Habitantes de sectores que colindan con el río deben lidiar con corruptelas con las cajas de comida, enfermedades como el paludismo, culebras y la incertidumbre de no tener para dónde ir.

Ciudad GuayanaZenaida Montaño dijo: “No, vale”, cuando una vecina le sugirió que se refugiara en la Escuela Básica Nacional Roraima, en Puerto Ordaz. No creyó que este año todo sería peor. A pesar de que en la temporada de lluvias de 2017 una parte de su casa terminó anegada por el Caroní.

Zenaida es habitante de Los Monos, uno de los sectores que colindan con el río. Dos meses después de aquella advertencia, mira su casa que ahora está bajo el agua.  Y por eso ella, junto con 95 personas (30 familias) del barrio, vive en la escuela Roraima.

Casas y carros han quedado, por igual, bajo las aguas

Todos están en lo mismo: pasando los días en el refugio y esperando que, al menos, haya la promesa de que van a reubicarlos, a pesar de que Justo Noguera, gobernador pesuvista del estado Bolívar, dijo, cuando comenzó la temporada de lluvias, que no hay casas para los afectados por las lluvias.

“Perdí la cocina, la nevera, y el año pasado se me quemó el televisor. Yo no quería salir. Me decían que fuéramos para la escuela y me quedaba sentada en mi casa… hasta que no pude más. La semana pasada regresé. Me caí y me estaba ahogando en el río. Tuve que salirme”, dice, con el hogar a sus espaldas.

Zenaida Montaño: “Me caí y me estaba ahogando en el río. Tuve que salirme”

Cifras inciertas

Por órdenes de Néstor Reverol, ministro de Interior, Protección Civil dejó de anunciar las cifras de afectados por las inundaciones en el estado Bolívar en esta temporada de lluvias, cuando los ríos Orinoco y Caroní han alcanzado cotas históricas: 18,34 y 13,26 metros sobre el nivel del mar, respectivamente.

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La última cantidad de afectados sobre la que se tuvo noticias fue de 15.000. Pero, a mediados de agosto, voceros de Voluntad Popular hablaron de más de 18.000. El concejal de Caroní, Iván Yáñez, fue quien ofreció la última cifra: 20.000 afectados en todo el estado. Aproximadamente 95 de ellos habitan en El Cerrito.

En la primera semana de septiembre, el Grupo Ricardo Zuloaga publicó un informe en el que detallaba la relación entre el manejo inadecuado de la central hidroeléctrica de Guri y las crecidas del Orinoco y del Caroní.

“En 2018, la demanda nacional siguió su estrepitosa caída, a tal punto que el caudal turbinado promedio en Guri ha sido inferior al que se debería tener para un año extremo seco y, lamentablemente, Corpoelec repite el patrón de manejo del embalse que aplicó en 2017 y, una vez más, las enormes descargas del Caroní incrementan el caudal del Orinoco en el momento que ambos ríos registran caudales máximos, agravando así la situación de inundaciones que pudieran causar dichas crecidas en esta época”.

Son las crecidas que padecen, según las cifras no oficiales, al menos 20.000 personas.

Se supone que el 15 de agosto debía haber bajado, pero ve lo que ha ocurrido. Aquí somos mi esposa, mis tres muchachos y yo. Tengo tres habitaciones de alquiler y los inquilinos tuvieron que salirse. Pero este fin de semana fue el peor: nunca se había metido el agua y se metió de frente. Hasta matamos tres culebras”, dice Ebert Pérez, también vecino de Los Monos, mostrando los cadáveres de los reptiles que mató.

Ebert Pérez: “Se supone que el 15 de agosto debía haber bajado, pero ve lo que ha ocurrido”

No se ha ido a los refugios “porque la convivencia ahí es difícil y porque hay una corruptela con las cajas de comida que llegan: se las dan a quienes no han sido afectados”.

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Clases en riesgo

Perder enseres o lidiar con culebras no son las únicas consecuencias que ha dejado la crecida de Caroní. El paludismo, según los coordinadores de los refugios, se ha incrementado en el sector.

Los afectados han tenido que matar culebras dentro y fuera de sus casas

Además de eso, las clases en la escuela Roraima no comenzarán la semana que viene, como está previsto en el calendario escolar, sino en octubre.

“Van a comenzar las clases en octubre porque tenemos a esas 95 personas aquí. Acá hay, refugiados, 27 niños y 17 adolescentes. Todos los tenemos en 10 salones y hay tres que no sirven porque tienen filtraciones”, explica Melissa Martínez, coordinadora del refugio.

Los refugiados están en la escuela Roraima. Por eso no podrán comenzar las clases la semana próxima

Así se vive la cotidianidad en este sector de Puerto Ordaz. Y pese a los desengaños gubernamentales, todavía hay vecinos, como Antonia Veroné, que lo perdieron todo y que no se cansan de repetir la misma petición: “¿Qué quiero yo? Una casita más arriba, donde no llegue el río”. No tiene ninguna garantía de conseguirla.

Fotos: Marcos Valverde


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