De visita en el Hospital Universitario Luis Razetti de Barcelona: el «tour del terror»

El equipo de Crónica.Uno pudo realizar un recorrido por diversas áreas del centro asistencial más importante del oriente del país. Lo visto supera con creces cualquier película del género de terror. Las radiografías a este recinto, que además de atender a los anzoatiguenses recibe a pacientes de los estados Bolívar, Monagas y Nueva Esparta, dan sustento a un diagnóstico nada alentador para un paciente que cuenta con 56 años de historia.

Barcelona. Para entender la crisis de la salud en Venezuela basta con realizar una visita a alguno de los hospitales adscritos al sistema de salud pública nacional. Escenas propias de películas del género del terror, como Martes 13 o Pesadilla en la calle del infierno, pueden quedarse cortas cuando se recorren los pasillos de cualquiera de ellos, en este oportunidad, del más importante del estado Anzoátegui, el Luis Razetti.

En un estado como Anzoátegui, donde prácticamente sus ciudadanos caminan sobre petróleo, encontrarse realidades como la que muestra el hospital tipo IV Dr. Luis Razetti de Barcelona, muchas veces, son difíciles de creer, así se vivan en carne propia.

Llegar a la entrada principal y ser recibidos por una puerta de vidrio de apertura automática, dañada y rota, revela los primeros síntomas de decadencia del quizás más importante centro de salud del oriente país: un paciente con un diagnóstico nada alentador.

El Razetti, en sus 56 años de historia tras su fundación en 1962, pasó de ser uno de los centros hospitalarios más importantes de Venezuela a un retrato palpable de la crisis del sector salud.

La basura es la gran protagonista en los alrededores del Razetti

La estructura actual del Razetti está muy lejos de ser la de un centro de salud. En sus espacios es común encontrarse con montones de basura al aire libre, a la vista de todos, botes de agua, tanto blanca como residual, y la guinda del pastel: una buena cantidad de heces de animales, que hay que sortear en cada una de las escaleras y sus numerosos pasillos.

En los sótanos la insalubridad es la que manda

Atravesar estos pasillos sin la indumentaria adecuada es, prácticamente, asegurarse una infección. El foco de contaminación es evidente: a simple vista se aprecia una especie de convivencia entre jeringas, placentas, desechos médicos y aguas negras, junto a un tablero eléctrico a punto de colapsar.

Allí precisamente comienza el recorrido que el equipo de Crónica.Uno realizó por el hospital. “El tour del terror”, como lo bautizaron quienes se encargan del aseo, arranca en una de las tantas áreas del sótano que sirven como basureros improvisados dentro del hospital.

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Franklin y Pedro, así llamaremos a los trabajadores que guiaron al equipo de Crónica.Uno durante el recorrido, sostuvieron que la situación que se vive es inaguantable. A su juicio, la indolencia está acabando con una edificación en donde no solo se atienden pacientes de Anzoátegui, sino que, además, se reciben a personas de los estados Bolívar, Monagas y Nueva Esparta.

A nadie parece importarle la salud de las personas, esto no puede ser. Esta área se comunica con la morgue, por lo que nosotros estamos expuestos a cualquier foco de contaminación. Nosotros no sabemos qué tienen esas jeringas. Si por mala suerte nos puyamos con ellas, no sabríamos qué enfermedad podemos contraer. Esto no parece un hospital. Nosotros no podemos trabajar con tanta suciedad en estos pasillos”.

Peor que un cochinero

Desde el sótano se suben 20 escalones y se llega al primer piso, donde funciona el área de consultas y un espacio que, en teoría y según el diseño original, fungiría como lugar de descanso para las camareras y parte del personal obrero. Ambos trabajadores sostienen que ellos prefieren descansar a las afueras del hospital o en los bancos de los pasillos antes que meterse en esos espacios, donde lo menos complicado que pueden contraer es un dengue hemorrágico.

El área destinada para el descanso proporciona todo menos descanso

Cómo crees tú que esto puede ser un área de descanso. Mira las condiciones en que están estos espacios. No tenemos puertas, los baños no sirven, no hay seguridad, los pasillos están oscuros. Aquí lo que menos uno hace es descansar. Ni siquiera podemos definir esto como un área de esclavos porque hasta ellos tenían espacios dignos para asearse”.

Baños insalubres y áreas clausuradas no pasarían una revisión sanitaria del hospital Luis Razetti
Trabajadores afirman que laboran en condiciones peores que el esclavismo

Durante la segunda gestión como gobernador del ahora fiscal designado por la Asamblea Nacional Constituyente, Tarek William Saab, se emprendió una serie de trabajos en la que se tenía previsto recuperar la fachada del hospital. Esos trabajos quedaron inconclusos: “Lo que se hizo fue de mala calidad porque ya el techo se está cayendo y cómo puedes apreciar no hay aire acondicionado”, dicen los trabajadores.

El techo raso ha cedido ante las filtraciones

“Todo lo dejaron a la mitad, medio acomodaron el frente, que es lo visible, pero mira aquí atrás, dejaron el trabajo inconcluso, no les duele que esta infraestructura se esté cayendo”.

La basura es el elemento que predomina en la visita al Razetti, y esta se deja ver por doquier.

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Al salir del “área de descanso”, hay una especie de jardín que comunica con el preescolar que sirve de centro educativo para los hijos de los trabajadores. Para llegar a la entrada hay que sortear dos minimontañas de desechos y un bote de aguas residuales, lo que deja entrever que, en el Razetti, cualquier espacio es bueno para dejar desperdicios y acumular equipos en desuso.

Todos los desperdicios se acumulan

El jardín está bordeado por un largo pasillo que comunica con la entrada a la cocina y a varios salones, donde los estudiantes de los últimos semestres de Medicina de la Universidad de Oriente reciben las últimas clases para optar al título de médico cirujano. Los bachilleres tampoco reciben las instrucciones en las mejores condiciones posibles, los pupitres están acomodados a lo largo del pasillo en virtud de que los salones no cuentan con iluminación y, mucho menos, con aire acondicionado.

Llegar a esas dependencias es considerado un acto de heroísmo. Bachilleres y trabajadores se aventuran en una nada agradable carrera de obstáculos signada por las heces de los gatos y perros que “tomaron” el centro asistencial como madriguera para hacer sus necesidades.

En los pasillos los trabajadores deben sortear los botes de agua y las heces de los animales

Mi amor, tómale foto a todo lo que veas. Mira las condiciones en las que trabajamos aquí, esto es peor que un cochinero. Aquí solo vienen, lavan unos pasillos y toman fotos para que salga bien el gobernador, pero trabajos profundos no hacen”, sostuvo una enfermera que llamaremos Miriam.

La radiografía practicada al Razetti reveló más caos: cortocircuitos que se dejan apreciar en los pasillos, un personal que no recibe ni la indumentaria ni equipos apropiados para trabajar en un centro de salud, deterioro de la infraestructura, una emergencia que no se da abasto y áreas cerradas como la de cardiología, la cual “bajó su santamaría” por no contar con médicos.

Reproches a la autoridad

En junio pasado, el presidente del Consejo Legislativo de Anzoátegui, Pablo Cariaco, junto con el alcalde de Barcelona, Luis José Marcano, realizaron una intervención al hospital, afirmando que recibieron una gran cantidad de denuncias sobre el presunto robo de insumos médicos.

Durante esa intervención, tanto Cariaco como Marcano se comprometieron a realizar gestiones ante las autoridades nacionales para mejorar las instalaciones del recinto. Sin embargo, para Franklin y Pedro esos cuentos ya son viejos, desde los tiempos de Tarek William Saab se ofrecen villas y castillos, pero lo único que obtienen son curitas de mala calidad.

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En el Razetti son frecuentes los relatos de agresiones y hasta de robos en los pasillos que, por las noches, son áreas de penumbra. Pero si un aspecto resalta, es la presencia, tanto en la emergencia como en el primer piso, de los llamados “milicianos”, el uniforme verde oliva reina ante la ausencia de batas blancas.

Algunas áreas del hospital están en penunbras

José Simoza, quien pertenece a uno de los sindicatos que hacen vida en el sector salud de Anzoátegui, afirma que los milicianos han estado desde que el ahora designado fiscal general era gobernador de Anzoátegui y su principal objetivo era negarles el acceso a visitantes no deseados como los periodistas. Eso hoy ha cambiado. “Ya los ven y casi ni les paran, la situación es tan crítica que es imposible ocultarla”.

Los representantes del Gobierno no son los únicos que se llevan su dosis de reproche, los trabajadores también rechazan la actitud pasiva y casi que inerte del gobernador Antonio Barreto Sira, a quien acusan de ser indolente con la situación del hospital.

“Para nadie es un secreto que el Gobierno no le manda los recursos a Barreto Sira. La gerencia de operaciones del hospital no tiene recursos ni para comprar coletos, pero Barreto Sira es muy pasivo, no reclama. Nosotros lo queremos aquí al frente de esta lucha que tenemos. La gobernadora del Táchira se juramentó frente a la Constituyente y le pusieron a Freddy Bernal como protector, pero eso a ella no la ha detenido para reclamar por su pueblo. Nosotros queremos lo mismo con Barreto, que se ponga los pantalones y se ponga al frente de los reclamos”, sostuvo Simoza.

Así las cosas, llevar el nombre del considerado impulsor del “renacimiento de la medicina moderna” en Venezuela, no exime al hospital Luis Razetti de Barcelona de padecer los latigazos del descuido, la desidia y hasta el desinterés por la salud. Luis Razetti contribuyó con el desarrollo científico de la medicina nacional, el hospital homónimo está lejos de contribuir en algo a ese legado y más bien es una oda al desastre de la salud en Venezuela.

Fotos: José Camacho


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