La abogada Lucia Ramírez, de la ONG colombiana, indicó que entre julio de 2017 y marzo de 2018 se han registrado más de 7 millones de entradas provenientes de Venezuela. Sin embargo, no existen cifras exactas para medir el éxodo a suelo colombiano.

Caracas. Sin documentación, pero con desnutrición. Con bajo nivel educativo y grave situación de salud. Así es, en promedio, el perfil del emigrante venezolano que cruza a pie la frontera hacia Colombia.

La compleja situación de Venezuela se convirtió en una crisis que traspasó latitudes y pone a prueba a otros países latinoamericanos, que no están acostumbrados a recibir un alto flujo de personas en su territorio.

Así lo dejó entender Lucía Ramírez Bolívar, abogada colombiana en Derecho Constitucional y experta en Derechos Humanos de la ONG Dejusticia de Colombia, quien añadió, a través de videoconferencia, que en su país las instituciones no tienen la experiencia para lidiar con este tipo de situaciones.

En el foro “Migración forzada, crisis sin frontera”, organizado por Proiuris, la colombiana indicó que, hasta el 20 de abril de 2018, han sido aprobados 180.000 permisos especiales de permanencia para personas provenientes de Venezuela. Si embargo, no hay cifras exactas que cuenten la realidad de los emigrantes venezolanos.

“Entre 31 de julio de 2017 y 4 de marzo de 2018 se han contado más de 8 millones de entradas provenientes de Venezuela y se cuentan más de 7 millones de salidas. Vale acotar que no todas estas personas son venezolanas y no todas tienen intenciones de emigrar”, explicó.

Aunque el gobierno colombiano ha buscado la manera de obtener números específicos, como los 203.989 de venezolanos inscritos en el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos en Colombia, Ramírez Bolívar detalló que no son cifras reales, ya que el temor se adueña de los connacionales ante una posible deportación, sobre todo si no cuentan con la documentación. De esos números, al menos 48.164 son niños, mientras que 3914 son mujeres embarazadas.

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Irse sin pasaporte sugiere que no hubo planificación de parte de quien se va, pero también refleja la desesperación de no conseguir la respuesta en su país de origen, pues en general a los hospitales colombianos llegan personas con desnutrición, con VIH al no conseguir los antirretrovirales, así como otra enfermedades terminales o crónicas, como el cáncer.

Pero la falta de planificación deja vulnerable a quien llega, pues se ve expuesto a los grupos armados que hacen vida en la frontera y que incluso pueden cobrar por el paso a través de las trochas.

Por su parte, Brasil también intenta lidiar con el éxodo venezolano. De acuerdo con la socióloga de la Universidad Simón Bolívar, Claudia Vargas, los que llegan a Roraima, ciudad fronteriza, tienen entre 20 y 29 años, quienes en su mayoría (28 %) se dedican al comercio informal, como la venta de frutas y caramelos.

“Esto supone la pérdida de capital intelectual y fuerza de trabajo en Venezuela, pero también es una pérdida para el país de destino, pues reciben a un ingeniero que debe dedicarse a otro oficio”, relató.

Según las cifras manejadas por la especialista, solo en Boa Vista se cuenta a 32.000 venezolanos, que luego se dispersan a lo largo del territorio brasileño. Mientras que, en los últimos dos años, al menos dos millones de venezolanos han dejado el país.

La situación también se agrava en las islas del caribe (Aruba, Curazao y Trinidad y Tobago) donde se contaron 1200 deportaciones durante 2017. Muchos de ellos, arriesgando su vida a bordo de embarcaciones precarias en horas de la noche, para intentar pasar desapercibidos.

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Emigración seguirá en aumento

Para Vargas, durante 2018, el éxodo no hará sino incrementar ante un panorama político incierto y una crisis de salud y alimentación que se agudiza cada día.

“Ante una posible victoria de un candidato opositor, lo que puede ocurrir es que los planes se retrasen, pero la emigración no va a parar”, sostuvo la socióloga.

Por otro lado, la abogada colombiana señaló que, en su país, la Agencia de la Organización de Naciones Unidas para los Refugiado (Acnur), tiene un programa llamado “Somos panas”, como forma de lidiar con la xenofobia ante la llegada de venezolanos, al tiempo que Dejusticia hace lo propio con “Bienvenida, Venezuela”, para integrar a los nacionales a la sociedad.

Foto referencial: Cortesía Radio Caracol



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