Más de siete millones de personas en todo el país trabajan por su cuenta, según el Frente Unitario de Trabajadores no Dependientes. En los últimos seis meses, esa cifra tuvo un repunte por el cierre de empresas. Ahora en la calle se vende de todo, principalmente comida al detal.

Caracas. Ya casi sin sorpresa veían los pasajeros a un niño que pasaba entre los vagones del ferrocarril de Los Valles del Tuy vendiendo un puñado de cilantro y cebollín.

A todo pulmón gritaba a Bs. 100 la pieza. Llevaba cuatro en una mano y, como por arte de magia, las vendió en un abrir y cerrar de ojos.

El niño, que no pasaba de los 10 años, luego se encontró con una mujer a quien le dio la plata.

Cómo él se paseó otro chamo vendiendo tostones a Bs. 200; y en menos de los 27 minutos que duró el recorrido de Charallave Sur a La Rinconada, otras 11 personas vendieron chuchería, crucigramas, bolígrafos y pare de contar.

Esto no es nuevo en el sistema de transporte. La cuestión es que en los últimos meses ha habido un repunte de la buhonería en todo su esplendor y en todos los sitios abiertos y públicos de Caracas.

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Eso que la gente veía en Petare o en Catia: un tarantín por doquier, de nuevo se repite en las entradas del Metro de Caracas y en las principales avenidas como la Fuerzas Armadas y Baralt, en el municipio Libertador.

El cierre de pequeñas empresas empujó a la gente a la calle, según el señor Germán Mora, del Frente de Trabajadores Microempresarios y Emprendedores. “Un poco más de siete millones de personas están en el mercado informal de la economía y cada día habrá más gente tratando de rebuscarse para poder sobrevivir”, dijo.

Cigarrillos al detal a Bs. 150; café a Bs. 200; bolsas de café, azúcar, leche, arroz a Bs. 400 e incluso aceite en botellas de agua o en frascos de compota se ofertan en las plazas, como la Bolívar de la parroquia El Valle. Eso sin contar lo desatado que andan los llamados bachaqueros que venden pañales a Bs. 1.000 la unidad; jabones de baño “hechos en casa”; maíz molido y potecitos de champú y acondicionador, con presentación similar a la que daban antes los hoteles.

La plaza Francisco Narváez, que da la entrada a la estación del Metro La Hoyada, es un mercado a cielo abierto. A toda hora del día hay buhoneros que venden bombas rellenas, tostones, chocolates, pan sobado, fritangas, yucas, bolas de ají, apio y compuesto para la sopa. También promocionan en las narices de los policías y de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) artículos de higiene personal.

“Uno tiene que pagar la ‘prote’ para poder vender aquí”, dijo un chamo que cargaba una cesta de yuca.

Foto: Crónica Uno / Miguel Gónzalez
Café, papelón y maltas le llevan la delantera a las chichas.

La ‘prote’ es una especie de vacuna que, según dijo el joven, le pagan a los funcionarios para que no los correteen o les quiten la mercancía.

No mencionó cuánto es ese monto. En cambio, los vendedores que se suben y bajan del ferrocarril contaron que pagan Bs. 3.000 al día para que los dejen subir al sistema.

La cuota no aplica solo para estos servicios: el pedazo de acera y el espacio en un mercado a cielo abierto también implican un pago.

Argenis Urruchaga, del Frente Unitario Nacional de Trabajadores No Dependientes, denunció que incluso para poder instalarse en ferias y en mercados al aire libre pagan un impuesto en efectivo a la Alcaldía de Caracas. “Ahora nos pidieron además una especie de bono vacacional. Eso de la vacuna es algo que siempre se ha visto obligada a pagar la persona que trabaja en la calle”, expresó.

Foto: Crónica Uno / Miguel Gónzalez
las verduras es uno de los rubros que más se comercializa en las calles.

En la avenida Fuerzas Armadas, desde la esquina El Socorro hasta San Luis se contabilizaron —en ambos sentidos de la vía— cerca de 100 buhoneros, la mayoría de ellos vendiendo verduras, huevos, pollo, carne, jojoto, aguacate y queso. De nuevo sin meter en ese lote a los bachaqueros que operan abiertamente en las cercanías de los comercios.

“Esta avenida no era así, era muy tranquila. Uno podía caminar sin problemas, pero ahora hay tantos buhoneros y se han incrementado los robos”, comentó Marcela Martínez, residente con más de 35 años en la zona, que además denunció que carece de alumbrado público.

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De rebusque en rebusque

“Vendiendo cigarros, por lo menos me resuelvo. No hay trabajo y con esto hago algo. Cada cigarro lo vendo a Bs. 150. Trabajo medio turno, pues este espacio lo comparto con otra compañera que llega a las 12:00 m.”, contó Isabel Campos, una de las vendedoras apostadas en las afueras de la Maternidad Concepción Palacios, en la avenida San Martín.

buhonera
Solo vendiendo cigarros se rebusca esta mujer.

Solamente usa una cajita de plástico donde distribuye los cigarros y dos teléfonos móviles que usa para llamadas de alquiler. Cuando termina su jornada, mete la caja en la cartera y se marcha sin dejar rastro.

Foto: Crónica Uno / Miguel Gónzalez
Cualquier cosas venden los manteleros.

Como ella anda Carla —no dio su apellido—, quien vende zarcillos y collares en la esquina El Chorro de la avenida Universidad, que expone sobre un anime forrado apoyado en una caja. “Trabajo media mañana y me voy con Bs. 5.000 a veces. En un trabajo formal no me pagarían esto al día”, sostuvo.

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Según el Instituto Nacional de Estadística, más de 40 % de la fuerza laboral es informal. Los vendedores ambulantes son los que más abundan en este campo. Y de acuerdo con los testimonios, lo hacen porque es dinero al momento que les permite por lo menos llevar comida a la casa.

En 2007, los buhoneros fueron recogidos de las principales plazas y llevados a ferias municipales. Además existe un decreto de la Presidencia de la República publicado en octubre de 2014 que prohíbe la venta o cualquier otro tipo de intercambio a través del comercio informal, ambulante o eventual, de los rubros y productos de la cesta básica, insumos, medicinas y demás bienes importados o producidos en el país para el consumo del pueblo venezolano. La medida aparece en la Gaceta Oficial No. 40.526.

Fotos: Miguel González


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