En junio de 2016, bandas de motorizados robaron cerca de 70 locales. Hoy en día casi la mitad de los comerciantes se pudo levantar con dinero propio. Pero el pueblo pasa las de Caín, pues no puede comprar siquiera las bolsas del Clap, que llegan de vez en cuando. Las empresas trabajan con nóminas reducidas y la Toyota, la principal empresa empleadora, está parada al igual que sus filiales.

Caracas. Un año y un mes se cumplieron desde que ocurriera la ola de saqueos que desoló a Cumaná, estado Sucre. Y a la fecha, los habitantes de esta ciudad se sienten más pobres que nunca.

Dos días después de las protestas y de los robos orquestados por bandas de motorizados a casi todos los comercios asiáticos y a la zona industrial, el Estado nombró a Jesús Rafael Salazar, originario del poblado de Irapa en Paria, como “Protector” de la entidad.

No obstante, las mejoras no se hicieron sentir, según los pobladores. Más bien, denuncian que están a merced de los bachaqueros, que venden una harina precocida de maíz en Bs. 8000, un kilo de arroz en Bs. 9000 y un sobre de leche en casi Bs. 30.000.

Mónica Díaz, residente, contó que si antes el estado Sucre era el más pobre del país, ahora se triplicó esa pobreza.

Los comercios están abiertos, pero a diario aquí hay protestas en las zonas populares, la gente no tiene cómo comprar siquiera las bolsas de los Clap. Comenzaron vendiéndolas en Bs. 10.500 y ya hay sectores en donde las encuentran en Bs. 30.000. ¿Quién con un sueldo mínimo puede pagar eso?, cuestionó.

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Según Rubén Saud, presidente Cámara de Comercio, Industria y Producción de Cumaná, en 2016 —antes de los saqueos— en el estado Sucre se habían perdido 9000 puestos de trabajo, 7000 solamente en Cumaná.

Luego del 14 de junio de ese año, con la ola de destrucción y con el asalto violento a más de 70 locales que dejó dos fallecidos, la ciudad se empobreció más.

Todos los días aquí hay amenazas de saqueos a los locales y en las vías, como la Troncal 9, la que comunica Cumaná con Cumanacoa, Puerto La Cruz-Cumaná, Cumaná-Caripe, a diario saquean los camiones de víveres. Hace poco los del sector de pesca cerraron la carretera para exigir más seguridad.

Además, informó que la mitad de los locales robados se pudo recuperar a medias con inversión propia, pues los créditos que les ofrecieron eran irrisorios. Y todavía hay negocios como panaderías y en la zona industrial que no han podido levantarse. La crisis es muy fuerte, la mayoría del sector comercio trabaja con las nóminas reducidas porque no tienen ingresos ni pueden tener inventarios.

Destacó que la Toyota, la principal empleadora, está parada al igual que las industrias filiales y que la distribución de la Polar está llegando, si acaso, cada mes.

En Cumaná, y eso es algo que se repite en el interior del estado, hay desolación. Los bachaqueros desangran el bolsillo de la gente. Y los turcos son los únicos que tienen acceso a los dólares para importar comida. Aquí el que vendía ropa ahora vende comida, porque es lo único que busca el pueblo. La gente pasa penurias, ni siquiera el pescado barato llega al mercado. La sardina la venden cara, las colas para el pan son grotescas y el Clap no llega a todos los sectores, dijo María Salazar, quien además se quejó porque el transporte más rápido que hay de Cumaná a la Península de Araya —que son los tapaítos—, está desapareciendo.

La prensa regional va por el mismo camino: de cuatro medios impresos que había en el estado, sobrevive Región, y este lunes sus editores anunciaron que les queda papel para un mes, debido a una suspensión emanada de la Corporación Maneiro.

El sector Turismo también se las ve negras, y quienes vivían de alquilar sus casas en zonas de playas ya no lo hacen porque los delitos y robos son el pan nuestro de cada día.

Foto referencial: Miguel González


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