Un señor tiene sobre un pedazo de plástico frascos de Infater, Voltarén, Brugesic, Atreverán, Profenil, algunos antibióticos, jarabes para la tos y vitaminas para perros y gatos. Las cajas están deterioradas y sobre algunas hay indicaciones de uso escritas en bolígrafo o marcador. Todas a un precio de Bs. 500.

Caracas. Ya no solo se venden verduras, frutas, quesos y carnes al aire libre en las aceras de la avenida Fuerzas Armadas (FF AA). Al comercio informal que toma auge en esta céntrica vía se suma ahora un pequeño mercado de los corotos, en donde incluso ofertan a Bs. 500 medicinas usadas.

La buhonería en esta zona lleva meses extendiéndose. Los vecinos comentan que desde hace un año para acá proliferan los informales y bachaqueros. De 18 cuadras que tiene la avenida, son las que están en la vertiente norte, del Socorro a San Luis, donde operan a sus anchas y venden todo tipo de cosas.

Mayonesa en bolsitas y todo tipo de verduras se ven sobre la acera. Pero algo más reciente es el comercio de cosas viejas y ahora la novedad: los fármacos usados.

Por ahora es un solo hombre que dice trabajar en una farmacia y que se rebusca en la calle por la crisis: “Soy padre de familia y tengo que llevar comida a la casa y por eso vendo esto”.

“Lo que quiero es que me dejen trabajar”.

Sobre un pedazo de plástico exhibe frascos de Infater, Voltarén, Brugesic, Atroverán, Profenil, algunos antibióticos, jarabes para la tos, cremas para la dermatitis y vitaminas para perros y gatos.

Las cajas y frascos están deteriorados y sobre algunos las indicaciones de uso están escritas en bolígrafo o marcador.

Lo más curioso del asunto es que mientras el señor apilaba las cajitas, más de un peatón se acercó a preguntar por los precios y la fecha de vencimiento.

“No están vencidas”, dijo el vendedor quien repetía: “Todos cuestan Bs. 500”.

Las personas manoseaban los productos, sacaban las tabletas para verificar el número de pastillas y asentían con la cabeza, como dando a entender que se trataba de un buen negocio, pues hasta antialérgico había, un producto desaparecido de las farmacias tradicionales.

De las medidas sanitarias ni hablar. Los policías que pasan por el lugar ni se inmutan.

Las cajas tienen las marcas de las indicaciones hechas por sus antiguos dueños.

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Además, el señor se mueve de una esquina a otra precisamente para evitar que le decomisen la carga.

En medio de todo este escenario están los que ofertan utensilios, herramientas, ropa, zapatos y juguetes usados.

Letra muerta

El 24 de octubre de 2014, el superintendente de precios Andrés Eloy Méndez anunció la entrada en vigencia del decreto que prohíbe a la economía popular la venta de alimentos y medicinas. Ese plan implicaba el decomiso de la mercancía, firmar una caución, multas e incluso pretendían aplicar penas de cárcel y pérdida de la nacionalidad, en caso de ser extranjeros.

Pero no solo la buhonería se desató. Los transeúntes denunciaron que los robos y hurtos están a la orden del día. A una cuadra de la avenida Panteón, el pasado miércoles, asaltaron a una vendedora de plátanos y a un grupo de hombres que tomaban un café. “La gente compra esas cosas y luego viene aquí a pelear con ellos porque esos aparatos no sirven. Se arman unas tánganas tremendas. Eso no tiene garantía. El problema es que la avenida está más fea y sucia,”, expresó el dueño de una librería, que pidió reservar su identidad.

Comentan que la gente se queja por el mal estado de las artículos.

De la esquina El Socorro a San Luis hay seis cuadras. Durante la mañana de este jueves, de 11:00 a. m. a 1:00 p. m. se observó solo un funcionario de la Policía Nacional Bolivariana. Estaba parado en la estación del BusCaracas.

El jueves 2 de marzo en la esquina Socorro mataron a un sujeto y la mañana de este jueves se registró un arrebatón en la misma cuadra”, sostuvo Alexander Díaz, encargado de una tienda, quien además se quejó de la falta de alumbrado público y comentó que ahora a las 5:30 p. m. están bajando las santamarías porque la avenida es muy insegura.

Díaz señaló que en diciembre pasaban cinco guardias haciendo rondas y que ahora la presencia policial es nula. De hecho, un verdulero añadió a su comentario que solo pasan a cobrar la “vacuna”.

“Recogen Bs. 1000 por buhonero, imagínate los reales que se hacen. Pero si uno no paga, no lleva comida a la casa. Esto se llenó de informales por la misma crisis económica. Yo vengo de Altagracia de Orituco pues allá la cosa está más fea”, acotó.

Los vendedores dicen que ellos barren la calle cuando se retiran.

Algunos vecinos han intentado recoger firmas para poner orden en la aceras. “A la hora del té, no es mucho lo que se logra. Muchas de esas personas viven en las cercanías. Por eso hay miedo para sacarlos de la vía”, sentenció Ubaldo Contreras, habitante de la Fuerzas Armadas.

Fotos: Luis Miguel Cáceres


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