La mayoría de las personas eran trabajadores públicos, llegaron a las afueras del Tribunal Supremo de Justicia desde antes de las 9:00 a. m. para acompañar a Maduro a su juramentación. Después del mediodía, las consignas dejaron de escucharse, los carteles y banderas, cesaron de ondear, el discurso de Maduro estaba por comenzar.

Caracas.  Las sombras de los cuerpos que van quedando al mediodía en la avenida Baralt cubren los espacios vacíos. Hay una voz que insiste en que nadie puede moverse de su lugar: “Compatriotas, venimos a apoyar. Levanten las manos quienes vinieron a juramentarse”, se escucha minutos antes de que Nicolás Maduro inicie su discurso desde el Tribunal Supremo de Justicia como parte de la cuestionada juramentación para su periodo presidencial 2019-2025.

La mayoría de las personas que están allí son trabajadores públicos, llegaron desde las 9:00 a. m. y firmaron su asistencia. Ellos mantienen los brazos en el mango de los paraguas para cubrirse del sol, sostienen carteles en apoyo a Maduro —estos pasan la mayor parte del tiempo abajo— o simplemente se quedan inmóviles a la orden.

Están quienes intentan en coro repetir “yo soy presidente”, “yo soy presidente”, pero las cornetas de las tarimas que rodean al Tribunal Supremo de Justicia envuelven cualquier sonido. Minutos antes del mediodía, Nicolás Maduro irrumpió con su paso abordo de camionetas blindadas. La velocidad de los carros solo dejó el rastro de voces que comentaron que allí iba él: “Ya pasó, ya pasó”, se dicen las personas entre sí.

La gente, entonces, también decidió marcharse. Un trabajador pide permiso para irse. Y dice: “Estoy trabajando, jefe. Usted me conoce”. Aún Maduro no comienza a hablar, ya está dentro del TSJ, lo reciben, pero afuera la gente se va. “Un poco de gente se perdió”, comentan en un grupo de personas de Pdvsa, quienes se mantienen sentados en los brocales de la avenida. “Nos nos movamos de nuestros espacios, compatriotas”, repiten por los parlantes.

“La gente ya está bajando, yo también me iré”, dice una mujer mientras busca una tarjeta en sus bolsillos. “Aprovecharé para ver unos zapatos por ahí”, comenta. “¿Y mañana nos dan el día libre?”, pregunta. “No, mañana vamos a la Constituyente”, le responden. “¿Otra vez? Este solazo”, se queja y se pierde.

Las consignas también se apagaron mientras las personas comenzaban a pelar las naranjas que les repartieron. Para algunos había, incluso, sanduches y refrescos. “El hambre es la que me mata”, asegura un hombre que sostiene el saco de frutas. De fondo se escucha a Maduro: “Estoy listo, de pie, para democráticamente llevar las riendas del país”. Mientras repitió esa frase el saco de naranjas se agotó. Y prosiguió: “Lo juro”.

A Nicolás Maduro no lo pudieron ver bien ni en persona ni en pantalla. La transmisión comenzó a fallar. El audio se cortó y quedó la imagen congelada del presidente del TSJ, Maikel Moreno. “Uno viene a ver a Maduro y no lo pasan”, lamenta un hombre de unos 75 años.

Durante casi todo el discurso en una de las pantallas se le tapó el rostro a Maduro con un cuadro negro. “Se va a juramentar sin cabeza”, dicen quienes esperan que solucione la falla. También creen que detener la inflación debe ser una prioridad para el Gobierno en los próximos días, aunque la hiperinflación lleva más de un año pulverizando los salarios.

“Todo sube cada día. Hay que apoyar a las empresas internacionales para que vengan y podamos avanzar. Las grandes empresas que pongan a producir al Estado, que generen el empleo que necesitamos”, comenta Joel Petí, “porque la cosa estuviese peor si no fuese por las bolsas del Clap”.

María Romero, de 59 años de edad, dice que está allí porque es revolucionaria y vino a darle un espaldarazo a Maduro: “Sí creo que el tema de la producción nacional se debe atender. La mayoría de las cosas que consumimos son importadas y si no se consume lo que se hace aquí, estamos quebrados. Pero estamos avanzando hacia el estado comunal”.

Nicolás Maduro se juramentó para su segundo mandato en medio de una profunda recesión económica. Estimaciones de la Asamblea Nacional apuntan que la inflación de 2018 cerró en más de 1.600.000%. La comunidad internacional dio la espalda a Maduro: la Unión Europeo rechazó este segundo mandato y gran parte de los países de la región no asistieron al acto.

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Después del mediodía eran más las voces que repetían “vámonos” que “yo soy presidente, yo me juramento”.

Fotos: Carmen Victoria Inojosa


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