No tratan a los enfermos de zika. La escasez de insumos y falta de aires acondicionados pone en jaque la operatividad del HUM. Moscas y zancudos pasean por los nueve pisos.

Nataly Angulo V./@natalyaav

Maracaibo. Erika Orellano tiene a su papá hospitalizado desde el viernes por una infección pulmonar en el Hospital Universitario de Maracaibo (HUM). La escasez de insumos y medicamentos mantiene a su familia en una constante carrera contra el tiempo. Y es que en la emergencia del centro asistencial ni siquiera hay alcohol.

El HUM está a oscuras. El aire acondicionado solo sirve 60 % de sus instalaciones. No funciona el tomógrafo ni la sala de hemodinámia (cateterismo). En la Unidad de Imágenes, que opera en el piso seis, solo se hacen ecogramas; no hay insumos para imprimir las placas y el mamógrafo no sirve.

Pero la situación es mucho peor de lo que uno se imagina. Algunos de los laboratorios solo tienen reactivos para hacer hematologías simples, y otros no funcionan porque necesitan aires acondicionados. Orellano lo sabe, ha pagado cuatro exámenes en clínicas privadas.

Las medidas de higiene no se cumplen. En la sala de Emergencia de Pediatría el olor de los baños es nauseabundo y se percibe en los cubículos cercanos. La falta de agua hace imposible mantener la limpieza. El racionamiento de Hidrolago en la ciudad es de 36×108 y obligó a las autoridades hospitalarias a bombear agua 15 minutos cada tres o cuatro horas.

Moscas y zancudos pasean por los pasillos de los nueve pisos del HUM, una contradicción con las medidas de prevención que mantiene el Gobierno contra el zika, cuyos enfermos no son atendidos en el hospital. “A los que llegan con zika los devolvemos. Aquí no hay medicina para ellos”, dijo una doctora, que prefirió no identificarse. El miedo a represalias por parte de las autoridades del hospital es una constante entre los trabajadores

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Un enfermero comentó que en algunos casos a los pacientes sospechosos de tener zika, se les anota como diagnóstico que padecen “síntomas virales agudo”.

En un recorrido piso por piso, se constató que en la Unidad de quemados, tanto pediátrica como de adulto, no funciona el aire acondicionado. Un clima frío es lo recomendable para evitar infecciones en estos pacientes.

Los obreros del piso ocho, hospitalización de medicina interna, no tienen cloro para desinfectar los pisos y muchos menos los baños, donde la basura, pañales y papeles se acumulan en el suelo. “Aquí se hace hasta donde el trabajador pueda, quiera y se sienta comprometido”, soltó un supervisor de mantenimiento, quien precisó que al menos 600 tubos fluorescentes necesitan el HUM, requerimiento que está en manos de su director Samuel Viloria desde hace más de seis meses.

La Unidad de Nefrología no practica estudios porque las consultas están suspendidas por falta de aires acondicionados. El servicio de odontología solo atiende a pacientes especiales: VIH, cardiópatas, diabéticos y hepáticos.

No hay insumos para controlar y curar a los pacientes con “problemas de azúcar”. A los enfermos se les pide gasa, guantes, algodón y hasta alcohol. “Le enviamos a hacer los exámenes afuera para poder tratarlos, muchos no tienen dinero para costearlos. Nosotros no tenemos ni cintas para el glucómetro”, contó una doctora del departamento.

La escena en la Emergencia de adulto es la peor. Los pacientes con diagnósticos graves esperan acostados en unas camillas acomodadas en filas a los largo de los pasillos, otros están en los cubículos y los menos afectados en sillas. Los baños no sirven, el orine se junta al igual que la basura, y el olor hace insoportable la estadía en esta áreas.

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“Esto es un desastre, y eso que era el mejor hospital que tenía Maracaibo”, se quejó Zulima Chacín, cuya pariente está en la Unidad de Cuidados Intensivos desde el pasado jueves, un lugar donde no hay ventilación artificial ni natural y hasta las taras son huésped en el lugar.



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