El viernes fue botado Wuilis Rodríguez quien dijo que su único delito fue publicar en las redes sociales que su quincena no alcanzó para comprar un jabón que necesitaba para lavar los uniformes.

Caracas. En los últimos tres meses han renunciado 300 operadores del Metro de Caracas, 17 lo hicieron esta última semana, otros no se han reincorporado a sus labores desde el 28 de diciembre de 2017, según el recién creado Frente de Trabajadores, jubilados y pensionados de la compañía.

Hay una ausencia laboral que supera el 40%. Los trabajadores faltan porque no tienen dinero, ni comida por los bajos salarios a lo que se suman las malas condiciones con las que prestan el servicio.

A esa situación, que merma la calidad del servicio, se suma el hostigamiento al que están sometidos los trabajadores. Se sienten amenazados y tienen temor de hacer públicas sus quejas, y más luego de un despido efectuado el pasado viernes 12 cuando a un trabajador se pronunció por las redes sociales.

“12 años de servicio. Cobro 130.000 bolívares quincenales, mi uniforme está sucio, necesito ACE. Salgo a buscarlo y cuesta 195.000 bolívares, quince días continuos de trabajando para un ACE. Valora el talento humano, sinceridad para tus trabajadores… Se te están yendo 3.000. Abre los ojos”.

Eso fue escribió Wuilis Rodríguez, el pasado 7 de enero a la 1:13 pm, en su muro de Facebook y en su cuenta de Twitter.

Salió a comprar jabón para lavar los uniformes. En el camino su hija le pidió chucherías y él estuvo de acuerdo en comprárselas. “Pensaba que el jabón me iba a costar 70.000 bolívares y con lo que me quedaba de la quincena, bueno, iba a satisfacer a la niña. Mi tristeza fue tal que el precio del kilo de jabón en polvo estaba en 195.000 bolívares y no pude comprarle nada, eso me deprimió mucho y por eso escribí ese día por las redes sociales”.

Era la primera vez que Rodríguez usaba estos medios para quejarse. Sentía rabia, impotencia e indignación porque después de 15 días de trabajo su sueldo se iba en un jabón. “Ni siquiera mencioné a la empresa en mi tuit. Y eso bastó para que me botaran”.

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Desde el día de la publicación, los compañeros que lo veían en la estación Teatros, de la Línea 2, le preguntaban a cada rato si le había llegado la notificación de despido.

Todos en el Metro se cuidan de hacer críticas y mucho menos públicas por temor a represalias.

El viernes 12 la eso de las 3:00 p.m. le llegó un abogado de la empresa con la carta. Su cargo de Operador de Seguridad en el Metro de Caracas llegó a su fin y solo por manifestar su molestia por los bajos suelo y pésimas condiciones laborales.  La carta, además, evidencia ya el uso del texto contra el odio que aprobó la cuestionada Asamblea Nacional Constituyente.

Lo que Rodríguez hizo fue un acto de valentía y de rebeldía. Fue la voz de muchos otros que quedan y que hoy en día manifiestan su queja ausentándose de sus puestos de trabajo.

Más de 12.000 trabajadores tiene el Metro de Caracas. 97 trenes para tres líneas y ya no es la solución para la capital.

40% de sus trabajadores están faltando a sus puestos de trabajo, desmotivados por los bajos salarios, la mala gerencia y por la desinversión en el sistema.

La Línea 1, que conecta la ciudad de este oeste, con 22 estaciones, es donde más se evidencia el colapso.

En las horas pico, las de mayor paso de usuarios, deberían circular 42 trenes. Y desde hace tres meses para acá están sacando 18, por falta de personal y por fallas técnicas en algunos trenes.

“Los manejan los milicianos y operadores que estaban desde hace años en labores administrativas. Uno está muy desmotivado, precisamente porque el personal a cargo no está yendo a sus pestos de trabajo. Así es muy difícil cumplir con la jornada”, dijo Luis Bravo, trabajador desde hace 15 años.

Bravo, se usa un seudónimo para proteger su identidad pues teme que le pase lo mismo que a Rodríguez, tiene guardia un día sí y otro no, comenta que para llegar a su estación paga pasaje, y lo que gasta equivale a 30 % de su salario mensual.

“Ya casi no me alcanza. A veces no tengo para ir a la estación. Falto por no tener pasaje”.

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Ya se ha ausentado tres veces en lo que va de año por ese mismo problema, la plata no le alcanza para ir al trabajo.

Otros, dijo Bravo, están metiendo reposos psicológicos, dicen que tienen un examen en la universidad, que están haciendo trámites de papeles, que no pudieron ir porque estaban en una cola para comprar comida, que no hay luz o agua en sus casas.

“Están faltando con justificativos permitidos en la contratación colectiva y por eso es que se ven las casetas vacías”, contó.

En promedio una caseta debe tener entre seis y ocho operadores, dos de ellos de seguridad como era el caso de Rodríguez. Actualmente, cuando mucho hay uno o dos.

Cuando en la ventanilla de la caseta hay un letrero que dice no hay boletos, es porque no hay operadores. Y no los hay porque no les han pagado los aumentos salariales como es debido, les adeudan bonos nocturnos y días feriados.

De los 12.000 trabajadores, están quedando un poco más de 6.000, según Bravo, quien forma parte del recién creado Frente de trabajadores, jubilados y pensionados del Metro.

“Por ejemplo en la línea 3, este fin de semana, desde La Rinconada hasta Plaza Venezuela había solo un operador, cuando por estación por lo menos deben estar dos y un operador de seguridad”, dijo el trabajador.

Operador de seguridad ese era el cargo de Wuilis Rodríguez. Él trabajaba conjuntamente con los cuerpos de seguridad (policías, Protección Civil y bomberos) para levantar los arrollamientos, por ejemplo.

“Al no haber suficiente personal dedicado a esto los niveles de inseguridad se elevan. Esto más allá de una problemática salarial, es un grave caso que está afectando al usuario. Simplemente el Metro de Caracas no está cumpliendo con las normas internacionales de seguridad para el traslado de pasajeros. De hecho, hay funciones en cuanto al manejo de los trenes que se están haciendo de forma manual. Por ejemplo, los nuevos tienen una valija entre los vagones que manda la información sobre la velocidad el tren. Pues eso no funciona, no se le hizo la adecuación con el sistema nuestro, y como el Gobierno les debe a los fabricantes, los españoles no han hecho, la actualización. En consecuencia, los operadores son los que manejan el tema de la velocidad, si se exceden el tren se detiene o si van lento igual”.

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Cuando ocurre un frenazo o una parada repentina dentro de un túnel, explicó que eso se debe a ese factor de velocidad que está siendo manejado a discreción del operador.

Dejó de ser la gran solución

El 8 de enero se anunció un paro del sistema, medida que fue desmentida por la directiva de la compañía.

Los trabajadores dicen que no hay necesidad de llamar a un paro porque desde hace cuatro o cinco meses hay uno técnico: no hay mantenimiento en el sistema, 90% de las escaleras mecánicas no sirven, al igual que los torniquetes, los trenes no tienen aire acondicionado, no hay bombillos en algunas estaciones y tampoco seguridad ciudadana.

Hace meses, por falta de fumigación y limpieza profunda, hubo una infesta de ratas, pulgas y garrapatas en la Línea 3.

Por eso la mayoría de los trabajadores prefieren renunciar a sus años de servicio, prácticamente regalar la liquidación, emigrar a otros países, o simplemente prefieren vender café en las calles.

“Así ganan más”, reflexionó Wuilis Rodríguez, quien ingresó a la compañía en 2006, fue seguidor de del fallecido Chávez, participó y disfrutó de las marchas de la revolución. “Pero que va, este Maduro está destruyendo la empresa”.

Y según Bravo, la debacle se aceleró porque ahora en la compañía hay dos gerencias: La directiva a cargo de César Vega González y el Sindicato dirigido por Edinson Alvarado. “Alvarado es hermano de la jefa de Recursos Humanos y además es del ala política del presidente Maduro”.

Al parecer, toda esta convulsión dentro del subterráneo, movió la preocupación pisos arriba y se corrió el rumor de llevar el bono de alimentación a un millón de bolívares. Sin embargo, los trabajadores, insisten en que se encuentran en condiciones de miseria y que no quieren “bozal de arepa”.

Esta semana los trabajadores tendrán reuniones para definir las acciones de presión a seguir.

Foto Luis Miguel Cáceres



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