En una ciudad donde el alumbrado y el transporte público son escasos, se convierte en un reto para quienes estudian y laboran en turnos de la noche. A esto se suma la inseguridad y la falta de seguridad ciudadana.  Pero hay cientos de personas que se sobreponen a los inconvenientes y trabajan o estudian de noche en Caracas.

Caracas. Cuenta, cuenta la leyenda / Que antes todo, era mejor / Cuenta la leyenda /Que se podía caminar / Y de vez en cuando, mirar al cielo y respirar / Pero, no puedo llorar Por un pasado que no conocí (…). Esa estrofa de la canción Vivir en Caracas del cantautor Yordano, dice mucho de aquello que nos cambió la rutina y la traemos al presente para hablar de aquellos que, pese al plomo del aire, de las calles rotas, de la falta de iluminación, viven Caracas de noche y lo hacen trabajando o estudiando.

Quienes estudian de noche dicen que, hasta hace 5 años en Caracas, podían asistir a clases hasta las 10:00 p.m. Los que hacen jornada laboral aseguran que, si no se quedaban hasta el amanecer, podían salir de madrugada y pagar un taxi que los llevara hasta sus hogares.

El colapso del transporte público, la pérdida del poder adquisitivo y la inseguridad ha dejado los pupitres y puestos laborales vacíos. Sin embargo, algunos estudiantes y trabajadores se resisten a dejar morir el turno nocturno.

Ciertamente,  algunas personas migraron a turnos matutinos o vespertinos y eso hace que  la academia de noche esté en estado de coma.

No obstante, los alumnos que trabajan durante el día y quieren surgir no tienen otra opción que estudiar después de las 5:00 p.m. y, aunque temen ser víctimas de la delincuencia, saben que el esfuerzo dejará resultados positivos.

Diego Villarreal, estudiante de cuarto año de Derecho de la Universidad Central de Venezuela (UCV), dijo que hay días que tiene clases hasta las 8:00 p.m. precisamente porque después de esa hora los salones se quedan vacíos.

Se va  hasta la estación de Metro Ciudad Universitaria en medio de la oscuridad, porque el último transporte interno trabaja hasta las 4:00 p.m. Ya hace tiempo que no cuentan con ese servicio en horas nocturnas.

Diego vive en Charallave, así que no pierde tiempo entre el pasillo y la estación. Si no llega a La Rinconada antes de las 9:00 p.m. se le hace más difícil llegar a su casa.

Desde 2008 hasta 2015 la deserción estudiantil en la UCV se mantuvo en 5%. Pero a partir de ese último año el porcentaje se modificó. Un informe que presentó la Secretaría de la universidad ante el Consejo Universitario reflejó que 29,1% de los alumnos abandonaron las aulas en 2017. Un hecho que se profundiza para los estudiantes del turno nocturno.

Hay salones en los que la asistencia no pasa de 10 alumnos. Pero eso no desmotiva a Diego, quien asumió el reto de la vida nocturna y no quiere pensar en la deserción por ahora.

Pero no solo él hace la carrera a las carreras. En la Escuela de Derecho solo quedan dos vigilantes y solo uno cubre la guardia nocturna, no tiene transporte asegurado para llegar a su casa, razón por la que apura a los estudiantes para que culminen las actividades temprano.

“En algunos casos vemos clases cuatro alumnos. Algunas veces es el mismo personal de seguridad quien nos advierte que ya es tarde. Al abandonar las instalaciones de la escuela nos toca, a los pocos estudiantes que quedamos, pasar por los pasillos en penumbras. Ni un poco de luz podemos ver hasta que llegamos a la estación. Pero, aun así, estoy decidido a graduarme porque quiero trabajar para mi país”, sostiene Villarreal.

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Caracas de noche. Foto: Gleybert Asencio
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Trabajar en medio de la oscuridad

Enfermeros, médicos, periodistas, taxistas, meseros, personal del aseo, paramédicos y bomberos son algunos de los que están activos para cubrir guardias.

Tal es el caso de Zuleima Josefina Romero, estudiante de la Escuela de Trabajo Social de la UCV y enfermera del Hospital General Dr. José Ignacio Baldó, conocido como El Algodonal, quien asiste a ambas actividades en el turno nocturno. Cubre su guardia en el centro de salud de 7:00 p.m. a 7:00 a.m.

Romero entra a clases a las 4:30 p.m., pero su travesía nocturna realmente empieza cuando sale a las 6:30 p.m de la universidad. Cuenta que debe caminar, junto a su grupo de estudio, hasta la estación del Metro Zona Rental para abordar un tren de la Línea 2.

Entre retrasos, vagones sin aire y los empujones, llega a la estación Carapita. Una vez que se encuentra en el lugar toma una camioneta para movilizarse hasta el hospital, pero, en ocasiones, en medio de las aceras sin alumbrado público, no hay camionetas.

La situación del transporte público es crítica. Los pasajeros se refieren a que cada día es peor. La gente toma precauciones cuando cae la tarde, se pelean por abordar las pocas unidades que quedan y evitan montarse en camionetas cuando cae la noche.

Sin embargo, a Zuleima no le queda otra opción que subir a pie hasta El Algodonal, como unas cinco cuadras, precisamente por la falta de busetas. Le toca pasar por calles sin luz, camina por el medio de la vía. Además teme ser víctima de la delincuencia debido a que los alrededores están desolados. Dice que en las aceras se encuentra llenas de desechos domésticos, escombros y matas, lo que frena su paso apurado.

“Cuando voy llegando al centro de salud, primero debo pasar por un ambulatorio, donde también falta iluminación. Luego termino de subir a pie hasta el edificio Simón Bolívar, uno de los tres que conforman al hospital. Pienso que eso debería tener un alumbrado a pesar de que no haya pacientes porque está muy solo y esos espacios se prestan para muchos robos”, explicó.

Aun así, manifestó que llega al hospital con alegría y entusiasmo aunque se sienta agotada. Es enfermera de vocación y siempre les muestra una sonrisa a sus pacientes para atenderlos con todas las ganas que estén a su disposición.

Otro caso similar vive Peter Contreras, supervisor de seguridad del Hospital Psiquiátrico de Lídice, quien camina ocho cuadras desde Agua Salud hasta el centro de salud debido a que no hay transporte a partir de las 7:00 p.m.

Contreras afirma que a pesar de que no cuentan con linternas para alumbrar los pasillos del hospital y que el personal ha desertado en los últimos cinco años, todavía se motiva a trabajar por los pacientes y por los años de servicio.

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En penumbras debe ingresar el personal por los Pasillos de El Algodonal. Foto: Crónica Uno / Mariana Mendoza
Vida nocturna sobrevive a la deserción

No hay cifras exactas de cuántos trabajadores hay en horarios nocturnos, pero Pablo Zambrano, secretario nacional del Movimiento de Sindicato de Bases (Mosbase), se atreve a asomar que hay 50% de personal faltante en estos horarios, principalmente en el área de la salud.

Se han ido fundamentalmente por los sueldos y salarios que son simbólicos. Sin embargo, aseguró, las jornadas se mantienen. «El problema del transporte es terrible, hay ausentismo permanente, los trabajadores tienen además problemas con el agua, luz, gas, alimentación en casa y lo mismo lo viven en el trabajo, dónde no se les garantiza lo mínimo para ejercer sus funciones».

Los trabajadores que laboran con las compañías recolectoras de desechos entran en ese lote. Ya no salen todas las cuadrillas, si acaso el chófer del camión y el recolector. Hay casos en los que el conductor se baja y él mismo recoge la basura.

«En mi caso quedé prácticamente solo en la noche, los otros migraron al día. Se les hace difícil el transporte. Yo porque tengo una moto, pero tampoco me quedo hasta tarde», contó un obrero de Fospuca.

En octubre del 2018 el Frente en Defensa del Norte de Caracas informó que Supra Caracas solo tenía 20 % de su flota de camiones operativa y los trabajadores no contaban con el equipamiento adecuado para asear la ciudad.

Carlos Julio Rojas, coordinador del Frente en Defensa del Norte de Caracas, manifiesta que la capital se encuentra en una emergencia sanitaria porque esta organización está quebrada y casi al borde del colapso debido a que solo entre 12 y 15 camiones prestan el servicio en el municipio Libertador. En las noches si acaso un camión pasa haciendo la ruta.

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Foto: Gleybert Asencio

En Cantv queda haciendo guardia quien atiende la central de información y averías. Y un trabajador para emergencia que trabaja 24 por 48.

La mayoría de los empleados de la noche fueron trasladados a jornadas diurnas, precisamente por el problema del transporte.

En compañías de servicios se observa la merma de personal. Sin embargo, hay una Caracas moviendo después de las 9:00 p.m. Los caleteros de mercancía en el mercado Mayor de Coche, no se detienen. Y mientras descargan sacos de verduras y aliños, otros venden café, cigarros y arepas. Así aguantan la noche.

Otros están detrás de las recepciones de hoteles, en las cajas registradoras de bares y restaurantes y sirviendo las mesas.

Uno es César Duque que de 49 años, tiene 24 trabajando como mesonero, 8 de ellos en el restaurante El Lagar, ubicado en la avenida Solano.

Tiene un hijo, un nieto y su esposa. Vive relativamente cerca de su lugar de trabajo, en un sector llamado Las Delicias. Cuando sale de madrugada, si no tiene quien lo lleve a casa, la empresa le paga un taxi. Cuenta con ese apoyo. Dice que el local era solo un restaurante, pero qué producto se la crisis lo tuvieron que transformar en un lugar para el baile.

Por ahora,  César no se ve afectado por el problema de transporte. Pero sí por la inseguridad. Dice que esa es la razón por la que ha mermado la presencia de gente en el local y en la calle en general. Además, claro, del tema económico. Hay muchas dificultades para gastar plata en la calle ahorita, dice. Le preocupa la soledad y la oscuridad de las calles. «No hay seguridad. Más bien si ve un policía se asusta mucho más. Uno no sabe si le van a quitar la poca plata que uno carga encima».

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Foto: Gleybert Asencio

Hermes Ospina es funcionario de Protección Civil, PC, desde hace 21 años. Tiene 45 años de edad, y vive en Antímano. Desde que trabaja en PC hace guardias de noche.

La mayor dificultad que enfrentan a la hora de hacer el trabajo tiene que ver con la inseguridad. Los carros que usan para ir a las comunidades o para hacer el trabajo se parecen mucho a los de la policía o los otros cuerpos de seguridad del Estado, por eso los confunden, y quedan es una situación de riesgo.

«Para hacer el trabajo, tanto de día como de noche, necesitamos un enlace con líderes comunitarios que nos acompañen y vean qué estamos haciendo. Para hacer las labores y garantizar nuestra seguridad tenemos que hacer todo bajo las pautas de la comunidad».

En la Cota 905 no pueden  entrar. «Ni por la avenida principal podemos pasar. Eso lo tenemos prohibido. Para entrar hay que hacer todo previa coordinación con líderes de ahí. Los líderes de la zona creen que somos policías y se sienten amenazados con nuestra presencia. Cuando nuestro trabajo no tiene nada que ver con eso».

Hace unos 6 años aproximadamente les secuestraron una unidad con su personal. «Gracias a Dios eso no ha ocurrido más».

Hermes no tiene problemas para trasladarse de madrugada,  porque sus guardias son de 24 horas. Entran a las 8:00 a.m.  y sale a las 8:00 a.m del siguiente día.

En cada guardia deben ir bien desayunados y prever su almuerzo y su cena. La institución les apoya con un complemento alimenticio.

El trabajo en la noche es fuerte. Le ha tocado ver cuerpos mutilados producto de accidentes automovilísticos, motorizados con  el cráneo roto y la masa encefálica afuera o con fracturas en distintas partes del cuerpo. También le ha tocado ver personas tapiadas por derrumbes en épocas de lluvia, todo esto en la noche. Recuerda el caso de la tragedia de Vargas, y derrumbes en la carretera vieja Caracas-La Guaira, en sectores como La Llanera.

«Caracas ha cambiado mucho en la noche producto de la crisis. Nosotros antes registrábamos en una noche hasta 6 o 7 accidentes de tránsito con un mayor número de personas involucradas en estas colisiones. Hoy hay noches en las que no ocurre nada. Antes había mucho tráfico nocturno, y había mayor cantidad de gente en locales nocturnos tomando alcohol. De ahí el número de accidentes. Eso ha disminuido mucho. El alcohol está muy caro. Ya uno no ve ese movimiento en la noche. Ya no hay tantos locales abiertos. Además, producto del alto costo de los repuestos, muchos vehículos están accidentados y es difícil reparamos. Por eso también el flujo vehicular ha disminuido, y con ello el número de accidentes.

Hermes no está equivocado con su apreciación nocturna. Hay menos accidentes y menos ocupación en las de los hospitales. No llegan los fracturados ni tampoco los infartados.

A los citadinos, sin carro, les cuesta movilizarse en las noches. Pero eso no borra la realidad que aún se vive la capital. Esta vez no cuenta la leyenda, que antes todo era mejor, lo narran voces de quién trabajan y estudian de noche y muestran otra cara de la vida nocturna de Caracas.

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