Emilio Mujica dirige el Cumbe Tour en esta céntrica parroquia capitalina. Él vive en una casa vieja en la parte alta, en el sector La Ceiba, pero se conoce de punta a punta ese sector, que en la historia caraqueña tiene la marca el afinque, del tambor barloventeño y del guaguancó de la salsa.

Caracas. San Agustín, una parroquia de 47.000 habitantes ubicada hacia el centro de Caracas y dividida en dos toletes por el río Guaire, estuvo en la lista de la más violentas de la capital. Sus crímenes eran titulares en los medios nacionales. “Pero eso ya no es así, aquí todos son gente buena, buenos ciudadanos. Y si ocurre algo malo, nosotros mismos paramos eso”, dijo Emilio Mujica.

Mujica, quien fue dos veces concejal del municipio Libertador, desde niño patea las calles de la parroquia. De hecho, él mismo se llama un niño en la calle, no de la calle. A los 9 años ya participaba en reuniones con el Partido Comunista y por eso no pudo ingresar a la escuela Fe y Alegría.

Desde un costado de la estación La Ceiba del Metrocable, mira la escuela y dice: “Yo sí quería estudiar ahí. Venía y les decía a las monjas que quería estudiar ahí y ellas me decían que no”.

—¿Por qué?

—Me decían que yo era comunista.

Añora esos años, pero no guarda resentimiento. Ya un hombre corrido, camina cada rincón de San Agustín. Sube cada escalera y saluda a todos por igual. Al de la panadería, al motorizado, a los catequistas de la iglesia, a los niños, a los jóvenes. Todos responden con el mismo agrado a Emilio, que habla con orgullo de su parroquia.

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“Aquí todos somos echones, antes éramos vanidosos, ahora somos perfectos”, dice con una voz relajada, “sobrada”, dirían en el barrio.

Y lo hace para referirse a que en San Agustín la gente lucha día a día, resiste y disfruta de lo que tiene. “Porque nos hemos encargado de resaltar lo que somos y de dónde venimos”.

Hace 10 años, Emilio propuso incorporar a las escuelas un programa para promover los valores y la cultura de la zona a través de la educación. La idea era que cada niño, cada docente, cada padre y representante supiera la historia, el desarrollo y el gentilicio de San Agustín.

Se creó una mesa que llamaron unidad territorial, con la participación de las escuelas, del Ministerio de Educación e incluso de la UCAB y se logró crear el primer currículo parroquial con la inclusión de la ruta cultural.

En un tour que dura cinco horas los visitantes recorren la parroquia, conocen sus atributos, toman sus licores, cantan y bailan.

“Cada comienzo de año se hace un tour con las maestras y los niños, se recorren los 12 pasajes que conforman la parte baja de San Agustín, se visitan los sitios patrimoniales, los teatros, las casas de la cultura, se recrean las fiestas patrias y tradicionales. Eso ha hecho que la gente, los parroquianos se apropien y defiendan sus espacios. Aquí no puede llegar un docente nuevo sin pasar por esa formación”.

El trabajo local unió a la parroquia. Para ellos no hay San Agustín del Sur y del Norte. Es una sola, ya está integrada, la autopista y el río están ahí físicamente, pero no hay barreras.

Y de las aulas, el tour pasó al barrio. Emilio es el creador de Cumbe Tour. “Nosotros queríamos que la gente viniera aquí, que viera que no somos malos, que aquí hasta el malandro es bueno”, suelta con toda la naturalidad.

Queríamos trabajar la autoestima de la gente, así estuviera en el ranchito más humilde. Decidimos proyectar lo bueno y presentamos nuestra propuesta”.

Cada 15 días reúne a un grupo de 10 a 15 personas en los espacios abiertos del Teresa Carreño, los sube a un autobús y los adentra en el barrio. Desde la 1:00 p.m. hasta las 5:00 p.m. los pasea por los bares y clubes de la parroquia. Les hace cata de ron, de cocuy, los lleva a comer las empanadas más populares de la parroquia, bailan salsa, cantan y luego terminan en la casa “El Fogón de Emilio”. Este sábado 27 de abril toca un recorrido.

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Ha sido una experiencia que los mantiene vivos. Venezolanos y extranjeros se vacilan ese tour a toda plenitud. “Y malo no es, pues se da el caso de que la gente regresa a las 9:00 p.m. y amanece aquí, con nosotros. En San Agustín estamos construyendo ciudadanía”.

Emilio se dice ateo, pero eso no le impide entrar a la casa de Dios.

Emilio vive en una casa vieja en la parte alta, en el sector La Ceiba, pero se conoce de punta a punta ese sector, que en la historia capitalina tiene la marca del afinque, del tambor barloventeño, del guaguancó y de la salsa. En él la palabra cumbe, está en todos lados. “Eso es San Agustín”. De hecho, en el diccionario castellano cumbe significa población formada por esclavos negros fugitivos en la que vivían como hombres libres.

Fotos: Gleybert Asencio


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