La selectiva más importante del hipismo nacional disputó el domingo una de sus ediciones menos atractivas en lo deportivo y en lo económico.

Caracas. El último domingo de octubre ha sido por muchos años la fecha más esperada por los hípicos venezolanos. Y es que el cierre del décimo mes del calendario trae consigo la disputa del Clásico Internacional Simón Bolívar, la carrera más prestigiosa del turf nacional, con la que suelen soñar criadores, propietarios, entrenadores y jinetes por igual.

No obstante, la edición 2018 de la selectiva en honor al Padre de la Patria distó mucho de ser una competencia atractiva desde lo deportivo y mucho menos desde lo económico. El desánimo que produjo una nómina de 10 purasangres —seis de ellos ganadores de menos de tres carreras— repercutió en la asistencia al hipódromo La Rinconada que no lució el acostumbrado llenazo de años anteriores.

La prueba en sí transcurrió sin sorpresas ni mayores alternativas para los aficionados, que casi desde las inscripciones sabían que el estadounidense Tap Daddy —perteneciente a la familia Convit— iba a imponerse de punta a punta con la valiente yegua criolla La De Horacio como escolta. La ventaja de menos de tres largos con la que resolvió el evento a su favor el invasor de Haras El Centauro fue acaso la única discordancia con el análisis de los entendidos, quienes preveían un lauro más holgado del tresañero.

Ausencia de los mejores

El poco brillo del Bolívar 2018 se debió en buena medida a la ausencia de los mejores exponentes de la generación de tres y cuatro años que hace vida en La Rinconada. Los propietarios de Bukowski, My Racing Mate, Apistos y El Cubita esgrimieron razones “estrictamente económicas” para no anotar a sus pupilos en el Grado I.

La inasistencia de los caballos más clasificados al clásico más importante de la temporada era una decisión impensada en el pasado. Además de la gloria deportiva que suponía pasar la raya en primer lugar, la bolsa de la carrera era millonaria y sumamente atractiva. En 1985, por ejemplo, los dueños de la yegua Princess Run se embolsaron un 1,6 millones de bolívares de premio, unos 108.000 dólares al cambio para la época.

La devaluación de la moneda acabó con esas grandes recompensas. Ya el año pasado, los premios a repartir del magno evento estaban en 100 millones de bolívares fuertes, poco más de 2400 verdes, con apenas 1577 (65 millones de bolívares) para el ganador, si bien la edición 2017 sí contó con lo más granado entre los equinos de La Rinconada.

Para este 2018, el Simón Bolívar repartió 114.750 bolívares soberanos, con 74.587 para los intereses del ganador Tap Daddy o en la llamada “moneda fuerte” risibles 498 y 324 dólares, respectivamente. Tan bajo incentivo para los inversionistas se tradujo en priorizar la participación en la Serie Hípica de diciembre en Miami, con un pote mínimo en el Clásico del Caribe de 300.000 en la divisa estadounidense.

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“Entre la pobreza del premio, la medida anacrónica de no permitir la participación de caballos de cinco y más años y la inerte gerencia hípica, están acabando con el Simón Bolívar”, lamentó el propietario Jorge Pimentel al opinar sobre la última edición de la contienda.

Al igual que muchos empresarios de la actividad hípica, Pimentel le apunta a buscar patrocinio privado para mejorar la bolsa, permitir la transmisión televisiva y crear una estrategia de promoción para la carrera. “De lo contrario seguiremos viendo ediciones chucutas como la de este año donde están cantados ganador y escolta, sin competitividad ni emoción y con nuestros mejores tresañeros buscando los mejores premios en el norte”, alertó.


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