La caridad es el principal ingrediente en la cocina de Luis Blanco

la cocina de luis

Luis Blanco tiene 68 años. Su vida está entregada a la iglesia San Francisco Javier, de Lídice. Aunque es una persona de muy pocos recursos económicos participa en la Pastoral de la Caridad cocinando gratuitamente todos los sábados para personas muy necesitadas. Él y su equipo trabajan sin pedir nada a cambio.

Caracas. Cada sábado las manos, la sazón y la cocina de Luis Blanco están listas para preparar una gran cantidad de comida que llega a unos comensales particulares: pacientes del hospital psiquiátrico de Lídice, abuelos del ancianato Dr. Reinaldo Visconti, de La Pastora, y niños, jóvenes y adultos que deambulan por las calles o que hurgan en la basura.

«Con esta labor estoy dando algo de mí para ayudar al prójimo», afirma Luis.

En un país golpeado por el hambre –63 % ha emigrado por esta razón según la Organización Internacional para las Migraciones– hay personas que dan un poco de su comida y logran así ayudar a quienes no tienen cómo conseguir alimentos de manera digna.

En la iglesia San Francisco Javier (Lídice), al oeste de Caracas, habitantes de la comunidad donan semanalmente arroz, pasta, harina de maíz, granos, cereales, verduras, legumbres, aliños y, a veces, algo de carne roja o pollo. En esos mismos espacios Luis se destaca como maestro de la cocina.

Con lo que se consigue cada semana, el equipo de la Pastoral de la Caridad y las diferentes fraternidades que hacen vida en esta iglesia católica, asumen la tarea de preparar comida para aproximadamente 200 personas. Eso sí, todos bajo la batuta de Luis Blanco.

la cocina de luis
«Mi mayor satisfacción es saber que la gente queda contenta con lo que podemos darle» Fotos: Tairy Gamboa.
Cocinar, una de sus maneras de servir al otro

Luis Blanco tiene 68 años. Realiza un montón de tareas en su comunidad cristiana: es ministro de la comunión, ceremoniero, catequista, celebra la Palabra siempre que sea necesario y además forma parte de la Pastoral de la Caridad, en la que coordina la preparación de alimentos.

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Dice que Dios le dio el don de saber cocinar. Quienes han probado sus alimentos sostienen que cocina sabroso. “Mi mayor satisfacción es saber que la gente queda contenta con lo que podemos darle, con el plato de comida que les llevamos”.

Luis no trabaja solo. “Cada sábado somos un equipo trabajando en esto; siempre le toca a una fraternidad, cada una se nota para colaborar en la preparación de los alimentos”.

Unos lavan, otros pican, otros rallan. Y así van, hasta lograr la comida del día. “Todos los que formamos parte de esta pastoral somos gente buena”, afirma entre risas.

Se prepara lo que llega a la iglesia durante la semana. “Si hay suficiente harina, hacemos empanadas. Si tenemos bastantes lentejas, preparamos un menestrón. Si tenemos verduras, entonces hacemos un guiso”.

Esta obra solo es posible gracias a la Gloria de Dios, que es el que todo lo puede. Los recursos provienen de la misma comunidad del Lídice, de Manicomio y de distintos lugares de Caracas desde donde también dan su aporte en productos o en efectivo”, explica el cocinero de la caridad.

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Fotos: Tairy Gamboa
Poner en práctica la caridad no es tarea fácil

Para Luis, el servicio desinteresado es una manera de hacer presente a Dios en medio de la dura realidad venezolana. Recuerda con alegría sus visitas al ancianato, y con dolor su paso por el psiquiátrico de Lídice.

“En el ancianato es una alegría ver cómo los abuelos nos reciben y es una alegría poder llevar a los jóvenes de la catequesis. Pero la experiencia en el psiquiátrico fue traumática para mí. Yo no he vuelto más, con eso te digo todo”.

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Ver a las personas encerradas, desnudas, necesitadas impactó tanto a Luis que decidió no volver. Sus casi dos metros de estatura y su contextura gruesa no fueron suficientes para aguantar el drama que se vive en el psiquiátrico de Lídice.

“Y eso que cuando yo fui no estaba como está ahora. Me dicen los compañeros que han ido recientemente que ahorita los pacientes están fatal, llenos de excremento, alterados por la falta de medicamentos”.

Luis tiene nueve meses al frente de la cocina, y aproximadamente dos años en la Pastoral de la Caridad. Nilian Chiquin, coordinadora de la pastoral, lo define con un par de palabras: servicial y colaborador.

«Dar todo por el todo sin esperar nada a cambio» 

Luis no tuvo hijos biológicos. Dice que está casado con la comunidad eclesiástica en la que sirve. Es uno entre seis hermanos. Actualmente vive con una hermana y su mamá –de casi 100 años– en el sector Manicomio.

Además de cocinar y de hacer todo lo que hace en la iglesia San Francisco Javier, también es contabilista y trabajó en el ámbito bancario. En la actualidad, la pensión es su único ingreso y aún así es capaz de trabajar sin esperar remuneración alguna. «Todos colaboramos gratuitamente».

No se dedica solo a preparar caraotas con pasta, croquetas de lentejas o empanadas. También puede cocinar una paella, pasticho, hallacas, arroz con pollo, menestrón, mondongo y cualquier plato que se le pida. Y puede hacerlo en grandes cantidades.

Luis y sus compañeros de la iglesia San Francisco Javier, en Lídice, cocinan para sus prójimos. Foto cortesía

Si Luis tuviese la oportunidad de enviar un mensaje, “le diría a los jóvenes que den el todo por el todo sin importar qué van a recibir, que el Señor siempre está ahí para proveer”.

Hoy en la cocina de Luis hay un gran anhelo: “Ojalá podamos, este año, hacerle las hallacas a los abuelos del ancianato. Tengo la fe y la esperanza en Dios de que este año nos vamos a comer esas hallacas con ellos”.


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