En Venezuela, según Maritza Landaeta de la Fundación Bengoa, nacen 150.000 niños de madres menores de 18 años. De esos bebés, 8,9 % llegan al mundo con menos de dos kilos de peso. La razón: las muchachas no se alimentan bien, no toman hierro ni vitaminas y no se hacen los controles médicos necesarios.

Caracas. “La diarrea le empezó un domingo. Luego le dio fiebre. Cuando la traje ya estaba deshidratada. Me dijeron que tiene desnutrición crónica”.

Eso es lo más concreto que logró explicar Dairys Rivas de 17 años. Maikelis, su segunda bebé, está muy delicada de salud. Sus huesitos —en especial la columna vertebral— se marcan en todo su cuerpecito. Tiene poco cabello y el cuero cabelludo reseco, manchas en los brazos y cara, una erupción muy pronunciada en la espalda y sus ojos tristes y cansados denotan que los malestares internos la agobian.

Dairys mostró angustia por su niña. Y más cuando los doctores le pedían una serie de exámenes que no comprendía. Desde heces, hematología completa, hemocultivo, y otra serie de estudios para descartar otros daños. Muchos de ellos los debe realizar fuera del J. M. de Los Ríos, donde estaba recluida.

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La muchacha, oriunda de Los Valles del Tuy, no contaba con tantos anuncios juntos. Entre las medicinas que le pedían unas de ellas vancomicina, sulfato de zinc al 2 % y además fórmula de soya—, y los exámenes, se desorientó y mecía a la niña de un lado a otro como buscando ayuda.

Tan es así que una de las doctoras preguntó por la mamá u otro familiar para explicarle lo que necesita Maikelis, a quien le iban a realizar una punción. Cuando la estaban arreglando para hacérsela, un bebé —vecino de Maikelis— falleció, y aunque el pequeño tenía otras patologías, su partida desajustó la poca calma que mostraba Dairys. “Me quiero ir de aquí, esto me estresa”, comentó la joven madre entre las preguntas.

Embarazos complicados 

Casos como el Dairys se han vuelto una constante en los hospitales. Para el cierre de 2016, en el hospital J. M. de Los Ríos se registraron 100 casos de desnutrición infantil, según la jefa del Servicio de Nutrición de dicho centro asistencial. La cifra se triplicó con respecto al 2015, cuando hubo 30 registros.

“Eso se evidencia cuando hay una crisis alimentaria, con el agravante de que estamos viendo que 26 % de los pacientes presenta desnutrición edematosa, cuando estaba en 6 %”, expresó.

La desnutrición edematosa aparece cuando hay ausencia de proteínas en los alimentos. Los niños llegan al centro hospitalario con un cuadro severo de delgadez y con el abdomen abultado o hinchado.

De hecho, la niña Maikelis de 17 meses de nacida llegó con esos síntomas. Luego de ingresada al servicio de Medicina 4, su mamá contó que se fue desinflamando y que fueron disminuyendo las diarreas. Pero su cuadro no era nada fácil. En su historia aparecía que tenía infecciones en la piel y partes blancas y que incluso presentó hipotermia.

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Según la especialista, 60 % de los casos de desnutrición ocurren en la población lactante: “Aquí llegan las madres angustiadas, no pueden dar pecho porque tampoco se alimentan bien. Les preguntamos si están perdiendo peso y siempre dicen que sí. Este año hemos visto casos en las consultas de mujeres que han rebajado entre 6 y 15 kilos”.

El caso de Dairys está en ese 60 %: “A los cuatro meses ella no quiso más teta. La rechazaba y por eso comencé a darle leche completa”.

¿Pero, eso fue porque el médico te lo recetó a los cuatro meses?

—No, ella no quiso más. Yo le daba y ella no quería.

¿Y por qué leche completa?

—Porque es lo que consigo y se la dan a todos los niños de mi casa, que son bastantes. A mi otra hija nunca le pasó algo así. Ella está bien.

¿Y esa leche donde la consigues?

Aquí hubo un corto silencio. Luego comentó que puede ser la que llega con la bolsa de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) o la que “bachaquea”.

Dairys nunca explicó la procedencia, la frecuencia, la marca y las dosis del producto. Mostró la misma vacilación cuando trató de precisar el día en que comenzó a decaer la niña. “El domingo, y la traje el lunes”, solo atinaba a decir eso.

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En las maternidades públicas del país llegan por montón.

“Las estadísticas son alarmantes: niñas que nunca se hicieron un control, que no tomaron ácido fólico o ningún tipo de vitaminas, que no están inmunizadas y que no se alimentan bien. Ello incide en los partos prematuros, en la malformaciones genéticas y lo que estamos viendo ahora con más frecuencia, en los nacimientos de niños con peso menor a los dos kilos, lo que se llama desnutrición intrauterina”, señaló Marizta Landaeta, investigadora de la Fundación Bengoa y copartícipe de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), presentada recientemente.

Según Landaeta, en el país nacen 150.000 niños de madres menores de 18 años de edad, muchas de ellas con las condiciones descritas anteriormente.

“En consecuencia tenemos que 8.9 % de esos bebés [y de esto no hay nada oficial] nacen con bajo peso, con el agravante de que no hay cómo procurarles una mejor vida, pues el sustento para la clase más vulnerable está ligado ahora a las bolsas de los Clap que no son regulares en el tiempo, ni traen los nutrientes necesarios; y por tanto, vemos un repunte de la desnutrición crónica y niños de 7 años con tamaño de uno de 4 añitos, por ejemplo”.

Pero lo más grave que planteó la especialista es que no hay una política nacional para revertir este problema de salud y, en consecuencia, se está formando un país de niños —si logran sobrevivir— con muchas deficiencias y con poco desarrollo cognitivo. “Quizá Maikelis, el caso del J. M., logre recuperarse, pero los daños colaterales de su desnutrición crónica no sanan. A la larga, son niños con limitaciones intelectuales y con dificultades para continuar incluso dentro del sistema educativo”, acotó.

Infancia sesgada

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que alrededor de 2,8 millones de personas mueren cada año a causa del sobrepeso y la obesidad y que 45 % de las muertes que ocurren en los niños menores de 5 años están relacionadas con la desnutrición.

En Venezuela oficialmente no se publican las cifras que causan la mortalidad infantil.

No obstante, el doctor José Félix Oletta, médico cirujano, especialista en Medicina Interna e investigador de la Red Defendamos la Epidemiología Nacional, apoyándose en cifras emanadas del Viceministerio de Redes de Salud Colectiva y del Equipo de Vigilancia de la  Mortalidad Materna e Infantil hasta el 6 de junio de 2016, expresó que la situación es grave  y más en el último año:

*Hasta la semana epidemiológica N° 21, el acumulado anual era de 4074 muertes infantiles, con ascenso de 18,50 % con respecto al período homólogo del año 2015 (3438).

*En promedio se registraron 194 muertes semanales y 28 diarias, presentándose una tendencia ascendente.

*La tasa de mortalidad infantil del país se ubica en 18,61 muertes en menores de un año por cada 1000 nacidos vivos estimados.

*Por componente, la mortalidad neonatal (0–27 días) concentra 79,65 % (3.244 muertes), mientras la mortalidad posneonatal (28 días-11 meses) concentra 20,35 % restante (829 muertes). Mientras que la mortalidad neonatal precoz (0–6 días) concentra 57,16 % de la mortalidad infantil (2328 muertes).

Del total de muertes, 51 % (2077 muertes) han correspondido a niños con bajo peso al nacer (menos de 2500 gramos), incluyendo 782 con peso inferior a los 1000 gramos.

El doctor explicó que no manejan datos de 2017: “Pero todo continua peor. La mortalidad infantil acumulada del año 2016 la estimamos entre 10.500 y 11.000 niños menores de 1 año”.

La tasa de mortalidad en 2016 es mayor de 18,5 por 1.000 niños nacidos vivos. “Esto es un salto apreciable cerca de 4 puntos más que en 2015, y más del 30  % de incremento”.


En las maternidades del país se reciben casos de madres que cuentan que también han perdido peso.

Lo cierto del caso es que la alta tasa de embarazo en adolescentes aumenta el efecto intergeneracional de tener niños con bajo peso o exceso de peso, cuyo desarrollo dependerá del ambiente que lo rodee.

En Venezuela —y esto es algo en lo que coinciden los doctores— no se tienen datos acerca de los “binomios madre-hijo” para poder cuantificar el estado de esta situación, lo cual constituye un impedimento para lograr identificar los hogares que puedan presentar este problema. No obstante, consideraron que es hora de aplicar políticas de alto impacto en lo social y garantizar el derecho a la salud y a la alimentación, principalmente a la población más vulnerable: los niños. “Pues ellos están pagando y ni siquiera saben por qué”.

Fotos: Mabel Sarmiento Garmendia



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