Maduro opta por compartir el poder y así evitar perder regiones y a Miraflores. Crónica.Uno despeja sus dudas y trae un dato al que no puede perderle el rastro: “La Red”, una especie de grupo de choque. Lea y lo sabrá.

Caracas. A diferencia de Hugo Chávez que concentraba el poder, Nicolás Maduro lo comparte. Es la fórmula que descubrió para tratar de mantenerse en Miraflores y que los temidos “alacranes” —que visualizó el fallecido Alberto Müller Rojas— no obedezcan a su naturaleza: acabar con el adversario al menor descuido.

El Presidente optó, al inicio de 2017, por distribuir cuotas al ala radical y ahora los tendrá bajo control en el equipo ministerial; allí cerquita, a cada hora y sin excusas, por una sola razón: pasar 2017 y llegar a 2018 con el menor costo político en los estados, donde la oposición, si las elecciones fuesen ya, controlaría y desplazaría al oficialismo de manera inmediata.

“Chávez consultaba al mando Cívico-Militar; un total de 7 personas, pero, al final, decidía él. Maduro en cambio llama a los 7 y deciden ellos”, ironizan en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) al analizar el “nuevo gabinete”; una especie de enroque puesto que, a pesar de estar en cargos nuevos para ellos, los principales fueron ministros del oriundo de Barinas, como Tareck El Aissami, Adán Chávez, Erika Farias y Elías Jaua.

Sin embargo, destaca el nombramiento de El Aissami a la Vicepresidencia porque implica dejar la gobernación de Aragua justo este año cuando se presume que sean las regionales y que Maduro deja claro que es su “hombre fuerte”, esto es, a quien prefiere como aliado; y quien puede sustituirlo si, por algún imprevisto, tenga que dejar el trono del chavismo en las postrimerías.

Lee también
En el gabinete económico persisten las parcelas de poder

El andino ocupó antes el Ministerio de Relaciones Interiores que en este momento se encuentra a cargo de un general de su confianza, Néstor Reverol, quien está “bajo sospecha” en Estados Unidos por el manejo de la lucha antidrogas.

El Aissami era uno de los tres grupos que a mediados de 2016 se peleaba la Vicepresidencia. Detrás estaban Diosdado Cabello, primer vicepresidente del PSUV; el alcalde de Libertador, Jorge Rodríguez; y el ministro de la Defensa, general en jefe Vladimir Padrino Lopéz. Istúriz desea repetir y buscó apoyo en los dos principales partidos del Polo Patriótico, PPY y el PCV, para sostenerse por un tiempo.

La silla de la vicepresidencia adquirió importancia política y estratégica porque, en ese entonces, una eventual salida de Maduro —si hubiera prosperado el referéndum revocatorio— implicaba que quien estuviera en el Palacio de Carmelitas sería el “Presidente Encargado”. “El Aissami es el favorito de Maduro”, recuerdan en el PSUV, PPT y el PCV y los hechos así lo confirman, en detrimento de las aspiraciones de Cabello y Padrino López.

El hombre de El Furrial dice, entre sornas: “Rondón no ha jugado”. Y es verdad. En el chavismo temen que “DC” —como suelen identificarlo— juegue. ¿Por qué? “Jugaría duro”.

Cabello tendrá que cogobernar con El Aissami quien, a diferencia de su compañero del PSUV, tiene una gestión que mostrar en Aragua si prosigue su camino de ser el aspirante presidencial del oficialismo. Misión Vivienda, parques, bulevares y plazas en Maracay, y la señal de TLT, son sus carpeta de presentación.

Detrás existe otra carpeta. El Aissami entró al equipo de la Mesa de Diálogo del oficialismo en noviembre con la tarea de impedir una salida electoral, luego de que desde el chavismo se ofreciera a la Mesa de la Unidad la posibilidad de unos comicios generales como anzuelo para que aceptaran conversar y así viniera el enviado de El Vaticano.

Es del ala radical y se le vincula con un grupo de choque, “La Red”, con ramificaciones en el Ministerio de Relaciones Interiores, Justicia y Paz y el Ministerio de la Defensa y que, según fuentes policiales, fueron creadas cuando estuvo en el despacho de la avenida Urdaneta y que han jugado un papel muy importante en Aragua cuando, casualmente, se produce una protesta y estas son repelidas por organizaciones de motorizados que golpean, detienen y amenazan a cualquier crítico al gobierno.

¿Será una de las actividades a desarrollar en la Vicepresidencia?

¿O tal vez Maduro está consiente de que no puede darle ventaja a la oposición y perder los 20 estados que, por ahora, domina el PSUV y por ello, con el nuevo gabinete pretende evitar una derrota por etapa? Es decir, perder estados, luego municipios y, como corolario: Miraflores en 2018.

La jugada del 4-E 2017 evidencia que este es uno de los objetivos: Istúriz pasa a MinComunas con la intención de dominar la clientela política a través de asignación de recursos a las comunidades, y tratar de “comprar conciencia” para conservar los hasta ahora “bastiones rojos”. Jaua lleva por directriz aplicar la ideologización escolar que tenga como resultado que la próxima generación siga al chavismo.

No obstante, la tarea es cuesta arriba porque hoy todas las encuestas, sean Datanálisis, Seijas y Datincorp, entre otras, indican que el venezolano desea un cambio político debido a la crisis económica y social que padecen sin importar el credo político que profesen.

Lee también
La educación media y universitaria del país está en manos de dos inexpertos

¿O todo forma parte del “Testamento de Chávez”?

En el PSUV no descartan que el barinés haya dejado “algunas líneas” sobre qué hacer con el liderazgo en el chavismo ya que estaba convencido de que Maduro no tenía posibilidades de sobrevivir con los “alacranes” por los lados, y que la única opción era compartir el poder, en lugar de que se disputara entre los 7 grupos.

Maduro jugó su carta, solo queda esperar a que lo hagan el resto de las parcelas del chavismo y un actor silente: el pueblo.

Cuando este último hable, ya “Rondón” tendrá que quemar sus cartas…

Foto: AVN



Participa en la conversación