habitacional, aunque el techo no es lo único que le resulta difícil conseguir: hace unos cuatro meses que vive de las migajas de los transeúntes. “La comida la buscamos en el CC [se refirió al centro comercial Tamanaco] o en el Sambil. No traemos lo que está descompuesto, pero sí lo que se pueda. Y por aquí a veces pasan unas señoras y nos ayudan con la leche”, relató.

Tiene hembra y varón y en ambos se ven las marcas imborrables de las infecciones en la piel, curtida además por el carbón que usan como piezas de juguete.

A Mary la acompaña otra mujer, Kimberly Gómez, quien tiene un bebé en brazos. También es de Higuerote y, ante la imposibilidad de pagar un alquiler, se resguardó en ese recodo del puente. El muchachito, con unos ojos negros que mostraban viveza, se pega aún a la teta de su mamá, que muy poco se alimenta.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
Algunas familias que viven en los puentes fueron censadas para la Misión Vivienda, pero no les han dado la casa

En ese espacio hay cinco menores y cuatro adultos. Todos duermen en cartones y se arropan con pedazos de tela. Usan un fogón improvisado con una plancha y piedras donde colocan los restos recolectados de comida.

Un día su almuerzo consistió en unos pedazos de pescado que los niños se llevaban a la boca sin reparar en el olor, color y sabor. Más bien dieron la impresión de estar disfrutando ese bocado.

“No siempre tenemos para darles comida. Yo tengo otros dos niños pero los tiene su papá. Me duele que pasen por esta situación y que nadie nos tienda una mano”, se lamentó Mary.

Ya a estas personas las visitó la Misión Negra Hipólita pero la propuesta fue llevar a los niños a la Lopna. “Nosotros no queremos eso, uno los amamanta. No pueden quitárnoslos”, dijo Kimberly.

Al respecto, Pereira destacó que a mayor crisis social, mayor número de muchachos solicitando ayuda, “pero sucede que hasta esas instituciones los están mandando los fines de semana a sus hogares porque no tienen comida suficiente. Simplemente, el sistema de protección está colapsado frente a un problema que crece y arropa a la familia en general”.

Casos similares se observaron por Quinta Crespo y La Hoyada, frente al terminal terrestre de este último hay otra familia con dos menores de edad que juegan entre cartones, aguantan los palos de agua, corren el riesgo de cruzar la vía y se exponen a todo tipo de violencia.

Estas personas tienen sus enseres y una pequeña despensa que cubren con una carpa de bolsas negras.

Son familias nómadas e indigentes de las cuales, según Luis Pedro España —también profesor de la UCAB—, no hay medición aunque resultan llamativas a pesar de que sean grupos pequeños, dado que se ven diariamente en las calles capitalinas.

Foto: Crónica Uno / Miguel González

Fotos: Miguel González


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