Aunque es una edificación que data del siglo XIX son muy pocos los lugareños que le dan el valor que posee. Como es tan antigua esperan que sea declarada patrimonio de Caracas a través de Fundapatrimonio, organismo adscrito a la Alcaldía de Caracas.

Caracas. La mañana del 16 de diciembre estaba programada la primera misa de aguinaldo en la iglesia Nuestra Señora del Rosario ubicada en pleno centro de Antímano. A las 5:00 a.m. llegaron varios niños que pertenecen al coro, y que con semanas de antelación habían practicado las canciones que cantarían y tocarían con sus instrumentos ese día. El padre Ramón Cote, llegó al santuario a las 4:45 a.m. para organizar todo mientras llegaban los feligreses, pero al entrar se dio cuenta que esa noche les habían robado seis cornetas, cinco cuatros y el sagrario.

En menos de cinco años esta es la tercera vez que esa iglesia es víctima del hampa. La edificación fue construida durante el segundo mandato de Antonio Guzmán Blanco entre 1879-1884, pero ni el padre recuerda cuando fue la última vez que se restauró. Aunque es un santuario imponente, y que ocupa incluso una cuadra completa donde también está ubicada la Plaza Aguilar, comentó que muchos lugareños no le dan el valor que tiene.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
Nombre de la plaza grabado en mármol en una de las paredes de la iglesia.

“De los niños del coro algunos se habían llevado los cuatros a sus casas y como pudimos resolvimos y le ofrecimos las misas de aguinaldo a los feligreses. Aunque todo lo que se llevaron es material y se puede recuperar, lo que más me preocupa es que se llevaron El Santísimo. Quizás el ladrón pensó que era de oro, pero no es así. Me preocupa que lo usen para algún acto satánico”, relató el padre Ramón mientras señalaba los sitios vacíos donde estaban ubicadas las cornetas en las paredes del templo.

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Foto: Crónica Uno / Miguel González
El sagrario descompuesto que quedó en la iglesia.

En la parte trasera del lugar hay un módulo de seguridad de la Policía Nacional Bolivariana (PNB). Según el cura, los efectivos siempre están atentos y responden de manera inmediata a las llamadas del cuadrante de seguridad, sin embargo, esa noche en la que, uno o varios ladrones ingresaron a la fuerza a la iglesia, no había ni un funcionario policial en la zona, ya que prestaban apoyo en la logística de seguridad en el Festival Suena Caracas que se desarrollaba por esos días en la Plaza Diego Ibarra en el centro de la capital.

“Le he preguntado a la gente de la zona y me dicen que vieron a un solo hombre que se metió a robar, de ser así tuvo que ser joven, atlético y ágil, porque se trepo por una reja y rompió un vidrió y luego un tubo que no estaba muy bien soldado. Luego desde adentro si abrió la puerta y rompió un barrote de una reja para salir y sacar todo lo que se había robado”, explicó el padre Ramón desde los descuidados alrededores de la iglesia.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
Por la abertura superior derecha fue por donde se metieron a robar al templo.

Quien camine de noche, después de las 9:00 p.m. por la Plaza Aguilar verá cómo varios indigentes se trepan la cerca de no más de dos metros de alta, y con cartones, colchonetas y sus pocos enseres se acomodan en los alrededores de la iglesia. El padre dijo que son más de cinco hombres los que todas las noches pernoctan en el lugar que lo ensucian y hasta hacen sus necesidades en el suelo.

Mal olor, moscas, charcos de orine y excremento humano es lo que se ve en los alrededores del templo. El cura incluso dialogó con estos hombres en algún momento y les comentó que podrían buscar ayuda en la Misión Negra Hipólita, pero éstos le respondieron que allá lo que hacen es pasar hambre. Pese a que los funcionarios de la PNB a veces les obligan desalojar ese lugar, con el paso del tiempo vuelven.

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No solo los indigentes hacen sus necesidades en los alrededores de la iglesia, también lo hacen los buhoneros que venden frutas y verduras en la Plaza Aguilar. “Eso es todo el día. La gente no cuida sus espacios. Incluso, los borrachitos que se la pasan tomando en la licorería dejan las botellas por aquí regadas”, dijo con desánimo el padre Ramón.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
La cerca que rodea todo el santuario está en pe´sima condiciones. Cualquiera la brinca.

El cura dijo que a pesar de todos los problemas que enfrenta esta comunidad, “yo veo que la gente aquí es muy echada pa’ lante”.

“Rescato la organización de la comunidad, la unión de la gente. Cuando las personas que vinieron a la misa de aguinaldo supieron que nos habían robado recibimos apoyo de todos, aun sabiendo cómo está la situación, a la gente de aquí le gusta ayudar y se ofrece para ello. Es una característica muy importante y que hay que resaltar de la gente de Antimano”, aseguró el hombre encargado de la iglesia Nuestra Señora del Rosario.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
Además de la delincuencia también lidian con panales de abejas en una de las entradas de la iglesia.

Hace dos años las personas encargadas de la iglesia introdujeron una serie de documentos en Fundapatrimonio para que ese santuario fuera considerado patrimonio histórico de Caracas, pero aún no han recibido respuesta. En enero del próximo año acudirán de nuevo a ese organismo, que pertenece a la Alcaldía del Municipio Libertador, para actualizar los papeles y ver si pueden lograr que sea denominado de esa manera, ya que así podrían conseguir los recursos para mejorar la fachada, cerca y otros espacios del templo que requieren una remodelación.

Por lo pronto. el padre Ramón busca alguna solución para que los niños a los que les robaron sus cuatros los tengan de nuevo. “Dios proveerá porque recursos no tenemos para comprar de nuevo todo lo que nos robaron”, finalizó.

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Foto: Crónica Uno / Miguel González
La imagen del Sagrado Corazón vio cómo el ladrón se llevó el sagrario.

Fotos: Miguel González.



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