En las zonas populares juramentación de Maduro pasó por debajo de la mesa

La gente “cazó” a los camiones del gas, esperó el agua, salió a buscar comida. La rutina de las colas para sobrevivir está debilitando el afán por la política.

Caracas. Este jueves, mientras Nicolás Maduro se juramentaba como gobernante de Venezuela para el período 2019-2025, en las zonas populares de Caracas ocurría de todo, menos una fiesta nacional.

Por ejemplo, los habitantes de Altavista pasaron todo el día detrás del camión de las bombonas de gas doméstico. Lo mismo sucedió en Petare, y en la carretera Petare-Santa Lucía, donde los habitantes cerraron la vía para exigir mejoras en los servicios.

En los barrios la juramentación pasó por debajo de la mesa. Y ahora, los líderes comunitarios, ya en frío, coinciden en señalar que la gente no cree en cuentos de camino y que no lo reconocen.

No obstante, la población está ensimismada en el día a día, se mueve por el hambre, y frente a eso, el Presidente es una figura más.

Saben igual que desde esa figura vienen las fallas que generaron el caos, principalmente económico y que llevó al país a tener una hiperinflación en 2018 de 1.698.488%.

En la balanza de los ciudadanos está la libertad. Sin embargo, su lucha se inclina por sobrevivir.

Erick Camargo, líder vecinal de Petare, está consciente de que Maduro tiene el poder de facto, “y en realidad todo lo que puedan hacer la Asamblea Nacional y los partidos de oposición no tendrá efectividad, sino refuerzan la organización comunitaria”.

Cree que construyendo un piso político vecinal se puede frenar el régimen. “Así como lo hizo el PSUV en estos 20 años que caló en las barriadas con sus técnicas de adiestramiento”.

El gran problema, pensó Camargo, es que los partidos políticos de oposición no tienen poder ni conexión con la base popular.

La sociedad quedó de espaldas con sus problemas de abastecimiento, servicios y transporte. Básicamente, esa fue una estrategia ideada por el Gobierno para mantener a la población en la pirámide básica de la resistencia. Mientras eso ocurre, la oposición se debate en los mecanismos legales y constitucionales que no hacen tejido social. Nuestro liderazgo se separó, se divorció de la base, ya no tiene diálogo, y así no puede ejercer presión contra el poder que tienen Maduro y los militares.

Carmago contó que un pasaje de La California a Paulo Sexto cuesta en la mañana 50 bolívares y en la tarde 80, mientras que para que el camión del gas llegue a su comunidad —hace dos días— pedía en efectivo 25.000 bolívares. “Esos son los problemas reales de la gente. Eso es lo que moviliza”, señaló.

Y es un problema que se vive en las mismas proporciones al extremo de Caracas. En Catia no es diferente. María Ángela González, líder del Frente de Mujeres, contó que la experiencia vivida el día 10 de enero fue normal para los que viven en esta zona de la parroquia Sucre. Uno se entera de que están vendiendo gas y agarra su bombona y baja. Puede estar juramentándose Maduro, pero la gente come.

El libreto se cumplió. En la sede de la Policía Bolivariana Nacional (PNB), ubicada en la avenida Sucre, estaban vendiendo el producto. La cola se hizo desde bien temprano, niños, mujeres embarazadas y adultos mayores la integraban. Todos tras un mismo fin, así pasaran incluso los llamados grupos de choque “invitando” a la toma de posesión.

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Semanas tenían los vecinos de Altavista que no veían subir los camiones. Lo mismo en Ruperto Lugo, Los Frailes y en la carretera vieja Caracas-La Guaira. La gente corrió con su bombona a cuestas. González comenta que las colas son un escenario propicio para tomarle el pulso a la opinión pública. La gente está pendiente de resolver, sostiene, de sobrevivir, de estar activa para cuando llegue el agua, de llevar unas cholas en la cartera para bajar desde el barrio hasta el Metro porque no hay transporte y ese es un trayecto difícil de recorrer en tacones.

Aquí uno no consigue comida. Mientras mi esposo esperaba el gas, me fui a caminar por Catia. 80 % de los locales cerrados y los que estaban abiertos no tenían mercancía. Hasta las escuelas están vacías, los alumnos no están yendo. La gente quiere protestar, quiere libertad, sabe que el sueldo no alcanza para nada. Eso uno lo conversa, eso se oye a cada instante. Pero hay que organizarse y salir en cambote, de otra forma la población no ve alternativas.

La líder del Frente de Mujeres insiste en que la situación amerita el apoyo mutuo entre todos los sectores. Mirar hacia abajo: “En la medida en que la protesta sea solo en Chacao no estamos haciendo nada. Es complicado lo que viene, aunque sepamos que lo de este jueves a la gran mayoría no le fue ni le vino, es real, y frente a eso estamos obligados a actuar”.

Por otro lado, el ánimo en general parece debatirse entre la esperanza y el desánimo.

José Saavedra, vocero comunitario de la parroquia Coche, también tomó partido en esta reflexión del día después.

Nicolás Maduro es el presidente lo quieran o no, con todo lo ilegal que sea. Y es así, por los errores cometidos por la oposición. Nos llevaron a estos seis años más de fracaso. Hace cuatro años el pueblo le dio el poder de la Asamblea Nacional y no acató el llamado de buscar una salida constitucional o pacífica. Desde mi punto de vista, no tuvieron la disposición política.

Ahora, observa Saavedera, el pueblo —frente a la juramentación— está reaccionando con una sensación de tristeza, ahogado por la inflación y decepcionado de la falta de dirección que lo conduzca a un futuro próspero. “Un sueldo mínimo alcanza para tomates y cebollas. Hay familias que limpian su apartamento y lo que sacan, lo venden. Lo lamentable es que los que puedan hacerlo van a migrar para poder sobrevivir, pues no ven cambio”.

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Despojarse de las sensaciones negativas ante el panorama actual no es tarea sencilla. Carlos Farías, líder comunitario de la parroquia El Valle, cree que sí se puede. Asegura que lo que ha visto en los barrios es que la gente no está de acuerdo con la situación actual. Sucede que en las zonas populares hay muchas necesidades. Sí se habla de las sanciones, de presiones internacionales, dicen que Maduro no tenía que juramentarse. Pero nosotros vamos a hacer lo propio, no abandonar la calle.

Ir de puerta en puerta, como los evangélicos, dice Farías, no perder el contacto con la gente, generar confianza en la población. “Y aunque este jueves vieron a un cuadro militar jurar más lealtad, debemos hacerle entender a los vecinos que no todos los uniformados están con el Gobierno. Las organizaciones de base vamos a buscar la forma de salir del régimen”.


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