Edgar Silva se llenó de canas defendiendo a los viejitos

Desde hace 26 años lucha por mejorar la seguridad social de la tercera edad. Por eso estuvo preso, ha sido reprimido, ha aguantado los efectos de bombas lacrimógenas y ha sido hostigado por los cuerpos de seguridad. En síntesis, su defensa no ha sido grata a ningún Gobierno. Sin embargo, su trabajo no se detiene y menos ahora que el sistema no beneficia a los pensionados, sino las misiones.

Caracas. En el sótano de la sede principal del Seguro Social, ubicado en la parroquia Altagracia, ahí tiene la oficina el Comité de Derechos Humanos para la defensa de pensionados, jubilados, adultos mayores y personas con algún tipo de discapacidad, cuyo coordinador es Edgar Silva, un hombre que ha pasado 26 años luchando por una mejor seguridad social y que hoy llena el espacio de Gente Buena.

De hecho, la oficina del Comité es una lucha que se hizo en la calle. No fue que el Gobierno decidió que ellos estuvieran dentro de las instalaciones por mera complacencia. Eso costó golpes, sudor y lágrimas. Cuando el general Carlos Rotondaro estuvo al frente del Seguro Social fue que se dio la apertura y de la plaza José Martí, donde Silva se reunía con los viejitos, pasaron a tener una oficina pequeña con su respectivo logo.

Un avance en medio de tanta discriminación de la que ha sido objeto este sector de la población.

Una pasión que crece

La defensa de los derechos humanos de la tercera edad me llena de pasión, dijo Silva mientras atendía a una pensionada.

Una vez al mes se reúne con los delegados de todo el país.

El 11 de noviembre de 1991 fue que comenzó todo este movimiento. Silva, de profesión docente, tenía en mente trabajar con los muchachos de la calle, pero le tocó meterle el pecho a otros “niños”: la tercera edad. Pues ellos también son otros niños, comenta con regocijo.

Inicié la lucha con ellos y a la par con los pacientes renales que para la época eran muy vulnerados. Marchamos incluso hasta Miraflores para exigir los derechos de ley. En el 92 me pusieron preso, junto con Enrique Ochoa Antich. Nos llevaron a una celda de la Disip en Los Chaguaramos, en plena intentona golpista. No lo sabíamos hasta que en medio del enfrentamiento de los policías que intentaban tomar las instalaciones uno llegó y nos abrió la celda. Nos dijo que podíamos irnos. Lo que hicimos fue cerrarla y quedarnos ahí refugiados. En la tarde llegaron los custodios y nos encontraron. Esa es una anécdota que recuerdo perfectamente.

También tiene en mente todas las veces que los viejitos han tomado las calles y exigido el pago de sus pensiones.

A este movimiento no lo quiere ningún gobierno. Más bien en las épocas de Jaime Lusinchi, Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera siempre se intentó privatizar la seguridad social. Fue una tendencia en Latinoamérica en los años 90. De hecho, aquí quebraron el Seguro Social. Cuando llega Chávez logramos hablar con él y le pedimos tres cosas: eliminar la ley que para ese entonces había llegado al parlamento de privatización del Seguro Social [que llegó con el voto salvado de Silva, para ese entonces diputado independiente] derogar el decreto de liquidación del IVSS y para que ratificara a Rafael Arreaza como presidente del organismo.

Según contó, el entonces recién electo presidente de la República le concedió las dos primeras peticiones.Con respecto a la última nos dijo de manera muy déspota que él ponía en ese cargo a quien le daba la gana.

Con todo y eso, el movimiento que lideraba Silva no veía luz. Y eso ha sido una constante en estos 102 años de explotación petrolera. No se ha visto esto como la médula del bienestar de la nación. Ni cuando el petróleo estaba a 130 dólares, ni cuando Chávez tuvo todo el apoyo político sancionó la Ley de Pensionados y Jubilados. Más bien esta seguridad se ha manejado con clientelismo y populismo.

En los gobiernos de la cuarta, Edgar Silva y su comité se sentaron a hablar con todos los presidentes del Seguro Social y manifestaron en las puertas de Miraflores, hicieron vigilias y viacrucis.

Edgar Silva. 

En estos 18 años de revolución, lo hicieron cuando el coronel Jesús Mantilla fue interpelado en la Asamblea Nacional, pero de ahí para abajo —en toda la gestión de Carlos Rotondaro— se han sentado a discutir con los directores.

Y las veces que han pretendido llegar a Miraflores les mandan a los viejitos —que llegan con bastones, muletas y sillas de ruedas— equipos antimotín de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), al Sebin y a los cuerpos paraestatales comúnmente denominados “colectivos”.

No ha sido fácil. Y no va a estar mejor, porque antes no era que los pensionados y jubilados tenían muchos beneficios, pero estaban holgados y podían comprar comida y medicinas. Ahora se están muriendo de hambre. El Gobierno, que ha sido el más represor con los viejitos, aplica una eutanasia progresiva. Los está matando lentamente.

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Silva no olvidó su plan de atender a los niños de la calle. Pero estar al lado de los abuelitos durante 26 años, y además ir “envejeciendo” con ellos, le ha dado satisfacciones insuperables.

La defensa de los Derechos Humanos es algo contemplado en la Constitución y nosotros logramos que para los pensionados y jubilados se ratificada en los artículos 80 y 86 de la Carta Magna.

Todavía quedan 800.000 abuelitos fuera del sistema. Y aunque el régimen fortalece más a las misiones que a la misma Seguridad Social, Edgar Silva está empeñado en incorporarlos.

Quería defender a los niños de la calle y se quedó ayudando a los viejitos.

Muchos piensan que es más fácil sacarse el carnet de la Patria y cobrar un bono que supera la pensión, pero hay que hacerles entender que la Seguridad Social es bienestar y eso es un derecho al que no se debe renunciar.

Silva ya está jubilado del sector educativo. Ahora pasa más tiempo con su familia, radicada en Barquisimeto, estado Lara. Antes iba a su casa una vez al mes. Muy poco veía a sus cinco hijos. Nunca les faltó asistencia, no pude dedicarme a ellos completamente, pero estaba en esta lucha, en la cual hay muy poco espacio para el arrepentimiento.

En estos momentos pasa la mitad del mes en Caracas y la otra en la tierra guara. Sigue organizando protestas y reuniones. Una vez al mes se reúne con todos los delegados en el ámbito nacional y con los directivos del Seguro Social. De hecho, justo en el momento de publicar esta nota, estaba en ese encuentro, donde llevó una lista de quejas, entre ellas el hecho de que un pensionado cobra menos que un bono de la Patria —347.000 bolívares— y que eso solo le alcanza para comprar un cartón de huevos. “Como ves, la lucha sigue”.

Fotos: Francisco Bruzco


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