En casa de la maestra María del Carmen la tarea dirigida es un asunto familiar

tarea dirigida

En la parte alta de La Vega, la docente y su familia abren las puertas de su casa para recibir a niños del barrio que necesitan refuerzo escolar. María del Carmen Vivas Sánchez primero fue secretaria y asistente administrativo en la Escuela Canaima, donde se enamoró de la docencia. Estudió Educación en el Iupma y ya tiene cuatro años formalmente en las aulas de este plantel.

Caracas. Las maestras Sixta Cortez e Isabel Castellano y el padre Jean Pierre Wyssenbach son solo tres de las personas que, desde hace décadas, han escrito la historia educativa de la parte alta de La Vega, barriada del oeste caraqueño. Y fue la profesora Isabel, en su empeño de servir a la comunidad, la que un día invitó a una muchacha del barrio a ser secretaria en la Escuela Canaima.

Esa muchacha, con el tiempo, se convirtió en la maestra María del Carmen Vivas Sánchez, que hoy, además de desempeñarse como maestra de cuarto grado, con el apoyo de su familia da clases de tareas dirigidas en los espacios de su casa.

“Gracias a la profesora Isabel Castellano comencé a trabajar en la Escuela Canaima como secretaria. Un día estaba yo comprando en el Mercalito y pasó la profe, me vio y me preguntó: ‘¿Tú no quieres trabajar aquí?’ Necesitamos una secretaria. Así fue como comencé”, cuenta la maestra María del Carmen.

De la administración a la docencia

Aunque la administración era su mundo, el contacto con la docencia le fue abriendo otros horizontes. Después de dos años y medio como secretaria, pasó a ser asistente administrativo, y mientras desempeñaba este rol, vivió la experiencia de trabajar en un aula de clases.

“Muchas veces, cuando faltaba un maestro, me decían: ‘María del Carmen, apóyame en tal salón’. Y yo me iba a apoyar. En la escuela, en horas de la tarde, también dan refuerzo escolar, y yo me encargaba también de que llegaran todos los facilitadores, de que no faltara nada en ningún salón, me metía en los salones sin ser docente; así me fui empapando, me fue gustando esa rama, me fui enamorando”.

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Foto: Luis Morillo

Pero un elemento adicional llevó a María del Carmen a inclinarse por la docencia: la familia. “Yo buscaba una carrera que me permitiera estar más tiempo con mi familia. Yo tengo dos hijas, y lo que siempre he querido es tiempo para estar con ellas y con mi esposo”.

Toda la familia aporta su granito de arena

Ese anhelo de la docente de estar cerca de su familia se ha hecho realidad y de un modo particular. En su hogar, todos participan, bajo la batuta de la maestra en las clases de tareas dirigidas que ella dicta.

El hogar es pequeño, y aún está en construcción, pero ahí la docente distribuye el espacio y las responsabilidades. “Me propuse dar tareas dirigidas como una vía para apoyarme económicamente, pero a medida que iba dando el refuerzo escolar, veía que también me reforzaba yo como docente; al atender a niños de distintos grados he visto como se amplían mis conocimientos”.

Tiene su mesa verde en la que los pequeños realizan sus trabajos. Su asistente directa es Maibe Guerra, su hija de 13 años, pero también su niña de ocho y su esposo participan del hecho educativo que acontece en el hogar.

La que más me ayuda con las tareas dirigidas es Maibe, pero mi esposo me ayuda muchísimo; además de tener mucho trabajo como albañil, si llega temprano un día y yo necesito ayuda con algún niño, él se pone a trabajar conmigo; e incluso, mi hija pequeña, que está en tercer grado, me dice ‘mamá, yo te quiero ayudar’, a uno de los niños que se está iniciando en la lectura ella quiere enseñarle el abecedario; todos quieren aportar su granito de arena.

Siendo asistente administrativo en la Escuela Canaima, María del Carmen comenzó a estudiar de noche Educación Integral en el Instituto Universitario Pedagógico Monseñor Rafael Arias Blanco (Iupma).

Se le hizo complicado estudiar y trabajar, por eso tomó la decisión de renunciar al empleo. “Faltándome como seis meses para culminar mis estudios, volví a la escuela, pero ahora como docente, y ya tengo cuatro años formalmente en las aulas”.

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María del Carmen tiene 32 años. Nació y creció en Las Torres, en lo alto de La Vega. Ahí, a través de su profesión, va abriendo camino a los niños que aún asisten a las aulas, en un contexto de crisis que golpea muy fuerte al sector educativo.

El comienzo del año escolar 2019-2020 ha sido conflictivo. La Vicepresidencia de la República anunció al país que el 16 de septiembre más de 8 millones de niños habían regresado a las aulas, pero tres días después la Federación Venezolana de Maestros hablaba de un 80 % de ausentismo y la subcomisión de Educación de la Asamblea Nacional aseguraba que solo se habían inscrito en educación primaria 3,5 millones de niños.

Hay tensiones entre el magisterio y las autoridades del Ministerio de Educación. Muchos de los docentes, en todo el territorio venezolano, pasan trabajo para ejercer su profesión. Ya las historias de educadores con zapatos rotos se hicieron comunes. Pero ahí va la maestra María del Carmen, como muchas, nadando contra la corriente.

“La educación está flaqueando mucho, los docentes están muy desmotivados. Muchos han decidido irse del país o cambiar de carrera. La verdad es que quien esté ejerciendo ahorita la docencia es porque le gusta su profesión”.

Tiene esperanza de que el momento difícil será superado 

Considera necesario que los docentes se enamoren de su profesión, y que la sociedad y sus instituciones valoren más el rol que estos imparten. «Así podremos superar este momento difícil que estamos viviendo».

“Debemos reforzar el área de Matemática, el área de Lenguaje, debemos llegar más a cada estudiante para saber porqué tiene tal o cual debilidad, hay muchos niños que no rinden no porque sean flojos sino porque está pasando algo ahí que debemos descubrir y abordar”.

En su opinión, las tareas dirigidas son importantes en este momento como complemento al trabajo que, de modo general, imparte un docente en aula. “Es muy difícil para nosotros los docentes sentarnos con cada niño que no entiende un tema en un aula donde tienes 30 o 40 estudiantes”.

“La tarea dirigida o el refuerzo escolar permite a la facilitadora un apoyo individual, según la realidad de cada niño. Por eso no es recomendable que atienda a muchos niños a la vez”, sugiere la educadora, quien considera que el trabajo coordinado entre padres y maestros es clave para no “flaquear en el proceso de enseñanza de nuestros estudiantes”.


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