La hiperinflación venezolana —que en 2018 superó el 1.600.000 %, según la AN— sigue haciendo estragos y devorando la capacidad de compra del bolívar. En medio de este fenómeno, muchos venezolanos de a pie han encontrado en el dólar estadounidense una forma de resguardar sus ingresos y día a día está presente en conversaciones cotidianas. En la calle muchos ya calculan todo con base en esa moneda y señalan que la economía está «prácticamente dolarizada».

Caracas. La economía venezolana está dolarizada de facto. Más allá de que muchos comercios ya han fijado precios en moneda estadounidense, la ciudadanía también se ha acostumbrado a hablar en dichos términos: conversaciones casuales como las de compra y venta de alimentos y productos entre particulares ahora incluyen la palabra «dólar».

El bolívar soberano poco a poco pasa a un segundo plano. Pese a que es la moneda oficial de Venezuela, en la práctica la realidad es otra. «Nosotros en lo particular usamos bolívares solo para comprar en la calle o pagar deudas bancarias. La verdad es que muchos productos ya están siendo vendidos en dólares y es por eso que ahora se menciona tanto«, indica José Núñez, quien utiliza como ejemplo el combo de coche, corral y portabebé que compró para su hijo que nacerá en marzo.

Cuestionados acerca del precio, su pareja respondió que el mismo fue de $100, porque era usado. «Para ese momento solo teníamos 60 ‘verdes’ en efectivo. Le dijimos a quien lo estaba vendiendo que podíamos pagar el resto en bolívares y se negó. Ya esa moneda no vale nada, tuvimos que comprar los 40 restantes para poder adquirir el combo«, mencionó la joven.

Como «dolarización de facto» denomina el analista financiero Henkel García al fenómeno económico que ocurre hoy día en Venezuela. Hecho que atribuye, en parte, a que la moneda estadounidense ya no tiene el mismo poder de compra que tuvo a inicios del año pasado. «En 2018 las personas vendían 50 o 70 dólares y podían vivir relativamente cómodos, en otros países para vivir ‘más o menos bien’ hacen falta entre $300 y $400, eso es lo que se está necesitando ahora«. García sostiene que esta es la razón por la que cada vez más personas buscan ingresos en dólares.

La compraventa de dólares es otra actividad que aumenta cada vez más conforme el bolívar sigue devaluándose y la economía venezolana se contrae. «¡Estoy comprando dólares!», le dice Antonio Ocampo a un joven —que prefirió no ser identificado— mientras espera el ascensor en un edificio del oeste capitalino. «¡Yo también estoy comprando! 150 a 1500 [cotización no oficial para el momento]».

Más que para ahorrar es para que mi dinero no pierda valor. ¿De qué me sirve que la empresa me pague con ‘ese poco de ceros’ si al día siguiente no vale lo mismo? Prefiero gastar lo que tenga que gastar y lo que me sobre lo ahorro en dólares«, respondió Ocampo al ser cuestionado acerca del motivo de la compra.

Es por ello que García, quien es además director de Econométrica, no considera que quienes ganen en bolívares «estén en desventaja. Si tienes bolívares los cambias y así proteges tus ingresos, la gente se está defendiendo. Si vas a un barrio y preguntas cómo prefieren recibir el pago, todos te dicen que en dólares y eso es propio de la hiperinflación».

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Magaly Aquique trabaja en la misma empresa desde hace más de veinte años y nunca había tenido que hacer referencia a precios en dólares, salvo cuando viajaba al extranjero. Desde mediados de 2018 —dice— la compañía a la que le ha dedicado la mitad de su vida laboral le ofrece a sus empleados «bonos dolarizados». Aquique menciona que, dependiendo del cargo y nivel, los trabajadores reciben entre 15 y 50 dólares al cambio en el mercado paralelo.

El último que me pagaron fue a mediados de diciembre: 32.000 bolívares soberanos. Junto con mi esposo, compramos las cosas de la cena navideña y lo demás lo usamos para comprar dólares«, señala Aquique en compañía de su esposo mientras compara precios en un reconocido centro comercial.

Indica que debido a esos ingresos ha «podido ahorrar algo de dinero». La meta de la pareja es guardar tanto como puedan para así correr con los gastos de graduación de su hija de 16 años, el año que viene. «Y para que pueda emigrar, si la situación no mejora», advierte su esposo.

Otros buscan resguardarse en la divisa estadounidense para prever gastos futuros, como los de matrículas universitarias. Tal es el caso de Andrés Conde, quien estudia Ingeniería en la UCAB y trabaja desde su casa para una compañía foránea. Vive con su abuela y sus padres migraron a Estados Unidos, por lo que sus ingresos los destina a gastos personales y universitarios.

Conde señala que desde hace más de un año planifica cuántos dólares deberá destinar al pago de inscripción y mensualidades de sus estudios superiores.

Desde que empecé a guardar dólares para pagar el semestre me di cuenta de que se necesitan entre 60 y 100 dólares, dependiendo de cuántas materias inscriba. De lo que gano, guardo entre 15 y 20 dólares al mes previendo eso«, señala el estudiante.

Henkel García afirma que «librarnos de ella [la dolarización] será muy difícil, la gente se acostumbra. En un futuro quizá vamos a tener una convivencia de monedas, un modelo dual». Menciona como ejemplo a Perú, que después de la hiperinflación que sufrió pasó a tener dicho régimen monetario dual, entre el sol peruano y el dólar. Sin embargo, resaltó que mientras el proceso hiperinflacionario se mantenga «la dolarización va a seguir avanzando de manera acelerada».


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