Hace ocho días suspendieron las ayudas económicas para la realización de exámenes a pacientes del J.M de Los Ríos y la dotación de insumos y comidas. Cerca de 30 familias, todas del interior del país, están afectadas. Son casos de niños con casos oncológicos, con hidrocefalia y con desnutrición severa.

Caracas. “45 millones de bolívares me cuesta un examen que le tengo que hacer a mi hijo. No tengo ese dinero, no tengo para hacerle ninguna de las pruebas y ahora mi angustia crece porque me van a desalojar del refugio. Dime cómo hago, estoy en una situación muy desesperante, pues mi niño está muy mal. No lo pueden operar en el hospital J.M de Los Ríos si no tengo los resultados y tampoco me puedo ir para Bolívar porque allá no hay nada en los hospitales. Ya yo no tengo casi nada, todo lo he vendido para costear la enfermedad del niño, que sufre del síndrome acromegálico”.

Muy preocupada y aguantando las lágrimas, pues su hijo de 8 años la merodeaba, Yaritza Bastidas, revisaba la carpeta con los récipes y el informe de su hijo. Nada le cuadraba. Los montos le parecían exorbitantes, su cuenta bancaria la tiene en cero y la ayuda que le estaba llegando hasta el jueves pasado se esfumó.

“Tuve que sacar la maleta y la dejé en la habitación 42”. Ella está en uno de los hoteles que hasta el jueves 5 de abril costeó el Ministerio de Salud, para beneficiar a las madres de escasos recursos económicos que llegan de otras regiones con casos referidos para el hospital de niños J.M. de Los Ríos, ubicado en San Bernardino.

Justo el jueves a su hijo le tomaron unas muestras que el mismo ministerio envió a laboratorios privados. “Ahora no sé qué va a pasar con esos resultados. No me lo pueden operar porque no he podido hacerle la tomografía, tampoco una prueba inmunológica que me cuesta 6 millones de bolívares y ahora me sacan del hospedaje”.

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Yaritza este jueves en la mañana se fue a recorrer las clínicas privadas para buscar nuevos presupuestos. Dijo que cada cinco días cambian las cantidades “y ahora si nadie nos da respuesta, quedamos en el limbo con nuestros hijos. El mío está empeorando con el paso de los días”.

Con ella, otras 10 mamás comentaban su desespero. Sin dinero y con los niños y niñas en brazos en condiciones muy críticas. Ninguna quiere regresarse a sus lugares de origen.

“En los hospitales de Anzoátegui no hay ni algodón”, llegó a comentar una mamá con un bebé de cinco meses de nacido que presenta insuficiencia renal.

Desde que el Ministerio de Salud se desentendió de estas mamás y los pacientes terceros (vecinos de la zona y fundaciones) están pagando las noches.

A unas les cancelaron tres o cuatro días. “Son 500.000 bolívares u 800.000 bolívares, dependiendo del caso. Las ubican en habitaciones dobles. “Pero cuando se acabe la reserva nos sacan. Eso me tiene muy mal. No me puedo ir con mi hijo así, dijo Ixamar Díaz.

Una hidrocefalia congénita comunicante mantiene a su niño inestable. Llegó el pasado 3 de abril al J.M. de Los Ríos proveniente de Los Llanos. No la ingresaron al hospital, sino que le dieron la opción de albergue mientras le hace los exámenes.

“Ahora me quedé en el aire. El niño tiene otitis, fiebre, diarrea, no le está funcionando la válvula que me costó 30 millones de bolívares. Aquí me no lo están observando. Ya yo no tengo dinero. Vendí hasta la plancha para costear los gastos, por eso, confié en la ayuda del ministerio”.

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Esta mamá decidió irse el sábado 7 con su hijo para su casa. Fue al terminal de La Bandera para pedir la cola y llegando a Barinas se regresó porque el niño emporó con la fiebre.

Una vez aquí, y ya conociendo el desalojo en puertas de los “refugios”, tuvo la suerte de que le pagaran el hospedaje.

“Eso no es lo que queremos. Yo no estoy aquí porque me gusta estar metida en un hospital, estoy aquí por la salud de mi hijo. Nadie sabe lo que uno sufre estando en estas condiciones. No me importa quién trae la ayuda, si el ministerio con la misma gente y otra, pero que nos presten atención”, dijo.

Rosi Díaz, quien convocó la protesta del pasado jueves 5 de abril, madre de un paciente nefrópata, y quien fungía como el enlace entre el ministerio y las mamás, dijo que durante estos ocho días no han recibido respuesta.

“Son como 30 familias. Ya las del hotel Orquídea salieron, quedan las del Lucas, Renovación y La Estrella. Antes el ministerio pagaba, nos ayudaba con la comida y los exámenes. Ya tenía 15 días que no daba los aportes para los ecos. Muchos niños se estaban quedando sin las pruebas de rutina. Nosotras apoyamos este proyecto desde que Salud se instaló en el J.M (en septiembre pasado). Además, es un derecho para nuestros hijos. Si ellos se querían retirar o se acabó la partida presupuestaria, tenían que sentarse a dialogar con las mamás”.

Otras como Yuleisis Pacheco de 20 años, deambula con su hijo de dos meses de un lado para otro. Hasta hoy jueves tenía chance de quedarse en el hotel. Su caso es verdaderamente dramático. Trajo a su bebé desde El Vigía con fiebre.

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“Tiene hidrocefalia, necesita una válvula, pero allá no se puede hacer nada. Siempre le pregunté a los médicos si le podía dar vitaminas porque estaba muy flaquito y me dijeron que no. Llegando aquí le diagnosticaron un cuadro muy severo de desnutrición. No lo estoy alimentando como es, porque yo no estoy comiendo. No quiero irme del refugio. Pero tampoco quiero que me saquen a las malas. Eso no lo quiero”, dijo la joven que mostró un rosto de cansancio por el trajín y por el hambre.

A ella una fundación le pagó cuatro días en uno de los hoteles. No tiene quién la ayude, no tiene dinero y la desesperación la entumece. Solo con la mirada clama ayuda del que le pasa, por un lado.

Ahora las mamás reciben alimentos donados. La dirección del hospital les permitió usar la cocina. Se turnan para preparar los alimentos ahí. Sin embargo, dijeron que pasan muchas horas sin comer, pues dependen de la caridad de las fundaciones.

En estos momentos no hay antibióticos en este centro de salud. Los niños que tienen catéteres y válvulas que están hospitalizados están adquiriendo bacterias. Las operaciones electivas también están retrasadas por la escasez de insumos e incluso de sangre para transfundir.

“Estamos esperando una respuesta del ministerio. No queremos trancar más calle. No obstante, lo haremos porque nuestros niños corren el riesgo de morir”, sentenciaron las madres que ayer se reunieron en el auditorio de este puesto asistencial.

Foto y video: Mabel Sarmiento Garmendia



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