Cristina Vaamonde es la presidenta de una Montaña de Gente y del Observatorio Venezolano del Ambiente. Pero ahora a su rama de activismo social y de defensa de los Derechos Humanos suma otro eslabón más: piensa dedicar por lo menos cinco horas diarias a un abuelito de su comunidad.

Caracas. En 2010, Cristina Vaamonde decidió meterle el pecho, los pulmones y el corazón a la defensa del cerro El Ávila. “Lo hice cuando vi que se consumían muchas hectáreas tras un voraz incendio. Me pareció inhumano y decidí activarme para recuperar lo que se estaba destruyendo”.

Así comenzó su camino por la defensa ambientalista. Se convirtió en una activista nata y en una referencia incluso para los ecologistas de carrera.

Vaamonde se colgó un gorro de exploradora, botas de montaña y se armó con las herramientas tecnológicas para manejar los términos con los que inició su aventura por la montaña.

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Un puñado de energía

En estos seis años se convirtió en la directora-fundadora de la Asociación Civil Una Montaña de Gente; se hizo miembro del Comité Mundial de Áreas Naturales Protegidas/ Capítulo Venezuela; integrante de la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales y se convirtió en promotora incansable del Sistema de Parques Nacional de Venezuela, no sin antes atreverse a crear el Observatorio Ambiental Venezolano y a ser la presidenta de la Federación Ambientalista Internacional con sede en Caracas.

Son muchos cargos y cualquiera puede pensar que le dejan muchos dividendos en el bolsillo, pero no. Todos esos títulos son de honor y por motivación. Tan así que en estos momentos Cristina no recibe ni un centavo por su activismo social:

“Lo hago porque me interesa y porque creo en los Derechos Humanos. Lucho por un mundo mejor, en el trabajo conjunto y consciente para lograr un mundo con condiciones de calidad para vivir”.

Al servicio de la gente

Ella, una diminuta mujer que se muestra incansable y presta a colaborar, no es que tenga todo al alcance de la mano.

Ahora enfrenta condiciones de salud muy críticas y ha tenido que echar mano de las redes sociales para pedir medicinas: “No porque ando en esto no me pega la crisis. Hace dos años cuando nació mi bebé me dio preclancia y quedé muy afectada. Tengo tres válvulas cardíacas esclerosadas y el corazón hipertrofiado. Eso me genera una insuficiencia cardíaca severa”.
Todavía amamanta a su bebé, pero contó que no le ha tocado fácil, pues a veces no tiene comida en su hogar: “Tomo avena, y mi hijo de 10 años almuerza en la escuela, pero a veces hacemos uno o dos platos de comida al día. No es fácil”.

Pese a estas dificultades, y con una economía apremiante para su familia, Vaamonde emprendió otro reto en su vida. Ahora se promueve como acompañante de la tercera edad. Colgó un anunció por las redes sociales, en el que se ofrece para servir de apoyo a los abuelitos.

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“Muchos están desasistidos y abandonados. Mi idea es estar por lo menos cuatro o cinco horas con ellos. Recrearlos, conversar, llevarlos de paseo, cuidarlos, darles comida y suministrarles medicamentos. Esa actividad pienso hacerla con mi bebé, pues todavía lo amamanto y sería, pienso yo, algo más gratificante, pues resumiríamos un pequeño núcleo familiar”, expresó.

Claro, es un servicio que tendrá su costo en monedas, para poder mantener las actividades y llevar algo de ingreso a su casa.

“Pero nunca será extraordinario, pues el principio de todo esto es ayudar al otro, y yo escogí a la tercera edad. Ahora soy amiga de todos los viejitos del edificio donde vivo y eso me recarga las energías. Es un complemento pasar horas con esas personas”.

Cristina en esto está limitada: no puede cuidar a un abuelito que esté en silla de ruedas, use andaderas o muletas. No puede esforzarse mucho, pero dijo que hace todo lo posible por esta nueva labor, una rama más de su activismo social que comenzó con El Ávila y que la llevó a formar una montaña de gente.

Fotos: referencial / captura de pantalla



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