José Gregorio Morales, de 25 años, recibió un tiro en el pecho en el barrio Carpintero de Petare. Sus familiares dijeron que los funcionarios han demorado la entrega del cuerpo en la morgue, en vista de que no tenía antecedentes. Robaron varias pertenencias de la vivienda.

Caracas. Este dolor que estoy sintiendo quién me lo paga, ¿Maduro? ¿El Ministerio Público? A mi hijo no lo revive nadie, a mi hijo nadie me lo va a devolver. Tengo que hacer justicia por mi hijo. Me quitaron la vida, me quitaron a mi hijo, gritaba la madre de José Gregorio Morales.

La mujer se encontraba acompañada de sus parientes en la morgue de Bello Monte y al enterarse de que presuntamente funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) pidieron que se demorara la entrega del cadáver estalló en llanto y gritos de indignación, pues le habían dicho que este miércoles podían iniciar los actos fúnebres.

Sus familiares denunciaron que la policía científica asesinó al joven de 25 años dentro de su casa, en el sector Valle Verde del barrio Carpintero, en Petare. Ocurrió a las 5:30 a. m. del pasado martes 17 de octubre.

La comisión rompió la puerta de la vivienda —en una vecindad— y mientras dormía le dispararon. Su esposa iba saliendo a “bachaquear” productos de la cesta básica y los uniformados la metieron a la fuerza. Ella tuvo que entrar porque si no la matan también.

Su tío, Luis Alberto Morales, contó que le quitaron la vida sin mediar palabras y sin siquiera decir que iba detenido por algún delito. Recibió un tiro en el pecho.

Detalló que evitaron que los vecinos observaran, pues limpiaron todo para no dejar rastros y colocaron un arma en su mano, con la que posteriormente dispararon para simular un enfrentamiento.

José Gregorio no estuvo detenido ni bajo algún procedimiento policial. Esa es la ley, ellos toman la ley así, supongamos que ellos dijeran que era delincuente o ‘bachaquero’ pero su deber era llevarlo y meterlo preso, era un ser humano, dijo.

También sostuvo que de la vivienda robaron comida, unos zapatos nuevos y una tableta. “Saquearon la casa, se llevaron todo. Además se dieron el lujo de limpiar y dejar la casa como si nada pasó”.

La víctima vivía con su pareja y no tenía hijos. Ambos compraban comida y luego la revendían. Presentó en dos oportunidades la prueba para ingresar al Cicpc pero la última vez no quedó porque tenía la piel tatuada.

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Foto archivo: Luis Miguel Cáceres



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