Extraoficialmente, estiman una participación, en horas de la mañana, que no supera 20 %.

Caracas. El fenómeno de las elecciones presidenciales, eso de que el venezolano sale a votar para elegir presidente, se desmitificó este domingo 20 de mayo, pues lo que se hizo tendencia en los centros comiciales fue la poca participación. No aparecieron en avalancha ni los que se llaman votos duros. La mayoría de los sufragantes eran personas de la tercera edad e incluso con algún tipo de discapacidad.

Los centros en las parroquias El Recreo, San Pedro y La Candelaria durante toda la mañana y hasta bien entrada la tarde estuvieron desahogados. No se armaron largas colas. Solo en algunas puertas los funcionarios militares retenían a los que iban a ejercer el derecho al voto. Pero nunca la cola se tardaba más de 20 minutos. Una vez dentro del plantel el proceso era rápido. No había elementos para generar retrasos. Las máquinas se activaron antes de las 7 de la mañana.

La gente no se quejó de la parte tecnológica. Según Carlos Julio Rojas, del Frente Defensa Norte de Caracas y vocero de la organización Ciudad Plural, en La Candelaria hasta el mediodía hubo una participación que se ubicaba entre 18 y 20 %, mientras que en El Recreo, donde se habilitaron 46 colegios, estaba por el orden del 18 % y en San Bernardino, entre 15 y 16 %. En esta última zona en el instituto Tirso de Molina, ubicado en la parte alta, la concurrencia de electores no llegó al 10 %.

Por La candelaria en la mañana las calles estuvieron tranquilas y sin el ronroneo de los motorizados que suelen merodear los centros de votación.

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El punto rojo cerca del liceo Andrés Bello, donde se esperaba una asistencia de 12.064 votantes, estuvo a pocos metros de la entrada. Luego fue movido unos 50 pasos más allá. Sin embargo, siempre estuvo visible. La diferencia en este proceso es que no estuvo concurrido de simpatizantes.

Los que votaban y escaneaban el carnet de la Patria lo hacían sin detenerse en el sitio. No deberían estar pidiendo el carnet. Me preguntaron si recibía la caja, pero eso no es necesario. No me voy a chequear, dijo Rosalinda Sequera. Otros agotaron ese paso del partido de gobierno sin contratiempos.

En colegios pequeños, con tres y cuatro mesas electorales, no había punto, sino que dos o tres representantes de las misiones llenaban unas planillas en las que peguntaban incluso la carga familiar de las personas.

Los de Chamba Juvenil estaban en las afueras con tabletas y celulares inteligentes para escanear el carnet. “Eso es para agilizar todo para cuando lleguen al punto rojo”.

Las calles que dan acceso a los centros electorales, principalmente los pilotos, fueron cerradas 200 metros. Colocaron conos y cordones para evitar el paso de los carros, aun cuando no había mucho movimiento vehicular ni peatonal.

En el colegio La Consolación, otro de los grandes donde están distribuidos en 10 mesas casi 7000 electores, los militares en la entrada revisaron bolsos y requisaron a los hombres de arriba abajo. “Esto aquí no había pasado antes”, refirió molesto un señor. En este plantel los pasillos estaban vacíos y los miembros de mesa, e incluso los coordinadores, permanecían sentados a las puertas de los salones en espera de que aumentara la demostración del voto, que para el mediodía no llegaba a la cuarta parte.

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La mañana fue tranquila y sin sobresaltos. La gente no se movió en masa a ejercer el voto y los aliados o seguidores del Gobierno que incluso, violando las reglas electorales, en otro tiempo se instalaban con música y con franelas alusivas al oficialismo, tampoco hicieron mucha bulla.

Foto: Mabel Sarmiento


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