Mientras en algunas zonas de Caracas la gente acató el llamado de Juan Guaidó a participar en la Operación Libertad, en otras como Catia y Antímano, la incertidumbre y la desinformación marcaron la jornada.

Caracas. El llamado a la protesta convocado por el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, desde la base aérea La Carlota, el pasado 30 de abril, fue recibido con incredulidad por los vecinos de comunidades como Catia y Antímano, que decidieron abastecerse de alimentos ofrecidos hasta 50 % por debajo del precio habitual.

“Hay que aprovechar porque uno no sabe si volverá a tener chance de comprar. En este país no se sabe qué puede ocurrir mañana”, opinó Anibel Espinoza, una bioanalista que fue desalojada del metro a las 8:30 a. m. cuando se disponía a trasladarse a su lugar de trabajo en Parque Carabobo.

De camino a su casa, sin transporte y con poco dinero en efectivo se incorporó a una cola para adquirir dos kilos de pollo por 6800 bolívares y un kilo de queso en 7000 bolívares. Asegurar la alimentación de su familia preponderó sobre la necesidad de acatar el llamado a la rebelión popular. Como ella, cientos de personas se agolparon a las puertas de una carnicería, ubicada en la calle Colombia de Plaza Sucre, en Catia. “Tengo dos hijos y debo velar por ellos. Sé que el país está mal, pero uno tiene otras necesidades en este momento”, aseguró.

Un vistoso cartel verde que ofrece el kilo de pollo a 3480 bolívares se divisa desde una de las avenidas adyacentes al mercado municipal. Allí, una hilera de comercios, que se mantuvieron abiertos hasta la tarde del día de la insurrección, optó por rematar la mercancía ante la incertidumbre generada por el escenario político y el llamado a la participación en la Operación Libertad.

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En comercios que ofertaban el medio cartón de huevos en 6000 bolívares, el medio kilo de café de 2400 bolívares y el kilo de carne en 5600 bolívares colapsaron los puntos de venta. El pago en moneda extranjera fue una alternativa para algunos consumidores.

Aunque las estaciones del Metro estuvieron cerradas ese martes desde las 8:00 a. m., las paradas tuvieron poca afluencia de pasajeros.

“400 bolívares hasta Plaza Catia y a Chacaíto 600 bolívares”, anunciaban los camioneteros de las líneas Catia-Chacao en las cercanías de Plaza Sucre. Muy pocos choferes se arriesgaron a trasladar usuarios hacia Capitolio, La Hoyada, Bellas Artes, Nuevo Circo y San Martín. Quienes lo hicieron pidieron como mínimo 1000 bolívares por persona.

Por los lados de la avenida Páez, de la parroquia El Paraíso, hubo confrontaciones entre seguidores de Juan Guaidó que salieron a protestar y efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). Perdigones, disparos y bombas lacrimógenas fueron detonadas contra los manifestantes en las cercanías de la plaza Madariaga.

“La cosa está fea. Me devolví de El Paraíso en una mototaxi y vi a colectivos armados que salieron junto con la guardia. Los malandros aprovechan esta situación para atracar a las personas”, relataba una mujer que esperaba un autobús en la parada de las Lomas de Urdaneta.

Otros ciudadanos en cambio expresaron su descontento con la situación. “Al final Maduro siempre aparece hablando como si nada mientras el pueblo sigue pasando hambre. El día que caigan puede haber muchas muertes”, lamentó un hombre de la tercera edad que decidió subir hasta su casa debido al alto costo del pasaje.

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En preescolares, escuelas y liceos las actividades académicas fueron suspendidas. Con la paralización de las clases este 30 de abril ascienden a 14 los días de clase perdidos, según un conteo de Crónica Uno. Eso sin tener en consideración el reajuste de las actividades educativas por el horario especial que se mantiene de 7:00 a. m. a 2:00 p. m. a causa de los apagones registrados desde el 7 de marzo.

Zozobra y desinformación

En la parroquia Antímano imperó la desinformación. La caída de las plataformas de comunicación y portales web mantuvo a los vecinos en zozobra por más de 10 horas, desde que inició el alzamiento militar en La Carlota. La emisora Radio Caracas Radio se mantuvo fuera del dial por orden de Conatel mientras que Onda 107.9 FM canceló su programación habitual. Milagros Soto, habitante de una barriada de la zona, contó que solo pudo enterarse de los hechos durante la tarde en la casa de una vecina. Ni en la televisión ni en la radio pudo corroborar la información presentada en los medios progobierno.

En el populoso sector, al igual que en Catia, la gente se mantuvo resguardada en sus hogares. El llamado a participar en la Operación Libertad no fue acatado ni siquiera por los más arriesgados. La comunidad denunció la falta información en medios masivos de radio y televisión. El reclamo también se visibilizó en la red social Twitter donde los internautas repudiaron la censura mediática en canales como Venevisión, Televen y Globovisión. De los medios de suscripción abierta que aún no han sido sacados del aire por el gobierno, CityTv de Colombia y Telemundo fueron los únicos en ofrecer coberturas especiales para informar la situación de Venezuela.

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Pasada la insurrección, y el 1° de mayo también día de protestas, el oeste no varió en su rutina. «Esto es Narnia», decían algunos transeúntes, que confesaban tener poca información de lo que estaba pasando en el país.

Los cuentos en las colas para comprar pollo o el medio cartón de huevos hilaban los sucesos, sin inmutar a los oyentes del oeste capitalino, zona que no ha estado dormida. Cabe recordar que en enero pasado —a partir del día 22— se registraron varias protestas en horas nocturnas en contra de la gestión gubernamental de Nicolás Maduro, con el resultado de un joven fallecido. Luego ocurrieron allanamientos y detención en manos de las Fuerzas de Acciones Especiales. Quizás esos eventos están frescos en la memoria de la colectividad y, por tanto, este 30 de abril y los días sucesivos apelaron al instinto de la supervivencia.


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